Joven se queda sin sostén por creer en protector

Pregunta
Tía:
Le escribo con tristeza después de pasar una terrible fiesta de San Valentín afectada por un dolor intenso en mi cerebro, y con una nostalgia infinita en las fibras íntimas de este músculo vital llamado corazón.
Sucede que cuando tenía 18 años, me enamoré perdidamente en Waterbury de un jevo con él que había estudiado en la escuela intermedia y que era bien presentado. Un soleado día de mayo con aroma de flores en que yo salía de la escuela superior y después de años sin verlo; se detuvo a mi lado un carro último modelo, como el que usaba este señor Rowland; y allí reconocí a Melo, que era el apodo con el que le conocían sus amigos.
Estaba más cambiado que esa gente que se afeita el mostacho por razones sicológicas, y cuando lo encontré nuevamente; usaba un peinado con cola, llevaba una pantalla de oro y la ropa que tenía era muy vistosa. De algún modo me recordó esa hermosa escena de película “La Bamba,” cuando Richard Valens se encuentra con su enamorada a la que parece que por la cara que tenía, se le escapaban las tortugas.
Me dijo que se había dedicado a los negocios y quería comenzar una familia. Así nos encontramos varias veces, hasta que un día me sedujo y me fui con él a un apartamento en la ciudad de Meriden. Desde un comienzo mi situación fue distinta ya que si bien tenía todas las comodidades que deseaba, Melo se iba a menudo de viaje y yo me quedaba sola. Cuando necesitaba algo, tenía que llamar a un tipo gordiflón y extraño que se hacía llamar Gozzila y que me traía todo.
A los pocos meses quedé embarazada, y Melo me llevó a Boston donde tuve a mi hija y seguí viviendo aislada de mi familia con la que me comunicaba solo por teléfono. Melo pasaba conmigo a veces una semana completa y yo era feliz, pero después se ausentaba por dos o tres, y yo terminaba comiéndome un cable, como decía un amigo mío que no encuentra ahora como pagar las tarjetas de crédito y al que le quieren embargar la casa.
Un día Melo desapareció por completo y también el gordo Gozzila, pagué la renta hasta cuando pude con lo que Melo me había dejado, hasta que me botaron del apartamento y tuve que volver a Connecticut sin chavos, derrotada, despreciada por mi familia, y más triste que piojo de peluca. Así, me quedé sin sostén, y mirando p’al techo.
Hace unos meses, se comunico conmigo un tipo que era amigo de Melo y al que llaman Troco quien me dijo que a éste lo habían deportado por tráfico de drogas, que tenia una familia en un país sudamericano, y se encontraba en una cárcel comiéndose dos cables y leyendo la guía telefónica.
Ahora me he reconciliado con mis padres y mi hijita es feliz con sus abuelos y tíos. Estoy triste ya que por este amor apasionado e irrigado por la desilusión y el mal destino, nunca terminé la escuela superior, no le trabajé un día a nadie, y ahora no sé que hacer con mi vida. Por favor, aconséjeme.
Tina
Respuesta:
Tinita:
Primeramente, convéncete de una sola cosa. Cuando tienes vida, salud, y una hijita por quien luchar, tienes gran parte de la batalla ganada.
Por otra parte, y como decía un poeta de esos que andan por allí recitando décimas a la vaquita baya, “nosotros somos los arquitectos de nuestro propio destino,” lo que en lenguaje llano significa “las que metemos la pata somos nosotras y después no le echemos la culpa al Departamento de Servicios Sociales del Estado,” también llamado cariñosamente “el Mantengo.”
De todos modos me doy cuenta que caíste (o dejaste que te cogieran) en las garras enfermizas de un sinvergüenza que aunque te querría como mujer; jamás fue honesto contigo, no te respetó como persona, te involucró en una relación idílica, artificial, enfermiza sin destino, y probablemente pasaste a formar parte de un harem de hembras de este traficante que con chavos en la mano, engatusaba a nenas inocentes como tú que lo menos que hacen es escuchar los consejos de la mamá, de la Dra. Polo, Laura (la de las pescozadas y los cueritos en los brazos),…y los míos.
Muchas veces he dicho en esta columna y aunque me critiquen de perfeccionista y obsoleta; que las jóvenes y las mujeres, y viceversa, es decir los jóvenes y los hombres, tienen que aprender más (y no solo físicamente) acerca de esa persona que conocen en forma insuficiente en una pollada, o en “La Casona,” y con la que establecen relaciones bachateantes íntimas de las que habla la Penélope Menchaca.
Es una irresponsabilidad arriesgar sus vidas y destinos pasando a formar parte de la existencia caótica y errática de desconocidos o desconocidas con problemas en el área frontal del cerebro, también denominados anti sociales y a los que le gusta la pelea, los cañones, la vida fácil, la violencia, y son muy conocidos y buscados por los jueces de la Superior de Hartford.
No es la primera vez que recibo notas como éstas en las que jovencitas se enredan con viejolos casados o facinerosos que las instalan en apartamentos lujosos y las utilizan para aquello.
¡Muchachas despertad!
La vida y el mundo real son crueles, difíciles, y complejos, y por lo tanto escuchen a los mayores; lo que dice Don Waldemar, no se traguen historias fatulas ni cuentos de hadas como los de este tipo apodado Melo (“me lo” dice o me lo pregunta) y su asistente el gordiflón Gozzila. Estudien, aprendan, sean independientes, obtengan un diploma en algo; y no se entreguen a individuos peligrosos y potencialmente abusivos como cautivas árabes del siglo XVIII.
Yo sé que ahora estudiar en la universidad sale más caro que comprarse una casa a los 18 años como lo hizo De Jesús, aunque los políticos pintan la cosa muy bonita. Sin embargo para eso están los Community College donde pueden de a poquito cultivarse y transformarse en una flor sabia, y no simplemente en una muñeca de carne con ojos.
No tienen necesariamente que asistir a colegios caros de 25,000 billetes al año donde estudiarán en detalle las perspectivas infraestructurales del cultivo del trigo en las llanuras de Manchuria (por esto de lo Global), y en lo que algunos nenes y nenas solamente aprenden a beber, bachatear y darse gaznatadas los domingos como a las cuatro de la mañana después de las fiestecillas en la calle Vernon.
Muchachas, vuestra juventud y belleza es un tesoro, no la malgasten con tipos arteros que las arriesgan. Mientras tengan salud y eso tan importante que se llama vida, hagan cosas productivas que les asegure el futuro y no las marque para siempre con el estigma del fracaso. Si alguna vez sabes de Melo, no se te ocurra llamarlo y si te envía al gordo Gozzila, llámale la policía.
¡Caso finiquitado…por ahora!
La Tía que les quiere mucho
__________________
Nota del editor: Rogamos a los lectores varones de la Tía Julia que no sigan preguntándonos por el nombre de las modelos que ilustran esta columna ya que ellas son profesionales y no andan sueltas como otras que salen en otros periódicos y revistas. Por favor, más respeto.
|