Estados Unidos sin Benazir y Republicanos sin hispanos
Luego del asesinato de Benazir Bhutto, si algo llamó la atención fue el corto pronunciamiento del presidente norteamericano: 40 segundos. Y no es que el presidente Bush se caracterice por su elocuencia, pero el compromiso de los Estados Unidos con la líder paquistaní asesinada era demasiado grande, de manera que legítimamente se esperara una mayor locuacidad del jefe del país más involucrado en Pakistán y en toda esa región. Naturalmente ¿qué podía decir Bush, aparte de lamentar ese crimen? Bhutto era la mejor carta de Estados Unidos y de todo Occidente en un país demasiado grande y turbulento para poder ser controlado. Ella regresó a su país, porque es intolerable pasar tanto tiempo fuera de donde eres, como ella, la diosa del templo. Aunque quizás no se imaginaba, al aceptar el acuerdo de alianza con Musharraf, que este fuera tan impopular. Eso incrementó el poder popular de Benazir, renacida de nuevo entre sus cenizas.
Pakistán ha sido un aliado útil en algunas de las aventuras norteamericanas en esa región, entre las cuales la muy espectacular que permitió poner en dificultades insuperables a los soviéticos en Afganistán. Pero ya se sabe que a veces la política exterior norteamericana ha sido inmediatista, con poca visión estratégica. Precisamente Afganistán es un buen ejemplo. Mucho tiene que ver la personalidad del gobernante norteamericano de turno y quizás de Reagan no era válido esperar designios seculares. Para romper a la URSS en Afganistán, cualquier recurso era bueno, “a quienes vienen detrás que se las arreglen” parece haber sido la divisa entonces. Es que los norteamericanos habían tenido que tragarse lo de Berlín en 1953, lo de Budapest en 1956 y lo de Praga en 1968 sin rechistar.
Pero el resultado de esa política revanchista es conocido: primero la toma del poder en Afganistán por los Talibanes, lo que en sí no era malo ni problemático para Estados Unidos al comienzo. En el entronizamiento de ese grupo en el poder fueron vitales Pakistán y sus servicios de seguridad. Y se crearon vínculos tan fuertes entre ambas instancias, Talibanes y esos sectores pakistaníes que se piensa que hoy día, los avances logrados por ese grupo desde la oposición en Afganistán en buena medida se deben al apoyo discreto o no que desde el otro lado de la frontera le brindan los militares y los servicios de seguridad de Pakistán. Todo ello con el indulgente oportunismo del presidente Pervez Musharraf, el hombre clave de los norteamericanos ayer y posiblemente de hoy en ese inseguro país.
Bush es un presidente guerrero, por vocación o porque los actos terroristas del 11 de septiembre le impusieron esa lógica. Nadie puede pensar en cabeza ajena y decir con certeza lo que hubieran hecho Al Gore o Clinton de haberse visto en la misma situación. Pero ahora no hay tiempo para análisis de personalidades; si Estados Unidos reacciona de manera equivocada en el caso paquistaní, todo el mundo pagará. Por el momento, la única carta disponible para Washington es Musharraf porque con todo y sus ambigüedades, es más de fiar que cualquier desconocido. La ideal era Benazir, porque ella sí apostaba a la necesidad de democratizar a su país que, no se debe olvidar, posee la bomba nuclear. Entretanto, aunque se pospongan las elecciones siguen siendo la mejor opción porque si bien no resolverán en mucho los problemas del pueblo paquistaní, tendrán la virtud de tranquilizar a Estados Unidos y a Europa.
Pero dentro de los Estados Unidos, la gente sigue más preocupada con sus problemas internos que con las amenazas generadas desde tierras lejanas. Por lo menos eso deja entrever la reacción de quienes aspiran a reemplazar a Bush en las elecciones de finales de 2008. Si bien se han referido al asesinato de Benazir Bhutto, más parece preocuparles el asunto de la inmigración ilegal. Quizás no sea la cuestión que realmente más interese a los norteamericanos en general, pero sí parece serlo para los habitantes de Iowa, un pequeño estado tradicionalmente con pocos inmigrantes (3%) de su población) pero a quienes les inquieta la tendencia a que su número crezca en la medida las plantas procesadoras de carne de cerdo tienden a estar al lado de los mataderos. Iowa es el estado donde más carne de cerdo se procesa en Estados Unidos y nada mejor para ese tipo de industria que mano de obra barata, es decir, inmigrante y mejor aún, ilegal. En Iowa se realizarán el 3 de enero las primeras elecciones primarias para elegir los futuros candidatos(as) a la presidencia.
Hay dos maneras de tratar el problema de la inmigración y los Republicanos prefieren la manera fuerte. Eso les afectará en las elecciones generales, pero por el momento se trata de asegurar el respaldo de su ala más conservadora, decididamente anti inmigrante. Tiene sus riesgos porque según las encuestas, solo un 25% de los votantes hispanos, que son los más numerosos entre los inmigrantes, votarían por un candidato Republicano (por Bush voto un respetable 40% en el 2004). Aunque es reconocida la resistencia Republicana a aceptar la importancia de la inmigración para Estados Unidos, todos los estudios coinciden en que precisamente ese flujo constante es el que permitirá a Estados Unidos seguir ocupando la posición de primera gran potencia del mundo, al tener asegurado así el relevo generacional que Europa difícilmente pueda lograr a mediados del presente siglo.
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