“Mi esposo se pone
obsesivo con las enfermedades de fin de año”
Pregunta
Tía Julia:
Le escribo desde la floreciente ciudad de Willimantic, aunque preocupada por que no he visto el periódico últimamente por aquí. “La Voz” me la trae sagradamente mi madrina que trabaja en la alcaldía. De todos modos, quisiera hacerle una consulta acerca de mi esposo.
Este hombre nativo del hermoso pueblo de Orocovis de donde viene el conocido mapeyé, es más bueno que el pan. Me trata bien, trabaja constantemente, cuida a los niños, me deja ir a la casa de mi mamá, no es celoso, se baña, en fin, es un esposo ejemplar.
Lamentablemente, y cada año poco antes de la fiesta de Acción de Gracias, se pone más raro que sirena con minifaldas ya que no quiere ir a ninguna fiesta en casa ajena porque dice que en todas partes puede haber gente con el flu y que contaminan las comidas. Si yo estornudo me toma la temperatura y me obliga a acostarme, tomar dos galones de jugo de china al punto que no puedo salir de la casa por la necesidad constante que me da de expulsar el H20.
Si los niños tienen tos, quiere llevarlos de inmediato a emergencia y para que decirle si estornuda. Se vuelve loco y comienza a tomar píldoras y vitamina C en pastillitas. Ha llegado el extremo de que cuando vamos a una fiesta, incluso a la casa de mamá, insiste en llevar su comida aparte. Si me quiero comer un pedacito de cuero de lechón me lo quita diciéndome que me voy a poner como José que esta enchapado en grasa. Si trato de probar un ponchecito, me recuerda de la importancia de un hígado sano.
Todas estas cosas raras suceden hasta pasadas las octavitas. He pasado muchas verguenzas ya que cuando invita a gente para alguna fiesta en la casa les dice algo así como, “mire compadre yo soy tan feo como franco. Si está con síntomas de catarro o la doña está con el flu, mejor que se queden en la casa haciendo reposo.” ¿Qué le parece?
Olvídese de dar parrandas ya que dice que nos exponemos a neumonías, pulmonías, e incluso a la Poderosa. A mi encanta fiestar, ir a “la Casona” a escuchar música y ver a los políticos hablando sandeces, parrandear a las 3 de la mañana, tener gente en la casa para comer arroz con dulce y café de yauco, pero este hombre me limita. ¿Qué puedo hacer?
Mimaaz
Respuesta
Querida Mima:
En el caso de Mimo (tu esposo) hay solamente cuatro posibilidades como decía el pirata Cofresí. Primero, que haya sufrido un trauma que tenga que ver con neumonías crónicas, bronconeumonías fulminantes o diarreas que acaecieron en su infancia y que le estén afectando ahora su psiquis. Segundo, que esté aquejado por un desorden mental llamado obsesión compulsiva que tienen algunos alcaldes a los que les gusta controlar todo, incluso aquello. Tercero; que sea adicto a los juegos de video y esté comenzando a sentirse perseguido por extraterrestres. Cuarto, ahora no me acuerdo. También puede ser de estas personas que no creen en fiestas navideñas y que aceptan regalos, pero que no dan nada pa’ atrás (es decir, no reciprocan). Menos mal que en Hartford hay agencias de la comunidad que le pueden ayudar a tu esposo a recuperarse mentalmente y volver a ser feliz en estas fechas tan importantes para nosotros, sobretodo la Navidad, el Año Nuevo y el Día de Reyes.
Es extrañó que siendo este sujeto de Orocovis esté con esas changerías propias de los americanos nacidos en Boston que dicen que son más desabridos que mofongo de batata.
¿Como no alegrarse cuando una trulla de unos veinte llega a tu apartamento y te comienzan a cantar temas como el “Jolgorio,” “Saludos, saludos,” y otras canciones que despertarán a los vecinos y que quizás motiven a la vecina del segundo piso y que no te quiere, para llamar al guardia? ¿Cómo no pasarlo bien comiendo un cuerito de lechón soltero con 1500 gramos de colesterol y 700 de grasa? ¿Cómo no alegrarse saboreando un buen pitorro de esos de 135 grados que te ponen a ver a la gente doble y lo que es más peligroso hasta las carreteras?
Tu esposo tiene algunos puntos a favor, pero se le está pasando la mano. Ustedes están demasiado jóvenes para pensar que vuestro sistema inmunológico está en decadencia y que tienen que andar con mascarillas como los japoneses. Llévalo allí al 80 de la Jefferson para que lo destraumaticen y en último caso, déjate llevar por esta frase celebre del ex alcalde Mike Peters. “Los problemas que no se arreglan solos, es que no tienen solución.”
Suerte, y de vez en cuando déjalo en la casa acostado tomando vitamina C y Tylenol y tú te vas a dar parrandas con tus hermanos. Come cuerito de lechón y aprovecha este hermoso tiempo de pasteles y aguinaldos. En otras palabras, pásalo bien, pero no abuses
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Nota del editor: Rogamos a los lectores varones de la Tía Julia que no sigan preguntándonos por el nombre de las modelos que ilustran esta columna ya que ellas son profesionales y no andan sueltas como otras que salen en otros periódicos y revistas. Por favor, más respeto. |