Infiel cae en
su propia
trampa y
ahora se come
un cable

Pregunta
Sra. Julia:
Le escribo con el alma desolada a pesar de que este tiempo del año es el mejor de todas las estaciones, sobretodo para mi ya que me llena de nostalgia.
Fui un hombre fiel por exactamente 19 años, hasta que caí en las redes de una mujer más seductora que algunas de esas atletas de las Olimpiadas que saltaban con la jabalina.
Todo sucedió en un momento crítico en mi matrimonio exactamente cuando la rutina en todo, incluso en el cuchiplancheo, se cernía sobre nosotros transformando todo en algo predecible, monótono, y más aburrido que bailar al ritmo de una gotera. Yo creo que estaba medio deprimido y con la madre de mis dos hijos la intimidad era repetitiva ya que siempre ella estaba cansada y yo como que me comía un cable.
Yo trabajaba tranquilo y feliz en una empresa importadora de carros donde tenía la reputación de tipo serio ya que no me involucraba en política ni religión, y no andaba echándole flores a las mujeres. Usaba espejuelos y mi apariencia no es la de esos títeres de 40 años que se creen teenagers, y que usan pantallitas, se tiñen el pelo, usan jeans vaqueros, camisas color peach, y más cadenas que estos muchachos de la Medow. Más bien era muy tradicional, usaba ropa de colores sólidos, camisa blanca o azul, y mis chalinas eran de colores discretos y no como las que lucen algunos burócratas o legisladores.
Un día me di cuenta que una muchacha cuya edad fluctuaría en los 30 y 35, comenzó a pasar constantemente por mi oficina y me mostraba el diente. Al comienzo yo también le sonreía pensando que era solamente una cortesía, hasta que de la noche a la mañana se sentó en mi oficina y comenzamos a charlar. Me dijo que era casada, que iba a la iglesia y que su esposo era bien chévere. Así, poco a poco, fuimos entrando en confianza y hasta comenzamos a tutearnos, cosa que yo no hago porque no me agradan estas confiancitas en la chamba.
Finalmente, comencé a caer en sus telarañas seductoras y a entrar en crisis ya que ella parecía disfrutar de mi nerviosismo cuando la veía y se me caía la babita. Un día salimos a almorzar y nuestra amistad se profundizó ya que comenzamos a hablar de nuestros propios matrimonios y de las crisis comunes que estábamos pasando. Por allí vino lo otro y terminamos bailando bachata en privado y cuchiplanchando repetidamente, como dice la Penélope Menchaca.
Mi vida se transformó, empecé a sentirme un joven galán de telenovela, me puse lentes de contacto, comencé a ir al gimnasio, perfumarme, bajé 20 libras de peso, me compré la ropa que ella me recomendaba, y de la noche a la mañana me vi involucrado en un affair que habría envidiado John Edwards que dicen le instaló hasta una casa a la amante.
Por supuesto que las relaciones con mi esposa se enrarecieron y ella intuyó que había algo. Comenzaron las discusiones, yo me iba por muchas horas al “gimnasio,” y así nos distanciamos. Por otra parte, esta dama que tiene muchos talentos escondidos que yo ni imaginaba y que es experta en posturas de guitarra y tocar el clarinete, se transformó en una obsesión y estuve dispuesto a unirme a ella, romper mi matrimonio, y casarme.
Repentinamente, así como el día en que me elevó a las nubes y me hizo ver el cielo azul, comenzó a ponerse muy esquiva, hostil, llegaba tarde a nuestras citas, como que ya no le gusto el cuchiplancheo, y finalmente, una tarde neblinosa y fría, me dijo lo que había, que debíamos terminar ya que las cosas con su esposo se habían arreglado.
Yo habría entendido eso, pero había notado que estaba coqueteando con otro tipo de mi trabajo y mi exasperación llego al máximo, hasta el punto que hasta pensé cambiar de empleo, perder los años de pensión y meterle su pescozada por infiel.
Ahora solo pienso en ella, sufro cuando me trata con indiferencia, y me como un cable cuando le dedica las atenciones a un tipo en el trabajo al que con cariño le decimos King Kong y que a pesar de que es peludo tiene mucha suerte con las mujeres. La llamo y me trata como a un extraño. Le he rogado que volvamos a nuestra luna de miel, pero me insiste en que ya está bien con su esposo.
En mi locura y celos la he seguido y he visto que se reúne los martes con King Kong en un Burger King. También he pensado llamar en forma anónima a su esposo y advertirle la jugada. Así estoy. Por favor aconséjeme.
Respuesta
Papo, Papo:
Claramente caíste como pez ingenuo en las redes de estas mujeres que andan por allí con el cuentito de que están las cosas mal en su matrimonio, se hacen las mosquitas muertas y después sacan más garras que una pantera.
