Canícula y perspectivas electorales
Agosto es un mes de canícula y reposo. En el mundo desarrollado, a menos que ocurran cataclismos, la noticia casi única es los juegos olímpicos de Pekín. En Europa, hasta los diarios de distribución gratuita (en nuestros días muy importantes) cesan de publicarse y retornan el 1ro de septiembre. En Estados Unidos, como se sabe, se vive ahora el receso de verano, y la vida vuelve a su «agitado curso» después del Día de Acción de Gracias.
De manera que aparte de ver a multitudes serbias caer en la indignidad de manifestar en defensa de un genocida, culpable del asesinato en masa de miles de musulmanes bosnios y de enterarse uno que las negociaciones patrocinadas por el gobierno de África del Sur, para que se compartan el poder en Zimbabue, el senil Robert Mugabe y su contrincante, delfín de las potencias occidentales (lo que no le hace necesariamente mala persona) o de que los militares mauritanos, aprovechando precisamente la molicie estival, le dan en golpe a un gobierno elegido, pocas novedades afectan las vacaciones de quien puede tomarlas.
No deja de ser también notable que el primer ministro de Israel tenga que renunciar al cargo y seguramente someterse al escrutinio de la justicia de su país por travesuras financieras cometidas al amparo de sus privilegios políticos (no en el actual cargo). De todas maneras, Israel disfruta de la única democracia de toda la región, lo que queda desmentido a veces bajo la espesura de sus abusos como potencia ocupante de los Territorios Ocupados palestinos.
Lo mismo que ocurre a menudo con Estados Unidos, donde se informa que ha decrecido el número de inmigrantes ilegales en más de un millón de personas (¿cómo los habrán contado, si son ilegales?) resultado de una crisis que ha hecho perder cerca de 150 mil empleos en la construcción, solamente en California. Más de un amigo europeo se extraña de que uno pueda vivir en un «estado fascista», que es como califican a Estados Unidos por el tema de sus invasiones a territorios ajenos, con toda su carga de atropellos, como por ejemplo en Irak, y antes en Santo Domingo, Haití, Nicaragua o Panamá.
Pero la norteamericana es una democracia sólida, como lo demuestra el actual debate electoral, que esta abriendo las puertas a la posibilidad de que un mulato, con una abuela musulmana africana, pueda convertirse en presidente. Claro, como ya se ha dicho, Barak Obama no es un mulato (o afroamericano) más; es un político de particular inteligencia y carisma, que sabe manejarse con tremenda habilidad con el público, al igual que solía hacerlo Bill Clinton.
Entretanto, siguen las especulaciones acerca de quienes serán los acompañantes de ambos candidatos. Algo sí parece seguro y es que Hillary Clinton no será la vice de Obama. Lo que se entiende, pues los Clinton constituyen un grupo demasiado fuerte como para que se les deje entrar a la Casa Blanca sin que eso tenga consecuencias. Hillary tiene ideas demasiado claras sobre cómo hacer las cosas si fuera la presidente, como para no chocar con un presidente al que acompañara, aún fuera este un hombre de sólida personalidad como Obama.
Ahora bien, la pregunta del millón sigue siendo si Obama será electo el presidente. Es que se enfrenta al mismo problema que otros antes que él: si a los extranjeros se les permitiera votar en las elecciones norteamericanas (un académico italiano ha reivindicado ese derecho con toda la seriedad del mundo, a partir de la premisa de que si Estados Unidos se mete en todo el mundo, todo el mundo debe participar en la elección de su presidente) Obama «gana de calle», como antes Al Gore o Clinton (que si ganó en Estados Unidos).
El éxito de su gira internacional no define nada internamente en los Estados Unidos, es más, pese a la extraordinaria cobertura de prensa nacional que tuvo, una buena parte de norteamericanos (39%) lo que piensa es que los medios de prensa están de su lado (otro 39% no tiene opinión). Si bien una mayoría tiene ya decididamente una buena opinión de Obama (64% según la Gallup), también la tiene de McCain (un 62%), lo que indica que nada está definido y sólo confirma que el candidato Demócrata sigue teniendo una moderada ventaja sobre su contrincante Republicano, aunque siga teniendo que contar con el escepticismo de algunos de sus simpatizantes, dentro y fuera de Estados Unidos, sobre todo cuando encoleriza al mundo ecológico abonándose a la idea de que petróleo norteamericano suplante la actual dependencia en esa área frente a los sauditas y a Venezuela. Pero como dice el proverbio, «nadie es perfecto» y por tanto nadie debe tampoco esperarlo todo de Obama pese a lo sobresaliente que pueda ser, que a todas luces lo es.
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