Parece que Chávez prefiere no seguir mediando
El presidente Hugo Chávez piensa que “amor con amor se paga” y que el gesto que tuvo el grupo colombiano de las FARC con él, al finalmente entregarle a dos de las secuestradas, merecía una contrapartida, que en este caso consiste en afirmar que las FARC no son un grupo terrorista y que deben ser reconocidas como fuerzas político militares legítimas (Argentina procuró, mediante una declaración sin ambigüedades, que no se le fuera a asociar con esa “salida” del p residente venezolano. Y una de las liberadas ya dijo “claro y pelado” que las FARC se dedican a “actividades criminales”). Sin embargo Chávez sí aclaró que tampoco pensaba que las FARC fueran a ganar esa batalla, calificando el conflicto de “estacionado”.
Chávez aprovechó para lanzar acusaciones al “imperialismo” norteamericano, de haber tratado de sabotear la entrega de las rescatadas. Uno no sabe bien si el presidente venezolano está consciente de lo que pide a Colombia y a los colombianos, que no comparten los métodos de las FARC (lo del credo ni se menciona, porque no se sabe ya cuál es). Con esa declaración, Chávez a lo mejor está tratando de salirse del papel de mediador, porque la función no es cómoda. La gente espera mucho de él: por ejemplo, la familia de Ingrid Betancourt piensa que la libertad de la ex candidata presidencial está en manos de Chávez. Eso le coloca en una posición complicada, pues si la Betancourt se les muere a la FARC, el hecho salpicaría a Chávez.
Nadie puede hacerse ilusiones sobre la buena fe de ninguna de las partes en este conflicto colombiano. El episodio en torno al niño Enmanuel ayuda a recordarlo. El gobierno colombiano sabía perfectamente que las FARC ya no tenían al niño, pero dejaron que siguiera el proceso para hacerles perder la cara. Amen de que bien fácil le ha resultado al gobierno llegar a un acuerdo con los matones paramilitares financiados por la derecha de dentro y fuera del Estado. En cuanto a las FARC, como ya habían llegado muy lejos en su contrato con Chávez, no podían dar marcha atrás, porque también necesitan al presidente venezolano.
La operación de soltar a las dos secuestradas, gesto que quizás las FARC pensaron que les mejoraría la percepción, en realidad tiende a convertirse en arma de doble filo, porque las revelaciones hechas por las rescatadas en cuanto a las condiciones de existencia de los secuestrados, está motorizando un movimiento mundial de exigir a las FARC que suelten a sus víctimas. Pero ese movimiento, que es de solidaridad, no estaría completo si no se le exige igualmente al gobierno de Colombia que se aboque a negociar el rescate. No importa si las FARC son consideradas idealistas o delincuentes; tienen secuestrados y hay que liberarlos, por la negociación, porque la manera fuerte no ha dado resultados positivos.
Chávez es el único que sale más o menos bien parado, porque gracias a él hay dos secuestradas menos, pero cabe insistir en que su actitud de tomar partido abiertamente por un grupo que la mayoría de los colombianos asocia con la delincuencia, le inhabilita bastante para seguir siendo un intermediario. Se puede colegir que las FARC le hicieran saber que ya no soltaban a más secuestrados, ni siquiera a la Betancourt y en esa medida, su gestión había llegado al final.
Si el asunto de las secuestradas ayuda a la imagen de Chávez a nivel internacional, es posible que él trate de sacarle provecho interno, mediante una operación de “dar y recibir”. Así, si bien su gobierno parece estar “desacelerando” su cantado socialismo del siglo XXI, porque la gente no parece tener muy claro que la inseguridad ciudadana, la escasez de bienes de consumo y la corrupción puedan estar relacionadas con un propósito tan alto.
Por lo demás, sectores medios parecen retirar su apoyo a un proyecto por el que habían estado entusiasmados, y lo expresaron en las elecciones donde rechazaron las reformas propuestas por Chávez. Por lo menos eso es lo que percibe el gobierno bolivariano y sus estrategas. Las recientes remociones en el tren gubernamental parecen apuntar en esa dirección.
Pero al mismo tiempo, quizás también envalentonado por su reciente éxito, el presidente venezolano ya dijo que en el 2010 se propone presentar a referendo una “pequeña modificación” constitucional que le permita reelegirse indefinidamente. Según se ha analizado, fue precisamente el punto de la reelección indefinida lo que motivó el rechazo a las reformas. Pero el presidente venezolano puede aprovechar otra subida en la apreciación que tenga la gente sobre él, para hacer pasar esa discutida propuesta.
De manera que un conflicto que había sido relegado una vez terminada la Guerra Fría, el de la vieja guerrilla colombiana frente al estado, lo que hizo fue tomar nuevas formas, con nuevos métodos y con un objetivo que ya no está claro, porque a todo esto cabe preguntarse si las FARC están realmente interesadas en hacerse con el poder. Por la vía que lo intenta, la violencia y las presiones intolerables contra la sociedad civil, mediante los secuestros indiscriminados, “no llegan ni a la esquina”. Cabe pues reiterar lo que ya se ha dicho que a la postre, las FARC lo que están desesperadamente buscando es la puerta de salida del hoyo en que le ha metido la historia y su propia incapacidad para renovar su arsenal metodológico. A lo mejor Chávez, sin quererlo les esté ayudando.
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