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EL PERIÓDICO SEMANAL DIGITAL DE LA VOZ HISPANA DE CONNECTICUT

 
 

La Casa Blanca sola no puede llegar muy lejos



Es comprensible la frustración de las autoridades nor-teamericanas ante un proceso que, una vez diseñado con modernas computadoras, debía conducir para el 2004 al establecimiento de estructuras estables en Irak. Eso para nada ha ocurrido y la administración norteamericana, que tampoco está dirigida por tontos, lo que trata ahora es que las Naciones Unidas, a la que hace un par de años le consideraban solamente útil para ocuparse de refugiados, se haga cargo del «paquete».
El problema con Irak es que hasta ayudar es complicado. La ONU únicamente se involucra en países, cuando todos los actores están de acuerdo en que lo haga y en Irak, el único acuerdo posible es que todos están más o menos en desacuerdo. No solamente eso, hasta aliados cercanos de los norteamericanos comienzan seriamente a «sacarles los pies». Es el caso de Corea del Sur que ya anuncia, coincidiendo esto con su creciente acercamiento con Corea del Norte, que retirará la mitad de sus tropas estacionadas en Irak para el año 2008.
El caso es que a la ONU, particularmente bajo el mandato de Kofi Annan, le atraía la idea de involucrarse en Irak, «sacarle las castañas del fuego» a los norteamericanos y quien sabe si hasta ganarse otro premio Nóbel. Para esos fines, hasta se formó la UNAMI (Misión de asistencia de la ONU para el Irak). Pero ese esfuerzo inicial fracasó por el ataque suicida que mató a más de 20 delegados de la ONU. Ahí mismo bajó el entusiasmo.
Pero ahora los norteamericanos, que siguen en el mismo lío, han lanzado la idea de que la ONU se ocupe de lograr consenso entre los distintos componentes sobre el terreno, a saber, chiítas, sunitas y curdos, para que se repartan lo que hay, como buenos hermanos (que no lo son) y así evitar males peores. La idea parece interesar al nuevo Secretario General, Ban Ki-moon, porque persiste el interés de la ONU en recuperar ese terreno perdido.
Entretanto, los norteamericanos se encuentran atrapados en una triple pinza en Irak. En primer lugar la propia situación en Irak donde, entre otras cosas, luego de haber facilitado la toma del poder (en la medida de lo posible) de la mayoría chiíta, en desmedro sobre todo de la minoría sunita (base principal de apoyo de Saddam Hussein), han debido ahora establecer una alianza operativa con los sunitas, porque también tienen una profunda desconfianza al doctrinarismo chiíta.
Luego vienen los problemas con Irán, complicados por la fortalecida asociación de este país con Rusia, desde siempre interesada en que la vida sea lo más difícil posible para los norteamericanos. Haciendo gala de su inveterado unilateralismo, la administración norteamericana, cual ‘llanero solitario’, impone nuevas sanciones económicas al Irán, tratando así de forzar la mano a sus aliados y al Consejo de Seguridad de la ONU (+Alemania) en cuanto al tratamiento que deben dar al régimen de los mullahs. Al imponer sanciones unilaterales, los norteamericanos tratan de asustar, porque dada su historia, el próximo paso sería el ataque militar contra Irán. En realidad, más fácil de pensar que de hacer.
Pero el problema con Irán va más allá de los respaldos o no que tenga la actual Casa Blanca entre los candidatos a la presidencia, que los Republicanos, todos la respaldan. Entre los Demócratas, solo la senadora Clinton tratando de ‘estar en buenas’ con su base más conservadora (pues tiene también respaldo en esos lados), aceptó que se considere como terrorista a una importante organización iraní, llamadas algo así como los «Guardianes de la revolución». La administración Bush tiene que contar también con las realidades geopolíticas y en ese frente, las cosas no son muy alentadoras.
Turquía, que es el principal aliado de los norteamericanos en esa región, al mismo tiempo mantiene y mejora sus relaciones con su gran vecino iraní, no porque no piense que este puede ser peligroso, sino porque el peligro es potencial, o sea, controlable. De ninguna manera va Turquía a complicar sus relaciones con Irán, porque a los norteamericanos les parece que ese país es un peligro inmediato. Lo mismo puede decirse de Siria. Pero igualmente más seria es la actitud de Rusia, cuyo presidente estrecha lazos con todos sus vecinos, como forma de levantar una especie de ‘cortina de hierro’ de nuevo tipo que impida a Estados Unidos acercarse demasiado.
El otro expediente que les complica la vida es el de Turquía, Irak y los curdos. El gobierno turco tiene respaldo popular para cualquier acción que se lance contra el Curdistán iraquí. Ese respaldo se ha incrementado a raíz del intento, fallido, del Congreso norteamericano, de condenar el genocidio de los armenios cometido por Turquía. Lo del genocidio armenio parece haber sido más una respuesta rabiosa Demócrata al veto puesto por Bush a la ley sobre salud infantil. No lograron hacer pasar la condena y al mismo tiempo lo que han hecho es complicar el esfuerzo militar norteamericano en Irak, que depende en buena medida de la buena voluntad turca.
Ahora, Estados Unidos tiene que emplear grandes recursos para recomponer sus relaciones con Turquía y al mismo tiempo evitar que lance incursiones militares contra Irak. Para eso probablemente tendrá que acudir a la ayuda de los europeos, porque estos tienen un buen medio de presión con Turquía ya que este país aspira a ser parte de la Unión Europea. En definitiva, la vida ha demostrado al unilateralismo gobernante en Estados Unidos que solos no pueden ir muy lejos, aunque dispongan del mayor poder del universo.


 

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