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El incidente creado por la mandada a callar del rey español a Chávez, ha servido, además de alimentar los sitios del Internet y hasta de «Youtube», para abrir un debate en torno a las relaciones entre la España de hoy y la América Latina de ahora. Lo más probable es que el Presidente venezolano tuviera que lucirse en esa cumbre iberoamericana, porque es lo menos que esperaban sus fieles partidarios, en Venezuela y en otros lugares (incluida España).
Al calor de las simpatías que genera Chávez, cualquier gesto suyo, como lo fue de Fidel Castro hace casi 50 años, despierta entusiasmo e incrementa el respaldo. Naturalmente, muchas de esas personas que hoy le celebran las gracias a Chávez, si en algún momento entran en contradicción con él (lo que inevitablemente ocurrirá) serán las primeras en sacar a colación el incidente con el monarca español, quien por lo demás últimamente parece condenado a meter en líos a su país. Hace poco Marruecos hasta retiró a su embajador en Madrid, en protesta por la visita de Juan Carlos a los enclaves norafricanos de España en Ceuta y Melilla. Y como si fuera poco, hasta la hija mayor del monarca perdió el marido….
Por el momento, sin embargo, la reacción de Chávez ha liberado el orgullo nacional de latinoamericanos a quienes irrita y ofende la arrogancia de nuevo rico que exhiben muchos españoles (especialmente los que están haciendo negocios) en sus andanzas continentales. Sin necesariamente simpatizar con Chávez, en cierta forma se sienten representados por él, no por lo que haya dicho (a la mayoría les importa un comino Aznar), sino por lo que le dijo el rey Juan Carlos, cuya majestad establece el tuteo obligatorio con sus súbditos.
Los latinoamericanos no son súbditos de España, aunque por deferencia con un rey amigo, todos acepten la regla protocolar que los coloca automáticamente por debajo de la augusta majestad imperial, hasta el mismo Chávez. Claro, debido al incidente (que hasta un pasodoble «arregló» un curioso con el tema, ¿por qué no te callas?) algunos comienzan a «pasarse» y a querer establecer relaciones del rey español con el fascismo, y probablemente terminarán asociándole con los conquistadores españoles, en un inútil ejercicio de ajuste de cuentas con el colonialismo español y con aquella historia que como decía el historiador, provocó «culpas del tiempo y no de España».
Ya se ha hablado bastante de si el uno no debía interrumpir al otro y si un tercero (el rey), debía mantenerse al margen del intercambio. El consenso apunta en el sentido de que Rodríguez Zapatero era perfectamente capaz de lidiar con el momento, como en efecto hizo, de manera brillante.
Porque de lo que se trataba, para un insospechadamente hábil Zapatero (el oficio de político, -que el jefe de gobierno español de zapatero no tiene nada- se aprende en la práctica), era ganar algún terreno en la política nacional española, saliendo a defender a un sujeto con el no tiene nada en común, que le despierta marcada antipatía, pero que al mismo tiempo es una figura venerada de la poderosa oposición de derecha en España.
Como Chávez no tiene ese tipo de problemas en Venezuela, donde sigue siendo «rey y señor» probablemente se le escapó el matiz y no pudo así tener el elegante gesto de ‘darle una mano’ al amigo español, que lo es, callándose y dejando tranquilo al Aznar, que no es quien gobierna ahora en España. Pero claro, Chávez podría decir «háganlo como yo lo hago y así no tienen que estar pasándole la mano a nadie». Esa convicción se le fortalecerá con el previsible resultado del referendo del 2 de diciembre donde sin duda volverá a ganar. Pero Chávez tampoco tiene una oposición digna de ese nombre y en ese sentido, le lleva ventaja a Zapatero y a casi todos.
En ese contexto, otras intervenciones sobraban y es aquí donde cabe un corto comentario acerca de otros tres líderes latinoamericanos y cómo reaccionaron frente al incidente. El boliviano Evo Morales, con la tranquila dignidad que le caracteriza aclaró que también pensaba que Aznar era «mala hierba», pero no lo fue a decir a la Cumbre Iberoamericana, sino a un evento paralelo de organizaciones populares, donde sí cabía. Es que la Cumbre Iberoamericana fue inventada para que hubiera un escenario donde se bajaran tensiones. Para Chávez y algunos otros en cambio, es un escenario ideal para buscar peleas que nada resuelven y lo que hacen en definitiva es cerrar espacios de concertación. Los cubanos, con buena razón, podrían hacer lo mismo, pero la práctica les enseñó que en la región es mejor crear acercamientos. Chávez tiene excelentes condiciones para crearse una mejor imagen, sobre todo porque tiene recursos para ayudar a resolver problemas.
No es lo mismo con Daniel Ortega, el de nuevo Presidente de Nicaragua, quien parece que definitivamente no se acostumbra a que otro, (Chávez), sea quien se lleve las primeras páginas en todo y, con increíble torpeza, se pone a repetir lo que dijo el primero, con el esperado resultado de que casi nadie se entera y menos quienes le hacen caso. Penoso caso de la estrella que hace tiempo dejó de brillar y no se entera. Ortega seguro piensa que no está tan viejo como Fidel Castro para ceder liderazgos, sin darse cuenta que el que tuvo lo perdió hace un tiempo. Finalmente, el ecuatoriano Rafael Correa, quien suele manejarse con discreción, al intervenir públicamente en este asunto, como diría el presidente francés Jacques Chirac, «perdió una excelente oportunidad para quedarse callado». |