

“Quizás lo más difícil fue abandonar a mis padres y a mis dos hermanos por seguir a Gerald “Jerry” -me dice- en tono triste, que dejó atrás su natal California para seguir a su marido y con él sus negocios y su interés por la comunidad hispana. |
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STAMFORD
A primera vista, “Stella” se ve una chiquilla delicada, ingenua e incluso hasta menor de edad. Pero tras esa impresión está una economista encargada de administrar los negocios familiares, que van desde una pastele ría, una funeraria, una tienda de lápidas y grabados en mármol; más la academia de inglés, convertido en un proyecto sin ánimos de lucro, en respuesta a la generosidad de la comunidad hispana.
“Cada quien hace lo que le corresponde”, me dice “Stella”, con una amplia sonrisa, demostrándome serenidad y seguridad en cada una de sus palabras, no en vano estudió economía en Boston, Massachussets, y por eso, el resurgimiento de los negocios de la familia de su esposo, quienes son residentes de Connecticut de toda la vida. Y la posición de ella en las finanzas, como respuesta a su dicho de lo que sabe lo que está haciendo con sus cuentas, números, pagos y entregas”.
“Quizás lo más difícil fue abandonar a mis padres y a mis dos hermanos por seguir a Gerald “Jerry” -me dice- en tono triste, esta chicana (mexicana) de primera generación, que dejó atrás su natal California para seguir a su marido y con él sus negocios y su interés por la comunidad hispana.
Por eso no es de extrañarse que ahora esté involucrada en la Academia de Inglés Bosak, un proyecto estudiantil que intenta enseñar lecciones de inglés a los parroquianos de la iglesia de San Benito, un templo localizado en el corazón de Stamford, a donde acuden semanalmente un setenta por ciento de la población hispana de la ciudad y sus alrededores.
Pero en esta vida nada es casual, creo; porque si se pone como referente el éxito de Stella, se nota a una mujer preparada, con experiencia, y con un sentido del humanismo muy elevado; que solamente los seres sensibles pueden transformarlo en reciprocidad con su comunidad.
Hace unos años atrás su esposo me llamó por teléfono –como haciendo relaciones públicas- me contó sobre el proyecto escolar, pero lo que me llamó la atención fue que él y Stella fueran los maestros y que incluso sacaron dinero de su bolsillo y pagaron el valor de los anuncios de prensa para invitar a la comunidad a que se inscriban en su naciente academia, diseñada para enseñar inglés a corto tiempo y básicamente para trabajadores urgidos por aprender a comunicarse con los patrones y clientes.
Por eso, por abrir fuentes de trabajo y considerar a la educación como parte del éxito en los negocios, recibió en el 2003 de manos de la Gobernadora del Estado Jodi Rell, el premio estatal: “Joven Comerciante del Año”. |