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La bella y poderosa
Cartagena de Indias



+++ La ciudad fue fundada en 1533 por Pedro de Heredia que aprovechó sus condiciones de puerto natural y su bahía recogida. Pronto se convirtió en una de las principales ciudades españolas en América, por donde se embarcaba el oro a la metrópoli, y por tanto en apreciado botín, codiciado por las potencias europeas y por los piratas.

+++ Cartagena todavía mantiene la belleza de su urbanismo amigable e invitador al paseo en su reducto protegido por las murallas. Eso da a la ciudad una de sus características: el poderío.

+++ La ciudad se ha convertido en el destino turístico por excelencia de Colombia, tanto nacional como extranjero, y, dada la mejoría en la seguridad en todo el país, ha comenzado a atraer también a los grandes cruceros estadounidenses que durante años evitaron amarrar en su puerto.

Desde el cerro de la Popa se contempla una vista excepcional de la bahía de Cartagena de Indias y de las ciénagas; desde la impresionante fortaleza del Castillo de San Felipe se observa, sobre todo, la bahía y la ciudad amurallada.

Por: Enrique Ibáñez.
adm/EFE REPORTAJES.

Es sin duda una de las más bellas ciudades caribeñas, pero además de su belleza, Cartagena de Indias siempre ha sido una ciudad fuerte y altiva. Fue la primera en 1811 en declararse independiente de la Corona española y en sucesivos años se defendió de la metrópoli con tanta bravura que se ganó para siempre el apelativo de La Heroica.
Una ciudad fundada en 1533 por Pedro de Heredia que aprovechó sus condiciones de puerto natural y su bahía recogida, se convirtió pronto en una de las principales ciudades españolas en América, por donde se embarcaba el oro a la metrópoli, y por tanto en apreciado botín, codiciado por las potencias europeas y por los piratas.
Esta condición moldeó a Cartagena, que todavía mantiene la belleza de su urbanismo amigable e invitador al paseo en su reducto protegido por las murallas que, junto a los castillos y fuertes extramuros, dan a la ciudad su otra característica: el poderío.
BLAS DE LEZO, «EL TESO».
Y la historia así se lo reconoce tras los múltiples asedios y asaltos sufridos a lo largo de su historia, de la que forma parte con especial devoción para los cartageneros Blas de Lezo, el defensor de la ciudad que en 1741 logró evitar, con un número reducido de españoles al mando de una tropa de indios y esclavos, su toma por la armada del inglés Edward Vernon, la más grande vista hasta entonces, con 186 barcos y 27.000 hombres que durante dos meses la asediaron.
Blas de Lezo, tuerto, cojo y manco, tiene una estatua en Cartagena de Indias y el reconocimiento histórico de los cartageneros que siguen refiriéndose a él como «el Teso», el duro el firme, el inflexible.
El Castillo Grande y el de Manzanillo son los guardianes de la bahía y de la ciudad que se protegió con recias murallas salpicadas de baluartes. Sus fortalezas y su recinto amurallado fueron declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1984.
Hay que pasearla despacio o recorrerla en calesa, pero varias o muchas veces, para disfrutar de sus calles, de sus plazas, de su ambiente alegre y colorista; detenerse cuantas veces uno crea conveniente para admirar una vieja casona, un convento, un balcón; para recorrer desde el exterior, frente al mar, todo el perímetro de las murallas.
La Puerta del Reloj, frente al moderno Centro de Convenciones, da acceso al interior de la ciudad amurallada, que durante el día es un hervidero de gentes, un bullicio constante de vendedores y un trajín contínuo que provoca buscar la sombra para aliviar el calor y la humedad. O mejor, si es en las horas de la mañana, buscar el alivio de un recorrido en barco hacia alguna de las islas próximas o de la playa, donde las «palenqueras», descendientes de los esclavos de los reductos libres (palenques) con sus amplias faldas y sus frutas portadas en bandejas sobre la cabeza ponen color al ambiente.
ATRACTIVO SABOR COLONIAL.
La ciudad se ha convertido en el destino turístico por excelencia de Colombia, tanto nacional como extranjero, y, dada la mejoría en la seguridad en todo el país, ha comenzado a atraer también a los grandes cruceros estadounidenses que durante años evitaron amarrar en su puerto.
Al cruzar la Puerta del Reloj, bajo las murallas, la bienvenida la da la plaza de los Coches, un antiguo mercado de esclavos, que en la noche se convierte en un animado conjunto de bares, discotecas y restaurantes; un poco más al sur la tranquila Plaza de la Aduana con casonas coloniales junto a la hermosa fachada de la iglesia de San Pedro Claver, donde se hallan los restos de este defensor de los esclavos.
Todo está muy cerca, las vistosas casas con sus balcones, y sus calles estrechas invitan a caminar con calma para, sin darse cuenta y sin necesidad de planos, llegar a la Plaza Bolívar donde se sitúan la Catedral Mayor y el más llamativo Palacio de la Inquisición con su sobria fachada de piedra.
En cualquier rincón se pueden ver portones de antiguas mansiones, unas habitadas, otras convertidas en restaurantes o centros de distintas instituciones, casi todas con frescos patios interiores que invitan al reposo momentaneo.
La plaza de Santo Domingo es uno de los lugares más atractivos del «corralito de piedra» -como también se denomina a la ciudad vieja-, donde ante los impresionantes claustro e iglesia dedicados a ese santo se despliegan terrazas de cafés y restaurantes bajo árboles que regalan la sombra de sus ramas, durante el día y el bullicio de vendedores de artesanías y músicos durante la noche.
El amplio, sobrio y precioso claustro de Santo Domingo, que es la sede de la Cooperación Española, donde se imparten cursos y se programan exposiciones y conferencias, fue restaurado, por la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), que está haciendo lo mismo con la iglesia.
Un paseo nocturno extramuros o incluso hacia la zona turística de Bocagrande ofrecen otra visión de la ciudad, que sobrecoge por su belleza con la iluminación de las torres y cúpulas de sus iglesias y conventos, y por la fuerza que transmite la fortaleza del Castillo de San Felipe.
La Heroica no defrauda, se mantiene y ofrece amable todos sus encantos al visitante.

