

“Mi papá cree que este país es muy difícil para nosotras las mujeres inmigrantes, y ciertamente lo es, porque nosotros venimos de nuestros países tan ingenuas e inocentes que aquí a fuerza debemos abrir los ojos” |
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STAMFORD
Dos hoyos se forman en sus mejillas cada vez que con su explosiva sonrisa, me cuenta paso a paso los últimos ocho años de su vida, luego de que se mudó de su natal Ecuador, la ganadora de un sinnúmero de becas, que le han permitido asegurar sus estudios universitarios en Biología en el New Rochelle Community College de New York, un lugar exclusivo de señoritas con formación católica y de ser la única mujer con honores en participar en el programa de intercambio estudiantil promovido por el Instituto Nacional de Salud con sede en Washington DC.
“Solamente vine a pasar unas cortas vacaciones y a visitar a mi papá que vivía muchos años aquí en Estados Unidos”, me cuenta Blanca, con una ingenua sonrisa, mientras sus manos juegan y se mueven con cada una de las palabras, pero decidió quedarse –en contra de la voluntad de su progenitor- para probar suerte y con ella debió también mudarse su madre, quien se resistía a que su hija, la más pequeña, se quede sola a tutela de su padre.
“Mi papá cree que este país es muy difícil para nosotras las mujeres inmigrantes, y ciertamente lo es, porque nosotros venimos de nuestros países tan ingenuas e inocentes que aquí a fuerza debemos abrir los ojos”, me contesta con una alegre sonrisa, mientras los hoyos de sus mejillas se vuelven a pronunciar y suavemente deja deslizar un bolígrafo, conversación que se nos vio interrumpida porque mi teléfono sonaba insistentemente.
“Yo soy la primera en mi familia que ingresé a la universidad”, me dice, esta chiquita ecuatoriana, orgullosa de sus triunfos y logros, a pesar de considerarse una mujer de las minorías étnicas, puesto que le ha sabido sacar provecho porque gracias a su talento, esfuerzo y a su origen minoritario; ha podido costearse su carrera universitaria sin que sus padres se vean obligados en endeudarse ni en correr ningún apuro económico.
En adición a su vida estudiantil, Blanca formó parte de la Sociedad Nacional de Honores (Nacional Honors Society), del cual solamente los alumnos sobresalientes pueden pertenecer, para luego pasar al Colegio de Artes y Ciencias de New Rochelle, New York; en donde gracias a su dedicación logró ganar el primer puesto para obtener la beca del Instituto Nacional de Salud en Washington DC y tomar por 10 semanas entrenamiento especial en su especialidad, además de participar en la Sociedad para la Mujer Latina (Latin American Women’s Society); la Sociedad de Ciencias y Matemáticas y participar en un ambicioso proyecto científico con el Dr. Lynn Petrullo, profesor de Biología; además fue parte del grupo de ayudantes y voluntarios de la Norwalk Public Library, lugar en el que estuvo involucrada por cerca de cinco años.
Según ella, su éxito se debe a que jamás pospone sus tareas sino que las adelanta. “Si a mí me mandan a hacer una tarea para entregarla en tres semanas, yo lo primero que hago es hacerla en ese momento para tener tiempo para investigar y para estar tranquila los otros días”, responde a lo que considera la clave de su triunfo.
Poco después iniciamos una sesión de fotos y con su alegre y espontánea sonrisa, le preguntó a Brian Stone, supervisor del Departamento de Circulación de la Biblioteca, uno de sus amigos, quien de paso me refirió con Blanca, si estaba guapa para su sesión fotográfica.
“Estás linda pero si te arreglo los ojos estarías mejor”, le dijo, y a manera de broma trató de estamparle un puño, como señal de poner en sus ojos algo de color púrpura; quien luego con un gesto tierno besó y acarició su cabello. |