Obama no sería el candidato de Wall Street
Esta semana no pensaba volver a comentar la carrera por la presidencia de los Estados Unidos, pero luego de echar un vistazo por el mundo, hube de comprobar que, felizmente, la competencia norteamericana es lo que interesa a todo el mundo, dentro y fuera de los Estados Unidos. Es más, me atrevería a decir que en el extranjero existe un interés toda vía mayor. Por una razón especial: Estados Unidos es el único país del “primer mundo” donde representantes de minorías pueden devenir en opciones de poder.
Esa variable fascina a los europeos, que son los que mejor entienden el fenómeno y quienes con cierta envidia miran hacia el otro lado del Atlántico. De más está agregar que siendo generalmente Demócratas, ellos ni siquiera consideran la posibilidad de simpatizar con un candidato Republicano, aunque sea John McCain. Y para precisar aún más el asunto, sus simpatías están con el senador de Chicago, Obama Barak. Esencialmente porque es algo que normalmente jamás ocurriría en Europa, que alguien que no es blanco, pueda acceder a la primera función del Estado.
El empuje ya prácticamente irreversible de Obama obedece también, pero eso no muchos lo analizan, a que si bien se puede aceptar que un negro sea presidente, más difícil es que lo sea una mujer. Es que hombres y mujeres obedecen a percepciones e “ideologías” diferentes. Nada más hay que ver como se expresa esto en el mundo corporativo donde la resistencia siempre a que una mujer ocupe posiciones principales es mayor que la presentada cuando se trata de un hombre que proviene de las minorías (negro, hispano, asiático, etc).
Claro, con todo y que sea hombre, Obama no es que goce de la confianza total de los estamentos de poder, aún estos se hayan hecho a la idea de que puede convertirse en presidente de los Estados Unidos. Su papel juega, por supuesto por el momento entre potenciales electores Demócratas, que de alguna manera el país tiene que “expiar” su culpa por haberse dotado de una administración que deja tan deplorable situación en el país. Que hayan preferido a Bush sobre alguien de perspectivas tan interesantes como Al Gore y que hayan repetido (aunque eso más explicable) dejando en la estacada de mala manera a John Kerry. A decir verdad, lo justo es que si se va a dejar ese pasado detrás, s ehaga de la manera formalmente más radical posible.
Dice uno formalmente porque como bien dice el refrán, “del dicho al hecho, hay un gran trecho” y no se puede saber si el discurso de cambio de Obama, que tanto ha entusiasmado a los universitarios que han arrastrado a millones que no lo son, podrá tener una aplicación práctica que se corresponda con el enunciado. Aunque en realidad, en ningún caso se tratará de eso. Es que los discursos políticos, especialmente de campaña, dejan siempre abiertas las mayores interrogantes por una sencilla razón: la gente interpreta lo que quiere de lo que dicen los políticos y en el caso de Obama, las expectativas han estado subiendo de manera riesgosa.
Cabe recordar que hasta gente de Wall Street se ha entusiasmado con Obama y uno se pegunta la razón, porque hasta donde se sabe, en su corto ejercicio político, el senador de Chicago no es que haya hecho las cosas para que esos grupos le tengan mucha confianza. Por lo demás, como se sabe, los candidatos Republicanos suelen tener mejor acogida en esos entornos (la Asociación de manufactureros le otorga un 0 a los precandidatos Demócratas y le deja el 100% de sus simpatías a McCain). Sin embargo, según una encuesta realizada entre gente del oficio, Obama, ue naturalmente quedó por debajo de McCain y de Hillary, obtuvo un respetable 55% de confianza.
Quizás eso explica el respaldo recibido de gente tan poco sospechosa de “liberalismo” como el antiguo jefe de la Reserva Federal Paul Volcker o el multimillonario Warren Buffet. Uno se imaginaba que Volcker era demasiado conservador como para tener afinidad alguna con el joven senador de Chicago, pero lo cierto es que ese tipo de personajes, con todo y su historia, sienten a veces la necesidad de manifestarse de manera totalmente contraria a lo que ha sido el sino de sus vidas.
Milton Friedman, gurú de la economía capitalista ahora se pasa la vida haciendo campaña por la legalización del consumo de marihuana y se recuerda al antiguo gobernador de Alabama, George Wallace, que después de haber tenido una vida política tan cargada de extremismo contra los negros terminó metido en una iglesia pidiéndoles perdón desde su silla de ruedas. Claro, los dos mencionados que apoyan a Obama no tienen nada que ver con lo que representó Wallace, pero son indicativos de cómo la gente evoluciona y de que en realidad no es tan indiferente a los dramas humanos como se piensa.
En resumidas cuentas, la Norteamérica corporativa tiene sus preferencias, pero igualmente tiene un alto sentido de la oportunidad y el pragmatismo, de manera que si Obama Barak puede que no sea su candidato, sí podría ser eventualmente un presidente con el que se pueden lograr acuerdos y hasta tenerle como asociado. Todo dependerá de las agendas respectivas. Ya se conoce bien la del mundo de los negocios y el poder que tiene para hacerla avanzar. Queda por ver la que tiene el próximo presidente de Estados Unidos, llámese McCain, Hillary u Obama y la capacidad para hacerla efectiva si es que esta discrepa mucho de Wall Street. |