A Yuiza Constanza Ríos le encanta sentirse completa y absolutamente liberada…

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Soñar no Cuesta Mucho …es gratis


A Yuiza Constanza Ríos le encanta sentirse completa y absolutamente liberada en su departamento del centro de la ciudad, localizado en el décimo cuarto piso de un moderno edificio cuyos amplios ventanales dan hacia el río Connecticut bordeado de hielo.

Con su bata transparente color carne, deambula cual ninfa virginal por los iluminados cuartos observada con atención obsesiva por su gata Filomena que usualmente duerme durante el día para levantarse de noche con la esperanza de cazar roedores, serpientes o escorpiones con los que se enfrentaban sus antepasadas en las antiguas Persia y Egipto.

Yuiza es feliz en su entorno el que en ocasiones comparte con su novio Charles.  Este jevo lleva ya meses rogándole vivir juntos en la fórmula financiera denominada  “merge,” pero que en el país de Yuiza llaman de un modo estrujado, convivir o amancebarse.  Para Yuiza vivir con un gringo es todavía materia de reflexión y aconsejada por su madre, tías y hermanas, es cuidadosa y prudente.

“Esos tipos tienen cosas raras,” le han dicho.

Una mañana de marzo después de una nevada intensa y copiosa, propia de los meses de enero o febrero y en que Yuiza se preparaba para tomar una ducha tibia; escuchó un ruidito distinto en la cocina.  Temiendo haber olvidado apagar el horno, salió como dicen que andaba Eva, a explorar el medio ambiente, pero nada.

“Que jodienda,” musitó la fémina algo amoscada por la posibilidad remota de arrieritos fastidiando el parto.  En ese instante y dada la intuición natural de la mujer en lo que los tibetanos denominan la reacción del tercer ojo (con pupila); la joven sintió la siniestra sensación de ser observada.

Colocándose con prisa la bata color carne, examina con atención las paredes buscando alguna ranura impertinente, hendidura menor, boquete inoportuno, o una rendija perturbadora por donde un ojo humano impregnado en semen la observara de una manera perversa y ruin.

Eso le había acontecido en la universidad cuando una muchacha vecina en la residencia de la UPI, le permitió por $20 billetes a un primo hacer un agujero minúsculo en su baño a través del cual la observaban unos manganzones que le pagaban $10 pesos al felón por un espectáculo de cinco minutos.  Al principio no lograba entender su creciente popularidad y las miradas de deseo bestial de los tipos aunque todos decían que era bonita; pero un día la prima de otra amiga le contó la historia y su papá que es fiscal en Caguas y amigo de Rosselló, interpuso una demanda de madre a la institución de estudios superiores y a las familias de los ligones que pagaron cara la osadía.  A uno de los tipos le expulsaron ipso facto y los otros se transfirieron a la Interamericana. Además, descontando el 30% del abogado, las ganancias del juicio le permitieron estudiar en la prestigiosa Universidad de Harvard y sus padres darse un viaje por la Tierra Santa.

Todo ese triste acontecer de su vida le cruzó por la mente mientras examinaba el interior de los muebles en busca de minúsculas cámaras de video o grabadoras.

“Lo que sucede es que ya son muy comunes y aceptadas las perturbadoras acciones de los voyeristas instalados hasta en las respetables academias militares donde ahora se aceptan féminas,” se dijo y hasta pensó que fuese Charles quien la espiaba.

Por la tarde y después de asistir a la clase de Poesía del Renacimiento que dicta el profesor Richard Krunchi Moraga, Yuiza se olvidó del ruidito, llevando a cabo sus actividades rutinarias, pero ahora vistiendo una bata celeste de la línea “Ivanka,” como una forma de prevención.

Mientras comía una manzana y trozos de queso gallego acompañados de una taza de café expreso; volvió a sentir la extraña sensación de ser observada de un modo furtivo.  Repentinamente, y sintiendo un escalofrió que le subía y bajaba por la espalda, Yuiza vio con horror el perfil de un ojo dentro del micro ondas que poco a poco se fue desvaneciendo.

