¿Qué pasará en Colombia después de la muerte de Marulanda?
Nadie debe tener duda alguna acerca del carácter sucio de la guerra (como todas las guerras) que se libra especialmente en territorio colombiano, entre el gobierno de ese país y las FARC; guerra que no termina con la muerte, “en su cama” por así decirlo, de Marulanda, el mítico líder del grupo guerrillero que comenzó bien hace cerca de medio siglo, pero que no está terminando tan bien. Pasemos a ver lo último:
a) La INTERPOL determinó la autenticidad de los discos contenidos en las “computadoras de Reyes”, no de su contenido. Pero éste es suficientemente preciso (con fotos y videos incluidos) para que se acepte como real.
b) A las autoridades colombianas “se les pierden” las computadoras de los criminales paramilitares apresados, cuando las enviaron “a limpiar de virus”. El episodio movería a risa, de no haber tanto dolor y sufrimiento de por medio por una guerra tan larga, que ya poca gente recuerda que en su origen era un problema entre liberales y conservadores.
c) Chávez resta calidad a la organización internacional de policías de la cual su país es miembro. Luego de las acusaciones proferidas contra la misma, lo más lógico es que Venezuela se retirara de esa organización y a lo mejor que formara una nueva con las policías de Cuba y Nicaragua. Pero no habrá tal cosa porque al presidente venezolano lo que menos le interesa es el aislamiento y por eso, como se sabe, en América Latina el presidente venezolano no está precisamente aislado.
d) Rafael Correa, el presidente ecuatoriano es más directo y pragmático, hace la única propuesta aceptable en este contexto: que Colombia pare de fuñir con el asunto de las computadoras y Ecuador restablece las relaciones. Lo más probable es que Venezuela igualmente baje el tono frente a Uribe, de tener seguridad de que se acepta lo propuesto por Correa.
Una de las mejores armas de que dispone el gobierno colombiano son “las computadoras de Reyes”. Esa arma no es malo disponer de ella, pero sí puede serlo utilizarla. Por el momento los colombianos parece que sólo creen en su razón y en estos días, han comenzado a investigar a “Villegas y todo el que llega” que ha tenido que ver, de cerca o de lejos, en contra o a favor de las FARC. Claro, Colombia cuenta con dos ingredientes de peso: el respaldo indiscutido de Estados Unidos y un alto nivel de apoyo popular interno. Pero el respaldo norteamericano con la presente administración, no es la mejor carta de presentación para nadie en América Latina.
El fallecimiento de Marulanda (al igual que el otro legendario jefe de las FARC, Jacobo Arenas, también muerto de causas naturales) deja abiertas todas las expectativas posibles. Naturalmente, ya el gobierno colombiano ha recordado que el nuevo mandamás del grupo, Alfonso Cano, tiene como 200 causas pendientes. Pero se puede estar seguro que se convertirían en ninguna si Cano se aviene a negociar, preferiblemente de acuerdo con la forma preferida por el gobierno colombiano.
La muerte de Marulanda no implica necesariamente cambios sustanciales, pero estos se pueden de todas maneras producir si Cano decide que alguna impronta debe dejar como jefe del disminuido grupo. Se mantendrán los lineamientos generales, pero el estilo puede ser diferente. Pese al amplio prontuario de tipo criminal que se le carga a Cano (ahora se revela que él mismo había propuesto atentar contra colombianos en España), también se le presenta como hombre abierto al diálogo.
En ese tono habría que ver si su supuesta apertura incluye poner término a una de las prácticas más condenables del grupo FARC (que le llevó de golpe a la lista de agrupaciones terroristas): el secuestro de personas para intercambiarlas por dinero o por presos (en el mejor de los casos). El recurso al expediente criminal de secuestrar gente, especialmente civiles o no asociada con el conflicto del que son víctimas, despoja de legitimidad cualquier causa, por noble que sea. Así, durante algún tiempo la OLP se dedicó a esa tarea en el Líbano, hasta que sus dirigentes se dieron cuenta de que son muy frágiles las fronteras entre lo legítimo o no cuando se trata de actividades altamente cuestionables.
A través de la historia, grupos disidentes del orden establecido han recurrido a acciones que en principio son siempre reprochables, pero manteniendo un cierto equilibrio de acción. Las FARC colombianas perdieron hace tiempo la guerra de opinión ante la sociedad colombiana, sobre todo por sus actos de violencia que afectan la vida de mucha gente. De haber sido más hábiles, habrían modificado sus patrones de formas de lucha. A menos que también hayan perdido totalmente la guerra frente al estado colombiano, lo que explicaría su incapacidad para la renovación.
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