

“Yo adquirí este negocio en 1962, trabajaba en una fábrica y se me presentó la oportunidad de comprarlo y lo hice sin pensar mayormente de lo que se trataba”, me contó; aunque para esa época ya había tenido sus primeras experiencias como negociante. |
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BRIDGEPORT
Hace un año atrás un pariente puertorriqueño quiso que conociera a Don Juan J. Prieto, dueño de la famosa tienda la “Esquina de Caguas. -Ese día- recuerdo, tomé un helado de coco y crema y saboreé un inmenso sánduche de pernil, acabado de salir del horno.
La tienda, ubicada en el corazón de Bridgeport, en la East Main y Cedar Street, pintada completamente de un verde estridente, supongo, nos recuerda a cualquier extranjero una de nuestras tiendas barriales.
Ahí había dulces, cigarrillos, jabón, pan, periódicos; y una infinidad de etcéteras que don Juan Prieto, sabe en que estantillo están. No por algo ha estado en ese mismo lugar por cuarenta y cinco años; en los cuales ha visto de manera directa los cambios radicales de esta ciudad y obviamente de este sector.
“Nací en Puerto Rico, en Cataño, una población que pertenece a Guaynabo”, me dice de una manera muy delicada, don Prieto, al que todo el mundo saluda, conoce y ha visto día y noche dentro de la Esquina Caguas.
“Yo adquirí este negocio en 1962, trabajaba en una fábrica y se me presentó la oportunidad de comprarlo y lo hice sin pensar mayormente de lo que se trataba”, me contó; aunque para esa época ya había tenido sus primeras experiencias como negociante.
“Este era un barrio de italianos e irlandeses, que poco a poco se fueron yendo porque los hispanos nos fuimos apoderando del lugar; nuevamente me dice, e inmediatamente ingresa un joven puertorriqueño, quien olvidó la cartera y al que Prieto le dice: “¡Eh!, aquí está tu cartera, la reconocí por el puñado de papeles que trae”.
Y sorpresivamente el joven le agradece de una forma muy familiar, como que si se tratar de un familiar cercano. Pero conforme con Prieto, simplemente era uno de sus tantos clientes que vienen diariamente a la tienda.
De temperamento amable, aunque de pocas palabras, Prieto representa la identidad y el orgullo puertorriqueño. Por eso es que su tienda sigue abierta a pesar de que los edificios contiguos prácticamente están abandonados o en etapa de refacción.
Jimmy Vega, un amigo de Prieto y de origen puertorriqueño, residente de Bridgeport por más de cuarenta años, ve en él a un patriarca que ha sacado adelante a su familia y ha sido el referente de varias generaciones de puertorriqueños.
“Yo fui a la escuela con uno de sus hijos, y siempre compraba confites en la Esquina de Caguas. Ellos traían dulces directamente de la Isla”, me contó Vega, un ex oficial del Departamento de Policía de Bridgeport.
Más allá de la percepción de Vega, más bien creo que Prieto pudo con su tienda solventar la educación de sus cinco hijos, quienes se graduaron en la Universidad de Bridgeport y trabajan en el Chase Bank de Shelton, en una compañía de maquinaria industrial, otra en el Hospital de Tampa en Florida y su hijo Pablo Martín, a quien piensa encargar la tienda cuando decida retirarse |