Chávez se tiró muy hondo,
pero le siguen queriendo

Hay dos caras de la Venezuela que hace oposición a Chávez. Por un lado está la oposición más tradicional, que adopta la peregrina idea de que no participando en elecciones se deslegitima al poder. De esa manera se desvinculan completamente del movimiento popular y peor, de la realidad. Esa «táctica» es precisamente la que ha permitido a Chávez ganar casi todas sus elecciones y adquirir de paso la respetable legitimidad que le quieren negar. Luego está la otra parte, moderna, no atada a viejos esquemas vindicativos, que piensa que el ejercicio electoral, expresión democrática, no debe ser sacrificada en aras de la obcecación y los egoísmos personales.
Es una separación similar a la que existe entre los cubanos opositores de Miami, entre los vengativos contemporáneos de Fidel Castro y quienes viven del negocio de la oposición a ultranza, y una nueva generación que piensa que la nueva Cuba, la que surgirá cuando los Castro ya no estén, debe erigirse sobre la base del encuentro entre los cubanos de adentro y de afuera. La diferencia es que en Venezuela hay espacio para el ejercicio de la democracia, en Cuba no, pero los cubanos de dentro no tienen porque ser penalizados con bloqueos comerciales o prohibiciones de viajar a la isla.
A Chávez, la oposición ha querido arrinconarle y obligarle a violar la legalidad y él se ha resistido, con éxito, porque cuenta con el respaldo de una mayoría de venezolanos, que le reconocen el mérito de ser diferente a la hora de distribuir los cuantiosos recursos que proporciona a Venezuela ser el mayor productor de petróleo del mundo, fuera del Medio Oriente. Como el hombre no es tonto, inmediatamente reconoció su derrota electoral del pasado domingo.
Entre otras cosas porque Chávez se tiene que dar cuenta que el pueblo venezolano no está en disposición de seguirle firmando cheques en blanco. Esto así, porque la nueva Constitución que él quería le santificaba, le entregaba todo el poder, lo que era un atentado a los mecanismos de control que demanda el ejercicio democrático. El recurso a introducir toda una serie de demandas justas en el paquete no fue más que un ardid pues tanto para amigos como para adversarios, lo que estaba detrás de la propuesta modificación constitucional (ya Chávez promovió una nueva constitución en 1999) era establecer prácticamente un sistema de partido único o de liderazgo único.
En un contexto de inusitado cuestionamiento a ese proyecto, cada vez más personal, alimentado por rebeliones juveniles y surgimiento de nuevos polos políticos adversos, a Chávez le queda muy bien lo de insultar a gobernantes extranjeros o a curas. Ese tipo de gesto galvaniza su base popular interna, que es la que él necesita en este momento, aunque haya perdido el referendo. Especialmente porque el presidente venezolano tiene que admitir que «se pasó», tratando de imponer mecanismos autoritarios en un contexto de otra manera bastante democrático. A lo mejor su proclamado apego a Bolívar le ha hecho soñar con que algún día, como en Perú en 1824, también a él en Venezuela le proclamen ‘dictador’. En todo caso, más de la mitad de los venezolanos, aunque apoyen a Chávez, piensan que lo que él está haciendo está más o menos bien y para seguirlo haciendo no necesita poderes discrecionales tan absolutos.
Como Chávez, además de vocinglero es pragmático, no es de dudar, que una vez pasada la contienda electoral del domingo, tal y como dicen algunos observadores, Chávez «le busque de nuevo el lado» al presidente colombiano Álvaro Uribe, última víctima de sus denuestos (quien también le saca provecho interno a su intercambio de diatribas con Chávez), entre otras cosas, porque hay un intercambio comercial de cerca de 5 mil millones de dólares entre ambos países y porque Venezuela necesita los alimentos que llegan desde Colombia.
Las presiones internacionales favorecerán una dinámica de ese tipo. En efecto, no solamente a Francia le interesa que se restablezca la armonía entre Venezuela y Colombia. También le interesa a la Unión Europea en su conjunto y, sobre todo, les interesa a los familiares de los rehenes colombianos que vieron con esperanza que la intervención de Chávez podía marcar la diferencia en un proceso de incertidumbre que lleva años o por lo menos, servía para garantizar la vida salva a los todavía vivos. En ese sentido, en el conflicto entre Uribe y Chávez, el venezolano es quien sale ganando, no solamente porque su participación en el asunto de los secuestrados ha abierto posibilidades de libertad para las víctimas, reflejado en la publicación de cartas y fotos de los más famosos, sino porque para mucha gente, esa es la única vía de hacer avanzar ese proceso. |