“Por las noches, mi esposo parece astronauta”

Pregunta:
Tía Julia:
Encontré su periódico en la ciudad de Bristol y le escribo para darle las gracias por sus acertados consejos y ocurrencias.
Hace algún tiempo atrás leí una de las consultas en que una señora se quejaba porque el esposo hacia muchos ruidos por la noche, especialmente cuando comía aguacates o habichuelas negras. También la que consultaba nos decía que el hombre roncaba más que lechón después de una comelata en El Criollísimo.
Algo parecido le pasaba a mi esposo que es del floreciente pueblo de Vega Baja y con el que me casé, para bien o para mal, hace doce años. Cuando iniciamos nuestro hogar, el hombre estaba bien llenito, y con el paso de los años, y como le gusta como hago el arroz con gandules, ya parece cardenal italiano.
Como está cerca de las 240, como algunos empleados municipales, sus ronquidos aumentaron y a veces me asustaba porque como que en el medio del ronquido dejaba de respirar y yo tenía que meterle codazos en las costillas para despertarlo ya que el perro de la casa que es un Chihuahua se ponía a aullar y despertaba a los vecinos.
Fue al médico que tiene que ver con los ronquidos y le dijo que sufría de apnea. Tuvo que dormir una noche en el Hospital de Hartford y según me cuenta hasta lo televisaron. Entonces, el médico le recomendó una máscara como las que le ponen a los enfermos terminales que le ha ayudado mucho ya que ahora no ronca, duerme bien, el Chihuahua no aulla, y yo sueño con los angelitos. Además está a dieta, jugara béisbol en el parque Colt, y ha bajado dos libras. No le doy ni aguacate, mole, ni tampoco arroz con gandules. Después de las ocho de la noche se come un yogurt y un te sin cafeína que es mas sano que sopa de gallina viva.
Sin embargo, mi problema consiste en que ya se acabó lo romántico entre nosotros. Antes de la máscara con la que ahora parece astronauta y que suena como si se estuviera desinflando, Jonás era más espontáneo, y si se despertaba, me hacía cosquillas y se ponía bien cariñoso. Ahora ya a las nueve se pone la condenada mascarita y se queda dormido como si estuviera en una reunión del concilio municipal de Hartford donde nadie habla. Ya no me despierta de noche porque duerme como nueve horas y cuando yo me despierto, le veo con la escafandra con la que parece viajero espacial.
Estoy seguro que no me está engañando y que la mascarita le hace bien, pero creo que el tratamiento nos está separando.
Por favor aconséjeme.
Nérida
Respuesta
Mi querida Nérida:
Me alegro que tu esposo esté en ese tratamiento tan efectivo que le está quizás salvando la vida. El sobrepeso, como habrás leído en nuestro periódico es un factor que desarrolla presión arterial alta, diabetes, y en el caso de tu esposo, lo que se denomina un desorden del sueño.
Cada vez que Jonás dejaba de respirar en medio de un ronquido, el corazón del hombre sufría porque cesaba el flujo del oxígeno que respiramos y este músculo vital, ya cansado con la mochila que carga dentro de su barriga, sufría mucho.
Lo de la maquinita y la escafandra que dices, tiene sus grandes ventajas y desventajas. La ventaja es que tu esposo puede descansar mejor, su corazón no sufre sorpresas, y ahora puede tener más energía para caminar por las mañanas e ir al gimnasio a reunirse con Ed y José.
La desventaja mi amor, es que ciertamente ya no existen esos cariños fogosos y sorpresivos de las tres de la mañana porque Jonás no se despierta a medianoche, y como está muy cómodo con la mascarita, no lo entusiasman ni con la noticia del chequecito de consuelo de George Bush, el de los $600 para pagar en algo las tarjetas de crédito que son el colmo de la usura y el afrentamiento en este país donde pronto pagaremos $5 por galón de gasolina, por lo que deberemos andar en bicicleta.
Anyway, te recomiendo que hables con Jonás para que se ponga la máscara una hora más tarde y así ustedes puedan dialogar en el lecho y practicar reguetón en privado.
Por la mañana, pon el despertador como a las cinco, mándalo a lavarse los dientes, y si es posible a darse una lucha; y se quedan un tiempo en cama saludando la llegada del cara de gallo..
Con la mascarita y la potencial disminución del peso de tu esposo, quizás en el futuro los ronquidos cesen naturalmente y puedan nuevamente disfrutar de noches con sorpresas y romance. Me parece una buena idea que después de las seis de la tarde no coma yautía, aguacates, ni pastas, ni tampoco esas habichuelas que venden donde Rumaldo a las que llaman, las “musicales.”
También están las saludables siestas de los fines de semanas donde no tiene que usar la mascarita. Recuérdale que tiene que lavar la cajita del agua de la maquinita al menos una vez a la semana. Ahora que sabe lo de la escafandra, como tú dices, quizás pueda desarrollar una vocación de hombre del espacio, como algunos de esos que como a las diez de la mañana andan por la Park con una nota que da lastima.
Cuídate y sé paciente con tu astronauta.
Tu Tía
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Nota del editor: Rogamos a los lectores varones de la Tía Julia que no sigan preguntándonos por el nombre de las modelos que ilustran esta columna ya que ellas son profesionales y no andan sueltas como otras que salen en otros periódicos y revistas. Por favor, más respeto.
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