

Fabiola Espinoza, considerada una mujer encantadora, apasionada por la lucha a favor de los derechos de los niños especiales, hoy es la coordinadora del proyecto Abriendo Puertas de Norwalk. |
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NORWALK
Alguna vez, hace un par de años, Fabiola y yo nos cruzamos en el parqueo del Municipio de Norwalk. Ella estaba cargada de papeles y ajustaba el cinturón de seguridad de su automóvil a un niño pequeño. Hablamos brevemente sobre la importancia de la educación y la integración de los niños discapacitados; y ahí quedó el asunto, por falta de tiempo y coordinación de su agenda y la mía.
Pero, nuevamente la vida se volvió a cruzar en nuestros caminos y hace un par de días la encontré radiante, plena, llena de vida; diría que hasta rejuvenecida y más segura de si misma. Y saqué como conclusión que cuando las penas se lloran, se las acepta, se las canaliza y se sobrellevan, parece que son menos dolorosas y dejan lecciones de vida, de fe, de esperanza y de superación.
Eso es para mí, Fabiola Espinoza, que abatida por tener un hijo de nueve años con un severo nivel de autismo, decidió no esconder a su hijo en las cuatro paredes de su casa, sino salir a buscar recursos para que él pueda acceder –a su estilo y capacidad- a todos los derechos que poseen los niños.
«Es tan frustrante no saber como lidiar con esto que uno se vuelve vulnerable a cualquier señal de victoria o derrota», admitió públicamente Fabiola, al grupo de sus compañeras, que asistieron a la clase de Padres Abriendo Puertas, un taller que les permitirá a los padres de familia- en este caso- a las mujeres y madres de los niños- educarse para conseguir recursos y derechos que poseen sus hijos que tienen discapacidades.
«¡Fabiola, tu di todo lo que tienes que decir! Tu eres la líder del grupo», dijo Migdalia Rivas, miembro de la Junta de Educación y promotora de este proyecto, que ha venido desde Hartford para servir de motivación a las madres como Fabiola, que necesitan conocer sobre leyes, recursos federales y estatales que tienen los niños con discapacidades, de tal manera que puedan aprovechar todas las oportunidades que tiene el sistema educativo.
«Este proyecto para los niños especiales es mi vida», me contó Fabiola, luego de que todas sus compañeras y maestras se fueron, mientras alegremente limpiaba y ponía en orden el salón que el programa escolar START les había prestado para el taller semanal.
«Quizás lo que me más me preocupa es no saber que es lo que le duele a mi hijo cuando está enfermo», me cuenta Fabiola, y enseguida cambia su expresión alegre y su sonrisa por una de verdadera preocupación; pero inmediatamente toma impulso y me dice: «¡
Nada de lloros, lo nuestro es salir adelante. Y punto!
A propósito Ivonne Rodríguez, del Departamento de Relaciones Humanas Públicas, de la Junta de Educación, piensa que Fabiola es una mujer emprendedora y un modelo de inspiración que ha sacado a su hijo adelante y ha hecho del dolor un valuarte de lucha y un motivo de vida. |