¿Hillary-Obama o al revés?
Hillary, como el ave fénix, ¿renace desde las cenizas? Al menos esos desean creer sus seguidores que, como los de Obama, poseen la virtud de la tenacidad. La verdad es que con su demostración de fuerza de este pasado martes, si la senadora de Nueva York no puede esperar que de todas maneras ganará la nominación Demócrata, al menos le ha demostrado a la maquinaria Demócrata que ella es “hueso duro de roer” (característica de los Clinton; les vencen, pero no se rinden). A Hillary la han estado obstaculizando porque definitivamente muchos piensan que no es todavía el momento para que una mujer dirija Estados Unidos.
Esa percepción, prevaleciente en el partido Demócrata (y más allá), bien manejada, es la que ha concluido en que Hillary es sólo la candidata de las mujeres. Esa campaña ha permitido vender entre los Demócratas (e incluso entre Republicanos, sin hablar ya de los electores independientes, cuyas simpatías están claramente del lado del senador de Illinois), la idea de que Obama es el candidato de todos (hombres, mujeres, blancos, negros, etc.) Sin embargo, es obvio que por ejemplo, las mujeres negras han optado más por la carta racial que la de género, es decir, Obama por encima de Hillary.
Las victorias de esto días de Hillary, como siempre en los estados más grandes, no cambian mucho la situación. El sistema interno del partido Demócrata no le permitirá llegar a la convención con suficientes delegados como para que la maquinaria, a través de los llamados “superdelegados” (designados por la maquinaria), se inclinen a favor de Hillary. Aunque el papel de los superdelegados no es “seguir la corriente” trazada por las primarias, porque entonces no tendría sentido su existencia.
Mientras tanto, hay un pugilato abierto entre los electores y la maquinaria. De no haber sido así, cada vez que Hillary parecía ya definitivamente derrotada, los electores no habrían decidido lo contrario, es decir, que debe seguir en la pelea. Aún sea por fidelidad a esa extrema lealtad, Hillary sigue en el medio, aunque mucha gente piense (en especial la prensa) que esa batalla está perdida. De hecho, aún si Hillary ganara todas las primarias pendientes, su número de delegados todavía estaría por debajo del de Obama, que literalmente “barrió” en las primarias de febrero, y así se aseguró una ventaja insuperable. De manera que efectivamente, la gran tarea ahora, para ambos contendientes, además de hacer un buen papel (especialmente en Indiana y Pensilvania), es de ganarse a los superdelgados.
En la práctica, el establishment Demócrata, que se había resignado a la Clinton, decidió, una vez que la providencia sacó de la nada a Obama, que Hillary no iba a ser candidata, pero para convencerla eran necesarias más que buenas razones, por eso la virtual golpiza que han dado a sus aspiraciones. Desafortunadamente para los Demócratas, la tendencia sigue señalando que una victoria que aparecía como natural después de 8 terribles años Republicanos con Bush a la cabeza, se hace más difícil en la medida ya los Republicano tienen su candidato (el mejor que podían encontrar) y a los Demócratas les quedan 5 largos y divisivos meses por delante antes de proclamar a su propio candidato que, hasta el martes se pensaba que era ya Obama Barak.
El senador de Illinois sigue siendo favorito en Indiana, pero Hillary lo es el Pensilvania. Eso no arregla las cosas, sino que mantiene la misma expectativa de que la lucha entre ambos contendientes siga hasta la convención del verano. Ahora bien, si uno se lleva por las matemáticas, para poder imponerse, Hillary debería ganar todas las primarias que quedan, lo que es imposible. Pero dada la capacidad de negociación del grupo Clinton y a menos que Obama logre contundentes victorias en las próximas primarias, es probable que el partido Demócrata se vea abocado a un laborioso proceso para sacar delante una fórmula decisivamente ganadora en Noviembre.
Hillary, hace un par de noches, dejó caer lo de la “boleta común”, claro, precisando que “el pueblo de Ohio” había indicado que fuera ella quien la encabezara. Lo más probable es que a Obama le interese la idea (de la boleta común, no de que la encabece Hillary). Como ya dijimos antes, sería una lástima que los Demócratas, teniendo tan buenos candidatos, fueran a perder las elecciones generales por no haber logrado que ninguno se impusiera decisivamente al otro dentro de las filas partidarias. La idea de la boleta común está sobre la mesa y, desde ahora, se puede adivinar que si progresa, será por el papel que jueguen los superdelegados.
Una vez resuelto ese expediente, el próximo paso del establishement Republicano será tratar de pulverizar al candidato Demócrata, que por el momento sigue siendo posiblemente Obama. No bastará que McCain se resista a la utilización de recursos cuestionables, que su ética personal rechaza; en algún momento tendrá que escoger entre ganar y trabajar con su equipo. Dados los antecedentes Republicanos en esa materia (el mismo McCain fue víctima de campañas de baja estofa), cualquiera de los Demócratas debe estar preparado porque el camino a la Casa Blanca no será una simple excursión.
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