Joven obsesionado con su ex maestra de escuela elemental
Pregunta
Estimada Tía:
Le escribo desde el pueblo de Meriden y espero que me pueda aconsejar ya que si no lo hace creo que me volveré loco.
Cuando era niño fui a una escuela elemental en New Haven donde cursé el sexto grado. Yo era un estudiante que no sobresalía, un poco inquieto, más vago que la mandíbula de arriba y a veces agresivo.
Todo cambió para mi cuando llegó una nueva maestra puertorriqueña de Cidra que me impresionó de un modo extraordinario. Según me acuerdo era una muchacha joven de pelo negro y ojos de un tono verde con los reflejos intensos del mar de la Mona. Yo en ese tiempo no tenía malicia, pero sentí como que me invadía una magia interna y sublime, sobretodo cuando me hablaba con una voz dulce como el agua cristalina de un riachuelo, y me acariciaba el cráneo con sus manos tibias y suaves como brisa de Corozal.
Comencé a portarme bien, me convertí en un estudiante ejemplar, y saqué asistencia perfecta ya que no podía vivir un día sin verla. Lamentablemente la maestra se fue repentinamente a Puerto Rico por un problema de salud de su tía que sufría de hepatitis, y yo estuve muy triste por muchos meses al punto que mi mamá me llevó a una botánica en Hartford para hacerme un despojo de emergencia y un sahumerio.
Hace siete meses atrás yo estaba en un festival musical en New Haven donde tocaba un conjunto más desabrido que alcapurria de aluminio, cuando el día se me iluminó para mi como un destello febril al ver otra vez a la maestrita de mi infancia. A pesar de los diez años de separación me impresionó tanto como la primera vez que la conocí y por supuesto que la observé desde otro punto de vista, es decir ella como una mujer madura, y yo ya como un hombre hecho y derecho.
Me le acerqué y me presenté. Después de algunos minutos se acordó de mí y se alegró mucho. La acompañé por un rato hasta que para mi decepción llegó el esposo y nos tuvimos que despedir ya que el tipo se puso impaciente y parece que tiene mal genio. Desde ese día sueño con ella, sé donde trabaja y donde vive, y no puedo dejar de ir por las noches cerca de su casa para tratar de verla nuevamente. Estoy desesperado por hablarle, pero no me atrevo.
Ayúdeme con sus consejos,
Cachorro
Respuesta
Cachorrín:
Tuve que acortar tu carta que era más larga que una hipoteca de 30 años de casa refinanciada y todavía no sé como hay tipos como tú que se ponen tan obsesivos y más cargosos que esos avisos de políticos por la televisión en tiempos de primarias.
Lo de tu infancia que para el efecto no me importa mucho, lo encuentro «nice» y pasable, especialmente por el buen efecto que te produjo la maestrita esa que cambió tu vida y te sacó de la pereza espiritual que te caracterizaba y de tu vaguedad extrema que me parece aun te domina como espíritu malévolo. Mi impresión es que el despojo no te sirvió de mucho ya que sigues igual de atravesado y con una aguda tartamudez mental.
¡Quisiera yo que reaccionaran así muchos títeres que van a las escuelas a pasar el tiempo y molestar a los nenes y nenas que quieren estudiar! A esos no los cambia ni aunque su maestra fuera Miss Puerto Rico.
Estos casos de niños que se enamoran de sus maestras son muy usuales debido a esto de las peliculitas Súper X que dan como si no fuera nada por los canales de televisión hispanos a las 7 de la noche y debido a lo que cuentas me acuerdo de una historia que me relató mi tío Eddie en el que un muchachito de esos precoces de pensamiento, le declaró abiertamente sus sentimientos de amor apasionado a otra maestrita que le miró indignada y le dijo, «Mira Kelvin, sabrás que a mi no me gustan los niños.» El niñito ese en vez de quedarse callado le respondió, «no se preocupe señorita, los evitamos.»
Yo te rogaría que te olvidaras de este asunto ya que esa señora ya está casada, el esposo parece que se anduvo dando cuenta de hacia donde la mirabas y te puede hacer pasar un mal rato produciéndote una herida traumática en ese cráneo que acariciaba tu maestra porque seguramente eras muy cabezón, salmón y pesado.
Búscate una nena de tu edad que baile bachata y no te haría mal ver a un terapeuta (no confundir con astronauta) en la comunidad que te ayude a lidiar con obsesiones peligrosas y esas fijaciones eróticas de tu etapa de lactante extraviado.
Sigue escribiendo que quizás puedas dedicarte a las décimas de montaña adentro, o en caso de necesidad de chavos hacerle discursos al alcalde, pero mejora tu ortografía y utiliza con más cuidado la palabra «soportar» que en lengua cristiana significa «aguantar,» o «padecer,» y no «apoyar,» como dice alguien por allí.
Sinceramente,
Tu tía Julia
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Nota del editor: Rogamos a los lectores varones de la Tía Julia que no sigan preguntándonos por el nombre de las modelos que ilustran esta columna ya que ellas son profesionales y no andan sueltas como otras que salen en otros periódicos y revistas. Por favor, más respeto. |