

«Por eso creo que la educación es la única opción para la libertad», me señala de manera filosófica, concepto –que imagino- lo habrá analizado, sintetizado, teorizado y conceptualizado miles de veces para dar con la clave de su superación y éxito. |
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STAMFORD
¿Puedo llegar a tu oficina en cinco minutos?, me dijo muy cálidamente vía telefónica José Ríos Niño, un ingeniero mecánico de profesión, con una maestría en Inglaterra e Italia; más un título profesional obtenido en Lima- Perú; que gracias al apoyo de su primo Eddy Portocarrero y Juan Parada; le debemos su presencia en Stamford y con ellos sus doce años de trabajo a favor de la comunidad, la educación y el medio ambiente.
José siempre me ha parecido una persona de finos modales, muy elocuente al hablar y muy conciente de la realidad de los inmigrantes latinoamericanos. No por algo me dice: «que por ser extranjeros todos tenemos el deber y el derecho de cuidarnos, porque somos una especie de familia extendida».
Y basado en esa premisa de buscar el bien común y el de la familia ampliada, a la que hay que reunirla para recordarla que somos un solo ente, se involucró en el Centro Peruano-Americano de Stamford, en donde desde 1998 hasta el 2002, fue su Presidente; dirigencia que le permitió desarrollar su innato liderazgo para intentar unir –en su primer momento- a los peruanos del área.
«No podemos hablar de la unidad de los peruanos en el Community American Center (Centro Comunitario Peruano-Americano), me dice y sonríe; «porque si nos damos cuenta, los peruanos estamos involucrados por relación de parentesco, por asuntos de negocios, por amistad; con todos los latinoamericanos, anglos habido y por haber», reflexiona, calla y otorga.
Lógica a la que le añade el tema de la educación, porque de acuerdo con su análisis, solamente a través de ésta realmente nos fusionamos en un solo ente y abrimos nuestras fronteras hacia el universo.
«Por eso creo que la educación es la única opción para la libertad», me señala de manera filosófica, concepto –que imagino- lo habrá analizado, sintetizado, teorizado y conceptualizado miles de veces para dar con la clave de su superación y éxito.
Pero más allá de sus maestrías, de sus experimentos con el gas natural a través de sus estudios en Energía Renovable y Gas Natural, su trabajo de voluntario en el Norwalk Community College, a favor de los alumnos latinoamericanos de noveno a doceavo grado, para que puedan acceder a la universidad sin el riesgo de ser rechazados; me atrevería a decir que la llave de la ecuanimidad, la paz y la tranquilad que emana José Ríos – Niño, está en su familia; y con ella su esposa Cecilia y sus hijos Alessandro de 16, Renzo de 13 y Bryan de 11 años.
«Mi familia es lo más importante y por eso creo que la vida es una joya que hay que cuidarla para poder entregarla por completo a los tuyos y a lo que amas», me dice José, e inmediatamente me habla sobre su hijo Renzo, su niño especial, él que le ha permitido, según sus palabras, convertirse en un mejor ser humano y en un hombre que ama la vida por encima de cualquier adversidad.
Y después de esta conversación, entendí su afán de guardar en el cofre de sus recuerdos el recorte de prensa sobre José Feliciano, publicado a finales de mayo en este semanario, en la que la estrella boricua le dijo personalmente: «Enséñale a tu hijo a que no existe obstáculos para triunfar y que él ve con los ojos del alma». |