“Mi esposa insiste en usar bikini, pero no debiera…”
Pregunta
Querida Titi:
Le escribo no tanto para encontrarle una solución al problema, sino que para comunicarme con alguien en quien confío y compartir este rollo en mi vida que está más complejo que una sopa de letras chinas.
Estoy casado por doce años con una saludable dama del glorioso pueblo de Loiza con la que hemos tenido dos bellos nenes. Uno se llama Adonis, y el otro Miguel Angel.
Al igual que la Jennifer, mi esposa parió a los nenes por cesárea debido a un problema que tiene en la cadera y otras cositas de tipo médico que no creo necesario mencionar, pero que tienen que ver con los ovarios. Yo nunca he tenido problemas con la cicatriz en su vientre de la cesárea ya que en nada le quita lo atractivo a mi doña y también espero que Marc Anthony no los tenga con JL.
Con los años y el paso inexorable del tiempo que nos cae encima como una gotera incandescente; ha ganado algunas libras extras y ahora en este verano tórrido y más húmedo que nariz de gato, estamos teniendo problemas ya que si bien a mi me gustaba que usara bikini para verle la envidia en los ojos a los títeres de New Haven; ahora la cosa ha cambiado ya que se le notan unos rollitos en la cintura, y el cortecito de la cesárea se hace más que los cueritos caídos que “Laura de América” tiene en los brazos.
Hemos tenido varias discusiones ya que le he insistido que use un traje de baño más encubridor y una de esas batolas transparentes para la playa que se ven en las telenovelas. Ella responde que usando el bikini es la única posibilidad que tiene de coger sol antes de que llegue el frío invierno con su manto frío de niebla y escarcha intensas.
A tanto ha llegado el asunto que ya unas primas que tengo, más flacas que piojo de peluca y a las que le gusta correr la máquina; me han dicho que si Eva quiere ser candidata al concurso “la Reina del Arrollado” o le está haciendo publicidad al Guabate, y cosas como esas que dan mucho coraje.
Quiero dejarle en claro que no es que me avergüence de que mi jeva esté haciendo el ridículo; sino que me siento impotente ante el problema ya que debiera cuidar más su apariencia y complacerme, y no llamar tanto la atención de los títeres que se ríen de ella. En este punto de la disputa, le estoy diciendo que vaya sola con los nenes a la playa, y yo me quedo en la casa comiéndome un cable y mirando “Caso Cerrado,” donde ahora se dan también gaznatadas y los invitados tienen la tendencia a hacerse trisas..
Gracias de antemano.
Julián
Respuesta
Mira Julián.
De partida quiero decirte que después de leer tu metafórico e-mail con imágenes poéticas baratas y pasadas de moda como la de la vaquita baya, pienso que, o te crees Pablo Neruda o “Mr. América” ya que al parecer y del modo como hablas de tu esposa, es como si fueras un galán de telenovelas y no tuvieras rollos ni pipa.
Por otro lado Mr. Criticón, paradigma de los esposos desleales, nosotras las mujeres debemos soportarles a ustedes sin reclamar los ronquidos de hipopótamo, el hecho de que no se bañen por las noches, los ruidos espeluznantes que emiten después que comen habichuelas o burritos, y las barrigas lacias que les comienzan a colgar a los 30 años.
Una pipa como la que exhiben algunos tipos en la Main que creen que están acabando con esas camisetas pegadas y sin mangas; son muy molestas y las esposas tienen que soportar todo ese lastre de grasa en el lecho nupcial.
Es por eso que cuando se quejan durante el curi chin-chin-chin (como dice la Menchaca refiriéndose a eso) no es por placer, sino porque le están haciendo una presión desmedida en los riñones y en las articulaciones óseas de las caderas.
Por eso me preocupa que seas tan lambío y te andes preocupando tanto de lo del bikini y comportándote en forma tan desleal.
Cuando los seres humanos se casan por las tres leyes (la civil, la de la iglesia, y la otra que de dije), juramos estar unidos y apoyarnos tanto en los momentos gloriosos pero breves en que nuestros cuerpos son jóvenes, vitales, lozanos, y flexibles; como cuando con el paso de los años y la cadenciosa caída de las hojas del calendario, a ustedes les crece la barriga y roncan como lechones fañosos.
A propósito del cuerpo de ustedes y de los que se creen Adonis o Superman, una muchacha que me consultó al problema de la barriga de su esposo me confidenciaba que éste le había dicho una noche que “la barriga le había bajado” y ella le había respondido, “si, ya te bajó hasta las rodillas.”
En otras palabras Julián Adonis y poeta; te conmino a que de aquí en adelante acompañes a tu esposa a la playa o a la piscina y des la cara como hombre responsable demostrando que así como la embarazaste (no se dice preñaste) y después de dar a luz (no se dice parir ya que las mujeres no son yeguas), debieras asumir la responsabilidad de entender y aceptar que la mujer gana peso debido al proceso de maternidad y ¡por tu culpa!
Si tanto te preocupan los rollos y la cicatriz, regálale una membresía vitalicia a un gimnasio elegante con Spat y masajes; o llévala a un cirujano plástico de confianza y con licencia para que le ayude con lo del corte de la cesárea, u otras intervenciones quirúrgicas que ayudan a que la mujer mejore su autoestima y la dureza de los glúteos.
¡Déjate de mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga que tienes en el tuyo! Sé solidario con quien te soporta tus changuerías y ayúdale, no con críticas más ácidas y aburridas que las que emite Don Baba, sino con óbolos reales para que ella mejore su silueta.
En otras palabras poeta raquítico no seas duro y suelta el billete ya que como decía Napoleón, “él que la hace la paga.”
Adiós “sobrino,”
Tu “Tiíta"
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Nota del editor: Rogamos a los lectores varones de la Tía Julia que no sigan preguntándonos por el nombre de las modelos que ilustran esta columna ya que ellas son profesionales y no andan sueltas como otras que salen en otros periódicos y revistas. Por favor, más respeto. |