Las navidades son fechas especiales, señaladas, para estar con los seres queridos, dar y recibir, envolver, ilusionarse, hacerse propósitos con la esperanza de adelgazar o dejar de fumar, ver “Qué Bello es vivir” o “Love Actually” pero también para estar guapas, para cambiar de imagen y para sacar a la mujer más femenina y seductora que llevas dentro.  

Durante las vacaciones navideñas son muchas las ocasiones que se presentan para estar bella, para lucir deslumbrante. Sin embargo, puede convertirse en un quebradero de cabeza para la mujer coqueta. No es necesario dejar tiritando la tarjeta de crédito o comprarse un vestido para cada cocktail, cena o celebración a la que nos inviten.
Basta con disponer de unos `básicos´ navideños, una serie de prendas que sacarán de apuros a todas y cada una de las féminas que se proponga deleitar al sector masculino durante las fiestas.
LA FALDA DE VUELO.
Faldas en gasa o tules que vuelan por encima de tu anatomía. Los colores elegidos son los tonos tierra con toque dorados o de purpurina, los grises, sobre todo en la gama perla o plateado y el infalible negro. Estas faldas visten mucho por lo que son ideales para la última noche del año o para una cena arreglada con amigos o con compañeros del trabajo.
Según la formalidad del evento la combinarás con camisa blanca cruzada, si se trata de una cena o en caso de acudir a una fiesta, elegirás un top de inspiración vintage, amplío o bordado.
En cuanto a las joyas: largos collares de perlas y brillantes o perlas en las orejas conforman un look elegante y arreglado a la par que favorecedor.
De este estilo es fanática la diseñadora venezolana Carolina Herrera, modista de cabecera de la jet set neoyorkina. Se trata de una apuesta segura, asequible y que tan pronto vale para una mujer madura, como para una joven.
El pelo se lleva recogido en un moño alto, como el que portaba Audrey en “Desayuno con Diamantes” o en una coleta alta recogida y adornada con coleteros y horquillas-joya.
Respecto a los zapatos, éstos serán de tacón alto y preferiblemente de punta. Unos salones negros son la elección perfecta, aunque las que prefieran un estilo más juvenil se decantarán por zapatos coquetos de punta redonda y pulsera al tobillo.
EL PETIT ROBE NOIR.
Es otro de los básicos que te salvarán de cualquier compromiso navideño. Tanto de día como de noche se llevan cortos. Con medias tupidas si se trata de una comida durante el día y con medias finas y de brillo si la celebración tiene lugar por la noche.
Las jóvenes “fashionistas” las combinarán con botas moteras, que arrasan esta temporada, mientras que las más clásicas elegirán unos “stilettos” de tacón de aguja.
Los tejidos preferidos para la confección del mítico traje son el crêpe, el algodón o la gasa. Con zapatos de tacón de cuña o planos, estarás perfecta. El legging es su compañero ideal y puedes elegir el corte sin mangas o babydoll, pero nunca deben llevar drapeados o aplicaciones.
Al igual que con la falda de vuelo el peinado que mejor casa con el vestidito negro es la cola de caballo o un moño alto.
ORO Y PLATA.
