Despuertorriqueñizando

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El poder económico, que antes era nuestro, pasó de manos. Ya son otros los dueños de todo. Y nosotros somos los que los enriquecemos… los clientes. Quedó atrás la provincialidad del Restaurant de Julián Vargas, el primero nuestro que aquí existió. Se apagó el soplete de Juan Vélez, el Jibarito de San Lorenzo y desapareció La Placita de Agapito con sus olores a recao, cilantro fresco y las yautías, los ñames y los apios artísticamente colocados en estibas piramidales.
El impacto en nuestra cultura ha sido grande. A penas se oye en la radio la música de nuestros artistas. Las voces de William Báez, Joe Pickard y otros tantos locutores Boricuas, verdaderos profesionales del micrófono, ya no tiene cabida en las ondas radiales. Se les exige irse a vender anuncios para sufragar su mísero salario semanal que apenas alcanza los $200.00. A venderle a quién si los dueños de negocios prefieren hacer sus contratos de propaganda radial con los de su propia nacionalidad. Busquen a ver a cuántos puertorriqueños esta gente emplea. ¿Cuántos eventos culturales puertorriqueños, a excepción del Desfile que es el río revuelto donde más pescan, tienen algún auspicio de los que ahora nos quieren vender todo? La música típica de Puerto Rico en el 840 AM – entiéndase la de cuatro, guitarra, güiro y bongó – fue arrancada del horario habitual de seis de la mañana que tuvo por más de treinta años para ponerla a las cuatro de la madrugada cuando el jibarito no la puede escuchar de camino al tabaco. Menos mal que llegó la Mega 910 a rescatarla con Freddie Ayala.
Ahora le servimos de punto a Omar Aguilera para anuncie La Plaza del Mercado usando el tal don Goyo, personaje de un jíbaro sanano que en lenguaje necio y palurdo se encanta con los especiales que le anuncia el que da a entender a través de su paupérrima alocución que tiene una dongoyezca audiencia a la que puede inducir a hacer cualquier cosa que él les anuncie. En otras palabras a través de este personaje, que no es argentino por cierto, Omar deja ver las costuras a la percepción distorsionada de jíbaros brutos que tiene de nosotros mediante este doble anuncio que refiere los especiales a la vez que la burlesca concepción que tiene del puertorriqueño.
Al Jibarito de San Lorenzo, que apenas alcanzaba para vivir con su negocio de enseres eléctricos usados, le hacía toda clase de adulación para sacarle el lechón y la música que presentaba su emisora año tras año en la carroza que montaban para el Desfile Puertorriqueño. A los pocos anunciantes puertorriqueños que le quedan los agarra una vez al año para el auspicio ya sea de los festivales de El Comerieño, las fiestas patronales de Comerío, el Desfile Puertorriqueño de Orlando, Florida o las parrandas navideñas. De El Comerieño las transmisiones se hacen por una línea de teléfono no equalizada que lo que deja escapar por las ondas radiales, en vez del sonido dulce y armonioso del cuatro, es una jauría de alaridos distorsionados, engendro de la antimúsica, que no se puede soportar. Pero peor aún es la falta de respeto a nuestra música cuando se va a Orlando y a Comerío a transmitir el Desfile Puertorriqueño y las fiestas patronales por un teléfono celular creando una distorsión sólo apta para locos. ¿Le importa a Omar que se nos juzguen como bárbaros por los que no conocen nuestra música y puedan creer que en lugar de un pueblo civilizado somos una tribu arcaica y troglodita?.
La emisora que ha hecho toda esta despuertorriqueñización tiene un director de programación que según anuncian es Omar Aguilera. El Desfile Puertorrique concurre con él en ese empeño al dedicar precisamente a él la edición del 2008. ¿Se podrá creer que no hay en todo este estado un puertorriqueño que merezca esa distinción?
¿Qué pasa? ¿Será que los más puertorriqueños que dicen ser han sido también despuertorriqueñizados? |