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STAMFORD :
“Agradezco a Stamford Partnership, a Juan David Paniagua, a Felipe Berns, a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos, al Consejo de Consulta del Consulado de Perú en Hartford y a todos quienes me han enseñado el sentido de dar todo sin pedir nada a cambio”; fueron las primeras frases que Víctor Trejo, me dijo cuando le confesé mi intención de escribir sobre su carrera como líder comunitario.
Y me quedé gratamente impresionada, porque a pesar de que cuenta con gran popularidad entre los líderes de la ciudad y la comunidad de jornaleros; aun no logra reconocerse asimismo como un hombre al que los obreros de El Palomar, sus amigos de la Clínica Legal y la Sociedad de la Ciudad (Stamford Partnership), necesitan de su trabajo voluntario, porque no solamente es un apoyo a la hora de buscar soluciones, sino un puente importantísimo entre las autoridades y los jornaleros.
Es de las pocas veces que entrevisto a un líder comunitario, que de manera generosa y rayando en la sencillez declara un agradecimiento profundo a las organizaciones que le han involucrado en la coordinación del movimiento de los obreros de El Palomar; cuando- creo- sin temor a equivocarme, que son las organizaciones implicadas en la comunidad quienes deberían agradecer el trabajo generoso de Trejo.
Pero más allá de la sencillez de éste, el aporte de Trejo está en su natural y sencilla forma de relacionarse con los demás. “Hablar con Víctor aquí en El Palomar es conversar con un Pata (un gran amigo)”, me señaló Arnold Morales, un compatriota suyo, que hace mucho tiempo atrás dejó el Puente pero que periódicamente visita a sus compañeros de faena y en especial a Trejo, a quien le une una amistad añeja.
“Es muy lindo reconocer que en el camino hay gente que a uno le hace crecer”, me refirió Felipe Berns, Concejal de Stamford, cuando le conté la forma tan generosa en que se expresó de él y de las agencias comunitarias.
Pero sin duda, este natural don de relacionarse de manera afectuosa y de a igual a igual, Trejo lo trae desde sus épocas de adolescente, allá en Perú, cuando vivía en Huacho, un poblado cercano a Lima, en dónde participaba en la catequesis de su parroquia y más tarde como Jefe de Seguridad de la Universidad de Huacho y como estudiante universitario de la carrera de Sociología.
No por algo es el último hijo de Amancio Trejo y Alejandra Trujillo, y séptimo en la lista de sus hermanos, con quienes desde su infancia debió llevarse bien y seguir las leyes de cordialidad, ética y moral que sus padres le inculcaron. Valores que ahora a sus treinta y siete años los ha desarrollado a plenitud. |