Los colores metalizados se han hecho con las pasarelas de todos los grandes modistos, convirtiéndose en los colores del año, pero en Navidad todavía adquieren más importancia. Tiñen vestidos y bolsos a la perfección, también zapatos, tocados y complementos.
No olvides que no se puede llevar el look entero en oro, pues acabarías pareciendo una burbujita de champán.
Se materializan en tejidos como lamé, que lucirás en tops y cuerpos, tanto en oro como en plata y por medio de las indisplensables lentejuelas.
Éstas cuajan deslumbrantes trajes de noche y cuerpos, pero recuerda que sólo las lucirás de noche y en ocasiones muy señaladas, como Navidad o Fin de Año. También las faldas de largo a media pierna se visten de lentejuelas y se combinan con tops más sobrios.
EL TERCIOPELO.
El terciopelo es otro de los tejidos indispensables en estas fechas. Vestidos confeccionados en tejidos invernales te harán resplandecer, aunque crean un efecto óptico de mayor gordura por lo que es difícil dar con el que más te favorece.
Los colores más adecuados para el terciopelo son el rojo, el negro y el verde caza. Si en su vertiente de vestido no te convencen también puedes elegir lucir la tela en pantalones de corte gentleman o en chaquetas tipo “blazer”.
PANTALÓN NEGRO Y CHAQUETA DE SMOKING.
Hablamos de uno de los estilismos favoritos de las celebrities y diseñadores. Elegante, sobrio y un símbolo y referente en el imaginario cinematográfico. Se trata del básico indispensable del armario de cualquier mujer. Ya prefiera un estilo clásico, como elegante o “glamouroso”
Una manera de ir elegante y sexy es vestir una chaqueta sin blusa o top, con pantalones o falda. Especialmente queda bien con faldas a media pierna en tejidos de gasa, crêpe o muselina.
Yves Saint Laurent se encargó de popularizar la americana de corte smoking para las mujeres, consiguiendo que la chaqueta se convirtiera en una prenda habitual de la rutina de la mujer elegante y a la moda.
Ocurrió en los años setenta y aún hoy es común ver a las famosas más admiradas luciendo americanas en los eventos especiales. Uma Thurman, Angelina Jolie, Kate Moss o Elle McPherson son sólo algunas de las más bellas que conocen el poder de una americana bien cortada.
ENJOYADA.
No se trata de ir como un árbol de navidad llena de colgantes y joyas. Recuerda que menos es más, pero un toque de distinción y sofisticación se consigue gracias a una joya deslumbrante, nunca lo olvides.
Los collares de perlas de varias vueltas son el accesorio idóneo de cualquier estilismo navideño, de varias vueltas y muy largos, como los que puso de moda la diseñadora francesa Cocó Chanel, allá por la década de los 20.
Las más clásicas preferirán lucir cortos collares de perlas, que pueden ser de una sola vuelta, predilectos de Jackie Kennedy o Audrey Hepburn o de varias vueltas como los que lucía la estilosa Lady Di.
Respecto a los pendientes, si son grandes sólo llevará esa joya, prescindiendo de collares y pulseras. Los más favorecedores son los diseñados con brillantes o strass. Los anillos, por su parte se llevan en tamaño maxi. EFE.


 

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