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NORWALK:
Hugo Galarza, es la primera persona que conocí desde el primer día que pisé suelo estadounidense, y se convirtió para mi hija y para mí, en aquel padre amoroso y protector que todo inmigrante anhela encontrarse en una tierra desconocida.
El, a igual que miles de inmigrantes, cruzó la frontera de manera ilegal, recorrió de la mano de los coyotes (traficantes de humanos) toda Centro América y México, por dos largos meses, hace dieciocho años atrás, cuando en Norwalk, habían contados hispanos y apenas dos o tres tiendas en manos nuestras.
“Casi me morí en el trayecto, estuve totalmente enfermo, pero la solidaridad y el cuidado de mis compañeros de viaje, me ayudó a restablecerme”, me contó “Huguito”, como cariñosamente todos sus amigos lo llamamos.
Durante esta década he sido testigo de su lucha por traer a su familia desde el Ecuador y porque no les falte el pan de cada día a Yolita, su esposa, Lenín y Stephany, sus hijos; y a doña Cleotilde, su madre. A quien le dice, pase lo que pase: “mamacita”.
Recuerdo que en la madrugada, mientras todos dormíamos, él se levantaba para ir a trabajar en un restaurante griego, y ahí pasó alrededor de doce horas diarias año tras año.
“Hugo, es el muchacho más trabajador que conozco”, me dijo hace mucho tiempo atrás, mi ex patrón, Sayed Hassan, puesto que a la vuelta de su tienda se encontraba el lugar de trabajo de Huguito y como es tan cariñoso y generoso ha ayudado a que decenas de sus paisanos se instalen y consigan trabajo en Norwalk.
Hace apenas un mes, se hizo cargo del restaurante dominicano Los Taínos, que está ubicado a la vuelta del Hospital de Norwalk, en la 47 Steven Street. Ahí lo encontré la semana pasada, junto a su esposa e hijo, haciendo honor al refrán mariano: “La familia que reza unida, permanece unida”. Y mientras él guisaba junto a sus trabajadoras, su esposa licuaba los tradicionales batidos dominicanos y su hijo alegremente ocupaba la caja registradora.
“Cómo ha cambiado este lugar?, repuso un cliente mexicano que reparó en unas pinturas hechas al óleo, que adornaban las paredes del lugar, pintadas exclusivamente por Lenín, para Los Taínos, que le dan la impresión de no estar en un restaurante, sino en la cálida cocina de uno de nuestros países latinoamericanos.
Los Taínos, que en su inicio tuvo un concepto de comida del Caribe, al cambiar de manos, está añadiendo en su menú, los platos típicos de Sur América, en un esfuerzo por captar el aroma de la papa y el maíz; fusionada con el color del plátano verde, y la yuca; convertidos en mangú. Más la especialidad de la casa, un dorado pollo pasado directamente por la máquina bronceadora. |