En mi experiencia como consejera y asesora de almas azotadas por las turbulencias de la vida, he escuchado muchos casos semejantes al tuyo en el que individuos como tú, hombres y mujeres, caen en los jueguitos de vampiresas o vampiros que lo que desean es solamente colocar un nombre más en una listita extensa de amantes que guardan en la computadora.
Fíjate que esto tiende a suceder en matrimonios que están en crisis y en los que las parejas no hablan abiertamente de sus problemas, sobretodo del tema de la rutina. Me contabas en tu cartita que tu amante te decía a media luz que estaba enojada con su esposo porque la despreciaba por el color caramelo de su piel, y que él era más bien jincho, aunque se le notaba en la faz la hoja del banano.
También me decías que cada vez que peleaba con el otro infeliz que ya tenía protuberancias marcadas en el cráneo, semejantes a los cuernos de un venado, aumentaba el cuchiplancheo contigo como por venganza.
En conclusión Romeo cuarentón, caíste como habrán caído otros en la trampita y como dices en forma metafórica, en las redes de la vampiresa que al parecer tiene un problema serio ya que mientras va a la iglesia, tiene la foto de su esposo y los nenes en la oficina, se transformaba contigo y otros, en una experta en enredos extramaritales.
Por otro lado Papo, recuerda que nadie es perfecto, y si se caen las naves espaciales que las hacen entre mil personas, ¿cómo no podemos caer nosotros y nosotras que somos manufacturados entre dos? La cuestión ahora es que ahora no te craquees como un nene de 14 años enamorado de la maestra de inglés.
Muchacho, recógete, ya que en el momento de la resaca, ha llegado el momento sublime en que debes demostrar tu hombría y sacar pecho como macho. Esa mujer que necesita mejorar su auto estima cambiando de pareja en forma constante; ya está definitivamente en tu pasado porque en un momento dado se dio cuenta que te dominaba y que te tenía en el bolsillo, como le habrá pasado a otros.
Como necesita la atención constante de los hombres ya ha cambiado de pareja muchas veces, pero en determinado momento podría, para sentirse mejor, hasta regresar contigo por una o dos veces para conseguir más excitación y darle celos a King Kong. La verdad es que requiere ayuda.
Por tu parte, vete a un consejero que pague el seguro médico, y trata de poner tu vida en orden. Si puedes, pide un traslado y en vez de trabajar en East Hartford te puedes ir a Berlin, ya que estás hipnotizado aun por esta Jeva y el hecho de verla todos los días es comerte una ensalada de tachuelas.
Déjate ya de esas zanganadas de seguirla a los moteles donde se mete con King Kong y cronometrar porque demuestra que estas medio tostao. No se te ocurra llamar al esposo ya que puedes provocar un desastre para un matrimonio que tiene problemas, pero en los que de alguna manera dentro de su disfuncionalidad, como dicen los inclinados a analizar estos casos; pareciera que las cosas trabajan aparentemente bien ya que como indicabas, cuando ella camina con el esposo, parecen una pareja feliz que va a la iglesia todos los domingos.
Rompe totalmente las relaciones, no la llames más y trata de buscar ayuda profesional porque caíste en una forma de adicción sexual, creíste que ciertas cosas duran toda la vida, y esa locura de casarte con una mujer problemática como ella te hará desgraciado ya que si se casara contigo, lo cual y de acuerdo a mi experiencia lo dudo; sería a ti a quien te comenzarían a crecer unas protuberancias óseas a ambos costado del cráneo.
Con tu consejero o consejera, descarga tus frustraciones y pídele que te vean cada semana y que quizás te recomienden unas pastillitas chiquitas de color verde por un tiempo para tranquilizarte ya que estás más agitado que piloto de chiringa. Una vez que logres cierta paz interior, reconstruye tu matrimonio y concéntrate en recuperar el amor de la mujer que te soporta todos los días, cuida de tus hijos, y que está ajena, aunque lo dudo, a todo este embrollo de madre y pocas verguenzas.
Lo que te sucede debe ser curado como si fuese una adicción, así es que ándate con cuidado y deja de ir a La Casona a tomar vino rojo para consolarte y rememorar aquellos momentos de encuentros furtivos que terminaban en el motel de la Airport Road.
Suerte, y ni se te ocurra mirar nuevamente pa’al lado porque será peor.
Tu Tía que te estima y comprende.
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Nota del editor: Rogamos a los lectores varones de la Tía Julia que no sigan preguntándonos por el nombre de las modelos que ilustran esta columna ya que ellas son profesionales y no andan sueltas como otras que salen en otros periódicos y revistas. Por favor, más respeto.
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