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BRIDGEPORT:
Hace más de veinte años, Beatríz Chodofh, nacida en Buenos Aires –Argentina, vino a los Estados Unidos, huyendo de los problemas políticos de su país y de una dictadura que sumió en la pobreza y en el terror a su patria.
“Nunca he podido ser inconsecuente con el sufrimiento de los demás y por eso salí de Argentina, porque políticamente todo era un caos”, me contó Beatriz, mientras servía de voluntaria como traductora en la Clínica Legal, un organismo encargado de manejar casos legales en las cortes a favor de los trabajadores.
Al inicio pensé que era una anglosajona más que estaba en el grupo de voluntarios profesionales, ayudando a llenar papeles y traduciendo los casos de varios jornaleros que esa tarde estuvieron en la Clínica para presionar a los patrones que les paguen sus salarios adeudados desde hace cuatro y hasta cinco meses.
¡De pronto!, con un perfecto español y con una sonrisa de complicidad, me respondió que estaba ahí ayudando para que los trabajadores sepan exactamente cómo se debe proceder legalmente ó como están caminando sus casos.
Inmediatamente la recordé, y sin más, le dije que le había visto en algunas reuniones del Consejo Hispano, una organización que reúne a profesionales de diferentes áreas y entre ellos comparten recursos, ideas e intercambian información.
“¡Por supuesto!”, me dijo, aunque admitió que últimamente no ha podido asistir a las reuniones, pero que diariamente esta organización le envía material vía Internet y que de esa forma está enterada de todos y de todo.
Mi primera pregunta al gran interrogatorio que le hice fue para entender cómo hace para salir de su trabajo desde Bridgeport, en el Hospital Siquiátrico Hallbroke behavoir Health Services de y luego acudir a Stamford, tras un día de intenso trabajo, tomando en cuenta que es sicoterapeuta y que se encarga de lidiar con casos de drogadicción y de pacientes con problemas mentales graves.
Enseguida volvió a sonreír y me respondió: “Soy intolerante al dolor ajeno, no depende de mí ver a la gente sufrir y no hacer nada. Por eso vengo a la clínica legal, en pos de ayudar en algo, para menguar un poco la angustia de nuestra comunidad y sobre todo de los obreros que por lo general son muy vulnerables”, me dijo.
¿Cómo es posible que les hagan trabajar y qué no les paguen ni siquiera lo acordado?, me lanzó la oración en forma de pregunta, y obviamente entendí que estaba frente a una gran dama que no solamente se queja del sufrimiento y la explotación, sino que está luchando de forma real con el abuso y ofrendando su tiempo y sus conocimientos para lograr –en primera instancia- educar a los patrones que ésta no es la forma de proceder, y a los trabajadores para que no se dejen explotar. |