Política exterior seguirá siendo muy importante
Mientras ya la campaña electoral norteamericana va tomando su forma final con las indiscutibles victorias de Obama en las convenciones Demócratas de Carolina del Norte e Indiana (allí se suponía que Hillary Clinton “barrería” y apenas ganó “en uña de gato” y la victoria en Virginia no cambia en nada el panorama), comienzan las propuestas serias de lo que debe ser la política exterior norteamericana con una nueva administración.
Tal cosa se produce una vez eliminada la preocupación por las declaraciones de la Clinton, de que en caso de ser electa, no vacilaría en atacar a Irán si ese país agredía a Israel. Pero persiste McCain, que tiene tantas posibilidades de ser el próximo presidente norteamericano como Obama. Aunque muy importante será para Obama la persona que escoja para la vicepresidencia. La ideal sería Hillary Clinton, pero si no es el caso, entonces tendrá que buscarse a un blanco, preferiblemente de algún estado del Sur. Podría ser Edwards, que como era de esperar le acaba de apoyar, pero este es tan liberal como Obama y no pueden olvidar que para ganar las elecciones necesitan el voto demócrata, pero también arrancarle algo a los Republicanos.
Exactamente lo mismo que le pasará a McCain. Pero para el candidato republicano la tarea será un poquito más dura en ese sentido, porque la propaganda Demócrata le señalara como “Bush 3ro” y de eso tendrá que librarse, pero sin perder tampoco pie entre los más conservadores de su electorado, entre los cuales Bush sigue siendo popular.
Mijail Gorbachov, cuyas simpatías probablemente están más con el senador de Illinois que con el veterano de Vietnam, teme sin duda que éste último se imponga y por eso, en una reciente entrevista en el londinense Daily Telegraph, recordó que “a cada presidente norteamericano le debe tocar una guerra”.
Como ya de todas maneras no hay con quien librar una “guerra caliente”, le preocupa a Gorbachov que Estados Unidos “pueda empujar al mundo a una nueva Guerra Fría”. Y en ese sentido informa que no solamente sigue creciendo el presupuesto militar norteamericano, sino que “el Departamento de Defensa se propone fortalecer sus fuerzas convencionales para el caso de una guerra contra Rusia o China”. Quizás adelantándose es por lo que en el desfile en la Plaza Roja (Kremlin) con motivo de la victoria contra la Alemania nazi, los rusos hicieron ostentación de su arsenal, precisamente convencional. Se entiende que Gorbachov quiere decir que esa eventual guerra contra Rusia y China es “fría”.
En ese marco es que se hace interesante la información de que Estados Unidos había decidido rehabilitar la 4ta flota de la marina militar, que cubre la América Latina, México y las 12 islas del Caribe. Esa flota había sido desmantelada en 1950, luego de jugar su papel persiguiendo submarinos alemanes durante la II Guerra Mundial. Aunque el objetivo anunciado es el de ayudar en el combate contra el terrorismo y el narcotráfico, ya Fidel Castro lo denunció en su columna del diario Granma, diciendo que se trata de “amenazar a nuestros países y de enviar un mensaje a Venezuela”.
Sin duda que hay de todo eso, incluyendo lo que dice el Pentágono, de que esa fuerza está destinada a fortalecer el combate contra el terrorismo y el narcotráfico. Claro, como para algunas instancias norteamericanas, gobiernos como el de Venezuela está tan vinculado a ambos asuntos (al menos vía el apoyo a las FARC colombianas, a las que se acusa de ser terrorista y de tener negocios con los zares regionales de las drogas, lógicamente que lo señalado por Castro, se puede corresponder perfectamente con el esquema que él sugiere.
Y precisamente, para avalar lo que dice Castro, un reciente libro “War and decision”, de Douglas Feith, que fue subsecretario norteamericano para política de defensa, revela que al momento de tomarse la decisión de atacar al Irak de Saddam Hussein, el Pentágono había elaborado una lista de países a los que había que “incluir en el paquete”. No solamente Afganistán, sino también Irán, Siria, Líbano, Sudán, Libia y Somalia. De acuerdo con Feith, el plan no fue aprobado por Bush. Pero da una idea de hasta donde habían llegado el anterior secretario de Defensa, Donald Rumsfeld y su segundo Paul Wolfowitz, explícitamente mencionado en el libro como autor de esa idea.
Hubo unos de esos casos que se “desactivó”, como es el de Libia que, se recuerda hizo un acuerdo con Estados Unidos. No sin incidentales puesto que incluía el pago de indemnización a las familias de las víctimas del acto terrorista contra el avión de la Panam sobre Lockerbie Escocia. Haya o no especulación en lo escrito por Castro o por Feith, esas sospechas se constituyen en tarea inaplazable para quien ocupe la Casa Blanca en enero próximo, sea quien sea que gane las elecciones. Estados Unidos no puede pretender liderazgo mundial sin despejar el camino de suspicacias frente a sus objetivos.
|