McCain arranca con ventaja, pero Demócratas unidos pueden ganar
Los Republicanos saben bastante bien lo que quieren: un candidato que sea distinto al actual presidente Bush. Es que hasta ellos están cansados de una administración demasiado larga y cuyos logros están aún por verse, ignorándose en ese sentido en qué área podrían haberse producido éxitos. Baste con mirar el estado de la economía norteamericana hoy día, inmersa en una recesión que por corta que sea, está afectando sensiblemente la confianza en el futuro inmediato del norteamericano promedio. Donde quizás se puede exhibir un relativo éxito es en Irak, pero al precio del descalabro económico interno y más de un millón de muertos en ese infortunado país.
Aunque John McCain, que por el momento es el favorecido, ha sido defensor y partidario de la guerra en Irak, lo ha hecho desde una posición con lógica: si nos metemos en el lío de una guerra, hagámoslo bien y evitemos muchas pérdidas nuestras y de paso menos entre los iraquíes. Su estrategia, la que estuvo planteando mientras “araba en el desierto”, fue la que finalmente se impuso y ha ayudado a mejorar la posición militar e Estados Unidos y de paso, la moral norteamericana.
Una vez su candidatura se confirme, lo que deberá ocurrir rápidamente, aunque sus adversarios no se retiren, entonces podrá dedicarse a trabajar tranquilamente al electorado en su conjunto, ofreciendo una imagen de serenidad y confianza en la victoria que sus adversarios Demócratas sin duda que le envidiarán. Por lo demás, la candidatura de McCain es también atractiva para quienes defienden los derechos de los inmigrantes, al ser el único de los actuales aspirantes que ha tomado la defensa de sus derechos. Cabe recordar que enfrentándose a los abucheos de un público hostil a la inmigración, defendió su punto de vista de “no deportar a la madre indocumentada de un soldado norteamericano en Irak”. Ese es el verdadero “conservadurismo compasivo” que el presidente Bush vendió como imagen y le ayudó a reelegirse en el 2004.
Por su parte, el partido Demócrata, el más innovador de los dos grandes partidos norteamericanos, no ha hecho las cosas con la mesura necesaria, pues ha planteado a sus electores la alternativa entre una mujer y un afroamericano, “¡el mismo día y a la misma hora!”.
Mejor le habría valido al partido Demócrata, si es que realmente apostaba por algo diferente, enfrentar la senadora Clinton al aparato blanco y usualmente rico, o a Obama frente a los mismos, pero no enfrentar a sus “novatos del año” uno contra otro. El resultado que está teniendo este “duelo de titanes” es el de una previsible fractura del electorado Demócrata. Se han producido heridas y lo que ocurre generalmente en estos casos, es que los partidarios de quien pierde, prefieren quedarse en sus casas y ni votar. Una perspectiva de ese tipo abona a favor de McCain.
Se han dado situaciones interesantes en el conflicto inter Demócrata. Así, por ejemplo, Hillary le ganó contundentemente en Massachusetts, no a Obama, sino a sus poderosos padrinos, Edward Kennedy y John Kerry, cuyo apoyo al senador de Chicago, tal como habíamos previsto, no tuvo mayor significación. En Connecticut, los mismos electores Demócratas que reeligieron a Lieberman, uno de los más conservadores Demócratas, ahora abrumadoramente apoyan al progresista Obama. En ese estado también ganó fácilmente McCain, el “socio” de Lieberman.
De manera que según el cuadro que se presenta actualmente, el Republicano McCain arranca con la ventaja, frente a cualquiera de los dos posibles candidatos Demócratas. Pero esto no debe ser considerado como una fatalidad, porque efectivamente existe una tercera opción y esa sí puede ser el “billete ganador”: Un binomio Hillary-Obama, que sería una mutual muy difícil de derrotar, incluso para McCain que, insisto, por el momento es el favorito para ganar las elecciones de noviembre.
Por el momento, la senadora tiene una relativa ventaja sobre Obama y es probable que termine por imponerse, pero una victoria suya, como una eventual de Obama sería pírrica. Lo demás es una ilusión óptica, como lo es pensar que el entusiasmo generado entre los Demócratas por sus dos aspirantes, refleja el sentimiento de la América profunda, la que si bien quiere cambios, a lo mejor “no quiere tantos” como los representados por una candidatura Demócrata, especialmente la del único nuevo en este escenario, que es Obama Barak.
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