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WASHINGTON
Henry González, colombiano, un compañero de trabajo y amigo de hace varios años, me recomendó hablar con Guillermo Bernal, un paisano suyo que tiene 33 años en Bridgeport, pionero de la oleada migratoria suramericana en el área; deportista, empresario y un fiel seguidor de los principios cristianos; para quien el servicio en Cristo, es la base de la alegría de vivir.
Obviamente, cuando González me describió a Bernal, me interesó de sobremanera, y ¡Por supuesto! que tenía que entrevistarlo para corroborar la teoría de Henry, de que es «un gran personaje».
Efectivamente. Viajé en tren desde Stamford a Bridgeport, por el temporal tan irregular me quedé encerrada en uno de los vagones de la locomotora y Guillermo Bernal, debió esperarme más de una hora y media en sus oficinas de Buyer’s Capital, ubicada en la 777 Summer Street.
«¿Discúlpeme, el tren se cambió de carril, entré en estado de pánico; pero aquí estoy?, le dije a manera de disculpa, y ¡efectivamente! funcionó, porque solamente me sonrió.
Por la noche me contó que su padre fue asesinado el 9 de abril de 1948 por parte de la guerrilla colombiana, en un hecho histórico que los colombianos lo conocen como el «Bogotanazo», una emboscada para asesinar al entonces candidato presidencial, Jorge Eliécer.
«El fue militar y con su vida pagó el servicio a la Patria», me contó Bernal.
«Ahí es cuando inició la sangrienta historia de la guerrilla colombiana», me explicó Henry González, en un tono de tristeza, tal como sienten todos los colombianos refugiados y los que están en su patria.
De temperamento sereno, Bernal me detalló con lujo de pormenores su inclinación al trabajo pastoral en la iglesia de San Carlos, parroquia a la que pertenece por décadas.
«Yo era dueño por 22 años del supermercado Caribe Market, pero hace ocho años lo vendí», me narró, para luego decirme que gracias a su hija Mónica se deshizo del negocio porque ella, de manera afectuosa le dijo que por trabajar y buscar dinero, se había alejado de la iglesia y de Dios.
«Ella tenía razón, yo dejé lo más por lo menos», me repuso, e inmediatamente me contó que actualmente se encuentra involucrado de lleno en la iglesia y que incluso a partir del próximo mes iniciará sus estudios de Diácono en la Diócesis de Bridgeport.
«Quiero servir a Dios a través del prójimo», me indicó, y yo muy aturdida le pregunté si es que podía con todo: La casa, su esposa, sus hijos, su negocio y hasta sus deportes, porque antes de venir a Estados Unidos, él fue maestro de Educación Física, incluso ha corrido por quince veces la Maratón de New York, y Boston; y se ha dado el lujo de formar los primeros equipos colombianos e hispanos de fútbol de salón en Bridgeport; y hasta tiene como amigo al campeón de la carrera de San Silvestre (Brasil), Víctor Mora.
¿Claro que sí?, me respondió, recordando que su esposa y sus hijos también son muy comprometidos con la iglesia y con el servicio a los demás. |