Economía y el Irak definirán la campaña electoral
Al Gore ha proclamado su respaldo a la candidatura de Obama, lo que motivó numerosos artículos en la prensa, como si eso fuera propiamente una noticia. A menos que Gore renunciara de golpe a sus convicciones ¿qué otra cosa iba a hacer el ecologista premio Nobel? Seguramente como todo lo que hace Gore es noticia eso debe haber motivado el barullo.
Mientras tanto, un columnista del Washington Post sugiere que entre quienes más han ayudado al arrastre de la candidatura de Obama está precisamente quien debiera ser el fan número 1 del senador por Arizona: el presidente Bush. Es que su administración es tan impopular que no sólo ha generado un movimiento de cambios, casi sin precedentes en la historia norteamericana; sino que existe una desmovilización generalizada entre los propios Republicanos, convencidos de que los norteamericanos, después de este desastre, difícilmente lleven a otro miembro de ese partido en las elecciones de noviembre. Y como “lo cortes no quita lo valiente”, habría que reconocer también que el hecho de haber tenido Bush a dos afroamericanos como las primeras figuras de su gabinete también debe haber ayudado”.
Igualmente una encuesta publicada la noche del sábado por ese mismo importante diario sobre intenciones de voto, arrojaba que los electores independientes están divididos por igual entre Obama y McCain. El candidato Republicano necesitaría grandemente esa ayuda porque la encuesta también revela que al tiempo que 64% de los partidarios del candidato Demócrata está dispuesto a “dar la pelea” hasta el final por Obama, apenas un 34% de los Republicanos dice lo mismo con relación a McCain. Triste presagio para el portaestandarte de ese partido, cada vez más, aunque no lo quiera, asociado a la imagen de Bush.
Otro dato también interesante de ese estudio: 48% de los Demócratas se siente preocupado por el papel que el tema racial pueda desempeñar en la campaña electoral. Sorprendentemente, menos Republicanos se preocupan por ese aspecto que inevitablemente surgirá en los meses calientes que van desde agosto hasta octubre.
Entretanto, cada uno se enfoca en lo que entiende es más importante para los electores, aunque ambos candidatos sí coinciden en que la economía es el punto principal. Naturalmente, quizás les reconforte que el presidente del FMI, el francés Dominique Strauss- Kahn, haya repetido que a fines de año la economía norteamericana comenzará a recuperarse “y después la europea”. Esa perspectiva quita enorme presión sobre cualquiera de los dos candidatos que salga electo.
Particularmente en lo que se refiere a Irak, los Demócratas dicen que McCain está “completamente desfasado” en su apreciación del sentimiento norteamericano frente a ese país. Lo más probable es que si la situación económica no hubiese degenerado tanto, la actitud de los norteamericanos habría sido tan ambigua como suele ser en esos casos, hasta que sube el número de soldados muertos.
Pero por el momento, como las calamidades coinciden en el tiempo, Irak debe ser la causa. Y tienen razón de pensarlo así; el barril del petróleo costaba algo más de $40 dólares antes de la ocupación norteamericana en Irak. Ahora es aventurado mencionar precios en períodos de más 24 horas.
Obama y su equipo afirman que en 16 meses se iniciará el retiro de las tropas norteamericanas si él gana las elecciones. La idea, según su partidario John Edwards es que, una vez comenzada la retirada norteamericana, los europeos se sentirán motivados a involucrarse más en ese país, no con tropas, sino con ayudas materiales de otra naturaleza.
McCain y su gente piensan más en términos de que la relativa mejoría de la situación en Irak se debe sobre todo a la presencia apabullante de las tropas norteamericanas en el terreno y dudan seriamente que su retirada abone en el sentido de la distensión. Mucho menos creen que los europeos se van “tirar de cabeza” hacia Irak porque los norteamericanos retiren sus soldados.
Piensan algunos asesores de Obama (seguramente no todos), que una actitud más “dialogante” de la política exterior norteamericana facilitará la distensión. Quizás sea un poco ideal esa visión de un mundo en que si un malo se hace bueno de repente, todos los malos harán lo mismo. No obstante, instituciones de mucho peso en la sociedad norteamericana, incluyendo a sus principales y liberales diarios, piensan que el candidato Demócrata debe reelaborar una propuesta que hizo a finales de 2006, en momentos en que efectivamente las cosas eran muy difíciles sobre el terreno en Irak, y cuando su candidatura tenía que diferenciarse de sus dos principales contendores Demócratas, Hillary y Edwards que ambos habían dado su respaldo senatorial a la política de Bush para ese país (Edwards se retractó posteriormente).
En todo caso, las posibilidades que tiene Obama de convertirse en presidente siembra el nerviosismo en la región. Entre los propios iraquíes, algunos de los cuales comienzan a resignarse a la idea de un retiro a breve plazo y, como ya van a tener elecciones propias, toman saludablemente sus distancias frente a Estados Unidos, cuestión de ganar votos.
Y como hay fuerzas, digamos los chiitas, que realmente desean el retiro de las tropas extranjeras, también empiezan a hacer concesiones. Así el famoso ejército del turbulento Sadr, está dando los pasos para semi desarmarse y convertirse en partido político, asegurado como está, de un sólido respaldo popular.
Pero hay otros a quienes el nerviosismo les coge con tornarse amenazantes. Eso ocurre esencialmente en Israel, donde políticos de oposición advierten que de llegar al gobierno, podrían lanzar un ataque preventivo contra Irán. Sin que se sepa hasta que punto haya colusión, Bush (a quien hasta la Suprema Corte contradice, dando derechos a los presos de Guantánamo) ha hecho saber que no descarta que los propios Estados Unidos se ocupen de esa tarea.
Todas esas maniobras parecen estar dirigidas fundamentalmente hacia un eventual presidente Obama, con el fin de poner a prueba su proclamada adhesión a la amistad especial que mantienen los norteamericanos con el estado judío y la fortaleza de sus promesas de campaña en lo que a Irak se refiere.
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