Armada de un cuchillo de cocina capaz de punzarle un pulmón a cualquiera provocándole una hemorragia de madre; la muchacha se acercó a la maquinita y abrió la puertecilla.  En su interior no había nada, sino cierto vaporcillo que se esfumaba en una esquina. Nothing.

Con terror llama a su amiga Bonifacia conocida como Bonny, pidiéndole que viniera enseguida ya que sufría de una emergencia.

“Alguien me observa desde el microondas,” le dijo a su compañera de estudios y mejor amiga.  La otra le preguntó si se había metido algo, estaba en “esos” días, tenía fiebre, o fumaba de la buena, a lo que Yuiza se negó enfáticamente.  “Lo que yo bebo es solamente te,” respondió enfadada.

“Hummmmmm,” dijo la otra y a los pocos minutos llegó al departamento armada de una linterna, un termómetro, y un lente de aumento.  Después de constatar que Yuisa no estaba afiebrada a causa de un flu, juntas revisaron cada pulgada del baño, la cocina y el dormitorio optando finalmente por limpiar el microondas con Lizol.

La amiga de Yuiza era una muchacha pragmática y tan racional como un vendedor de automóviles de segunda mano o reciclado, como le dicen ahora; y fue de la opinión de visitar un psicólogo.  “Puede ser el estrés provocado por los intensos estudios,” argumentó.

“Yo no estoy tostá,” respondió Yuiza algo ofendida, pero su amiga replicó que debido a la situación caótica que vive la nación, hay una epidemia emocional llamada “síndrome del microondas” o “la enfermedad de Conway.”

“Esto surge de las palabras de la care’ lija Conway, afirmando por televisión y a través de los medios de comunicación que el ex presidente Obama observaba a los ciudadanos a través de los microondas,” le dijo Bonny.

Yuiza se sorprendió.  Ya no miraba el televisor porque se sentía extraviada entre tanta mentira, falsedades, invenciones, apariencias, fingimientos y fraudes.

“De acuerdo a mi profesor de filosofía, desde el 2016 y durante la campaña presidencial, el mundo y especialmente los Estados Unidos viven en un estado de confusión, desconcierto y mescolanzas que ya nadie entiende,” afirma Bonny con vehemencia de partera licenciada agregando la fórmula latina con la que Poncio Piloto respondió a Jesús durante el viciado proceso legal donde se le condenó a la cruel crucifixión.

Quid est veritas? (Qué es la verdad?)

Tranquilizada por su amiga, a Yuiza solamente le preocupaba el cómo pudo ser afectada por la afirmación demencial de la Kellyanne Conway que despepita ante la prensa y las cámaras lo que le sale de buena parte con una sonrisa y sin arrugarse o mas bien sin que se le noten las arrugas ya que según un machista, su faz se ve infectada de la macilla que le han puesto para cubrirse las profundas arrugas producidas por el exceso de consumo del cigarrón y el alcohol.

“Lo que sucede, y esto es comprobado, son los llamados mensajes sublímales escondidos en información común y silvestre que Putin envía a través de las afirmaciones supuestamente inocentes e imbéciles de Trump,” dijo Bonny que antes de irse, le recomendó a su amiga que no se expusiera demasiado a los programas radiales del loco Michael Savage ni Brad Davis que usualmente hablan de cosas que no se ven y una sarta de barbaridades producto del pensamiento de los republicanos y del partido del te con leche.

“Por eso el pueblo de USA bebe tanta Kaka Kola y fuma,” termino de decirle su amiga.

Ya tranquila, Yuiza se quita la bata color celeste, se da una ducha y otra vez en la cocina comenzó a escribir una monografía a la que tituló “Los Mensajes Sublímales de Raíces Arquetípicas en la Poesía de Garcilaso de la Vega.”

De vez en cuando miraba hacia el microonda y desde ese día y por si las moscas; usaría solamente el horno evitando mirar mucho el interior de su refrigerador por esto que sucedía en la película Ghostbusters.

Solamente por precaución, le puso a la ventana del microwave una femenina cortinita color azul mar que hacia juego con el color de su acuario en los que los pececitos dorados parecían sonreír de un modo críptico.

JDB

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