Fidel se hace discreto, pero no deja el poder
En una de sus famosas películas, creo que Viridiana, el realizador hispano-mexicano Luis Buñuel, reemplazó a la artista principal por otra a mitad del rodaje. Los teóricos de la materia escribieron acerca del significado que tuvo aquel cambio, especulando sobre el simbolismo que tenía en el universo “buñueliano”. El brillante cineasta años después de reía con el caso, porque de lo que se trató es que la artista original entró en contradicción con Buñuel y a él no le quedó más remedio que prescindir de ella. Pero ¿qué hacer con los interminables rollos de película ya filmados? Buñuel optó por abusar un poco de su reputación de “excéntrico” y así, sin perder lo ya hecho, logró una excelente película, con dos artistas haciendo el mismo personaje principal.
La anécdota viene a cuento a propósito de las especulaciones en torno a si Fidel gobierna o no en Cuba, y si en la práctica está “torpedeando” el trabajo de Raúl Castro. Fidel es un fenómeno de la naturaleza (nadie puede cuestionarlo pues, entre otras cosas, se dice que sobrevivió a 638 intentos de asesinato) y su retirada de la escena la ha hecho de la manera menos prevista por sus adversarios, que tantos sueños tuvieron de verle partir como cualquier otro dictador.
Así es como acaba de anunciar que finalmente se retira del poder efectivo y lo traspasa a su heredero, siendo el tercer jefe de Estado más longevo del mundo, después de la Reina de Inglaterra y el Rey de Tailandia. Es esa también una de las variables del “socialismo real”, la monárquica, que como se ve es común a todos los sistemas y ya empleada en otras latitudes con éxito (Corea del Norte). El rumano Ceacescu lo había considerado, pero no era esa la opinión de los rumanos y el hombre (y la esposa) terminaron asesinados. Pero Fidel es otra cosa, en la medida en que su popularidad nunca ha sido seriamente puesta en duda, de manera que su relevo se está produciendo a su medida y en el momento escogido por él.
Fidel Castro ha sido la figura latinoamericana más sobresaliente del siglo XX, al menos en su última mitad y tiene, a los ojos de multitudes en todo el mundo, el mérito de haber enfrentado en singular combate a la mayor potencia del mundo y se retira, como Rocky Marciano, invicto. Y no es que Castro ha ganado todos sus combates. Se puede decir que ha salido airoso de buena parte de sus confrontaciones políticas, especialmente de las libradas contra Estados Unidos, pero allí donde el castrismo como ideología ha enfrentado fuerzas locales, los resultados son menos concluyentes.
Es que, aunque Fidel Castro siempre consideró que estaba predestinado a imponer su sello no solamente en Cuba, sino en la región y todavía aún más, en latitudes tan necesitadas de redentores como el África. Allí, en el continente negro, en Angola, logró Castro su victoria más impresionante, contra Estados Unidos y su aliado de entonces África del Sur, pero también en ese mismo continente, en el Congo, estuvo a punto de perder la vida el Ché Guevara.
En Latinoamérica, el Castrismo tuvo sus altas y bajas. Pero en sentido general, sus experiencias fueron desastrosas; desde Argentina a Venezuela, pasando por Brasil y llegando hasta Guatemala. Un gran éxito fue el de Nicaragua y los sandinistas, pero sería caer en la caricatura si se atribuye a ese movimiento genuinamente popular, raíces esencialmente extranjeras. Lo mismo puede decirse de Colombia, donde las FARC han sobrevivido pese a la impopularidad que hoy las rodea. Pero las FARC no surgieron como resultado de una reunión del politburó cubano, como si lo fue el artificial movimiento guerrillero que en Bolivia se constituyó en la tumba del “foquismo” y del Ché Guevara en particular.
Pero estas son reseñas que se terminarán de escribir cuando Fidel Castro muera efectivamente. Por el momento, el “compañero Fidel” que es como se hará llamar de ahora en adelante el legendario personaje, seguirá siendo parte de la estructura establecida ya hace medio siglo en Cuba. Más que pate de la estructura, Fidel seguirá siendo el cimiento principal sobre la cual esta descansa, porque sin Fidel es muy difícil que pueda mantenerse la impronta legada por los largos años de ejercicio del poder casi absoluto (el casi, por si acaso).
Ahora la pregunta es si sucesor, Raúl Castro, “tan viejo en eso como el hermano”, hará las cosas diferentemente. Lo más probable es que Raúl tendrá algunos gestos de apertura, nomás para mostrar que el traspaso de poder es real, pero también sería ilusorio pensar que vaya a hacer cosas radicalmente diferentes, desautorizando así el legado de Fidel, con él vivo y al lado. Se puede confiar en que los cambios que haya de ahora en adelante y en el futuro previsible mientras Fidel aún viva (y Raúl, que tampoco es que sea un jovencito), se harán conforme a las cartas y mensajes que el Líder Máximo no dejará de enviar y a los consejos que más discretamente dará.
Es posible que se produzcan algunos gestos, quien sabe si hasta espectaculares, con lo que quedará demostrado que Fidel Castro es superior a sus antecesores que disponiendo de tan gran poder, no fueron capaces de cierta humildad, ni siquiera en la vecindad de la muerte. Esa seria probablemente una de sus mayores satisfacciones (a la edad que él tiene, no se esperan cosas demasiado grandes de la vida) que los demás vean en Fidel Castro, artífice de los nuevos comienzos de Cuba, luego de haberle visto como la retranca a su progreso.
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