Activista de Unidad Latina en Acción visitó caravana de migrantes centroamericanos en frontera mexicana

0
136
La joven inmigrante peruana y activista de Unidad Latina en Acción, Vanesa Emely Suarez, despidió el 2018 y recibió el nuevo año, ofreciendo su ayuda y recopilando información de lo que pasa en la frontera entre Estados Unidos y México con la llegada de cientos de inmigrantes procedentes mayormente de Honduras y Guatemala.

En los últimos años hemos sido testigos de las luchas que realiza la organización “Unidad Latina en Acción” en defensa de los derechos de los inmigrantes, tanto a nivel local como estatal.

Tanto John Lugo, el director de esta entidad sin ánimo de lucro, como Jesús Abraham Morales Sánchez, Vanesa Emely Suarez , y otros miembros de ULA, están siempre en pie de lucha buscando  justicia y dignidad para aquellas personas que sufren persecuciones y abusos por leyes ya establecidas o el cambio en las medidas migratorias del gobierno de este país. Y esa dedicación y esos sacrificios, han dado sus frutos en muchas de las ocasiones ya que el trabajo en conjunto de estos activistas de la comunidad ha podido revertir veredictos y reunificar familias a pesar de las amenazas de deportación que pesaban en contra de varias de estas personas.

Ahora bien, con motivo de la llegada a la frontera de México y Estados Unidos un par de caravanas de inmigrantes procedentes de Honduras  y Guatemala -quienes decidieron dejarlo todo en sus países de origen para ir en busca del llamado “Sueño Americano”-, la joven Vanesa Emely Suarez, una de las activistas de Unidad Latina en Acción, decidió  irse en vísperas de Año Nuevo para  la ciudad de Tijuana, México, con el objetivo principal de colectar información y a la vez tratar de  ayudar de alguna manera  a los cientos de inmigrantes centroamericanos que esperan ansiosos ser admitidos en territorio gringo.

Ella nos cuenta en este relato suyo porque tomó el riesgo de irse sola, lo que vio, sintió, y vivió en medio de la frontera en donde en la mayoría de las ocasiones, se ocultan los abusos y se esconden verdades.

“Nosotros trabajamos mucho en temas de Inmigración y deportaciones y cuando estaba sucediendo todo lo de la caravana, nos preguntábamos de qué forma podríamos ayudar, pero había un problema: En el caso de recaudar fondos a nivel local,  no sabíamos a quién recurrir para hacerle entrega de esos donativos, ya que nosotros como organización hemos tenido malas experiencias con abogados que trabajan con los inmigrantes pero que no todos son buenos; y también hemos aprendido que hay muchos grupos que ayudan, pero no todos lo hacen de una buena forma. Por eso fue que decidí viajar para palpar en carne propia lo que allí está sucediendo, y así fue como llegué a Tijuana el 31 de diciembre del 2018, en donde me quedé una semana”, señalaba Vanesa sobre su partida.

Lo primero que palpó la activista peruana al llegar “Chaparral”, una de las puertas fronterizas que cruzó de México para adentrarse en San Diego, California, fueron dos cosas completamente diferentes. “Allí, en el lado de los Estados Unidos pude ver cómo funciona el capitalismo. Uno solamente tiene que estar ahí parado para ver un gran centro comercial al fondo con  gente yendo y viniendo con rumbo a las cafeterías, los almacenes, y muchos otros negocios más. Es decir, a pesar de que la zona esta militarizada,  la gente sigue su rumbo ignorando la realidad de lo que sucede allí como si la frontera no existiera. De otro lado, cuando uno cruza de vuelta por “Chaparral”, con destino al territorio azteca, la cosa es diferente. Al adentrarme de regreso a Tijuana, vi que no chequeaban a quienes cruzaban de nuevo hacia México, ni nos pedían el pasaporte, algo que me sonó muy raro. Yo hice eso dos veces, ya que, a pesar de haber pasado todo el tiempo en Tijuana, dos veces ingresé a San Diego donde tuve sendas reuniones. En ambas ocasiones no me revisaron ni siquiera el pasaporte, lo mismo que a otros viajeros más. Solo pasaban el equipaje por las máquinas, lo escaneaban y ya.  Es decir, allí no realizan un chequeo consistente como es el que le hacen a uno pasando de México a los Estados Unidos, en donde si revisan a todos en general. En otras palabras, menos seguridad para salir y si mucha más para poder entrar a este país.”

En esas dos entradas a los Estados Unidos, Vanesa, experimentó sus primeros problemas. Los agentes de Inmigración le pusieron trabas aduciendo que esa no era ella la que aparecía en el sistema, y por eso no la querían dejar entrar siendo una mujer que se había naturalizado ciudadana. “Las dos veces que crucé hacia Estados Unidos de regreso, me querían negar la entrada,” aducía la activista. Ellos no creían que yo era la persona que aparecía en el pasaporte. Cuando chequearon el sistema se dieron cuenta que el pasaporte era verdadero, pero en el fondo dudaban que yo fuera Vanesa Emely Suarez. A pesar de que el sistema les daba mi imagen, no lo creían.”

Suarez agregó que para asegurarse que verdaderamente era ella, los representantes de “La Migra”, procedieron entonces a interrogarla más a fondo. Le preguntaron acerca  de su Social Security, el nombre de su progenitora, el número de teléfono que tenía cuatro años atrás, y otras formas de identificación. “Yo los entendí, porque con eso de la caravana y el clima que se vive allí, ellos tienen que tomar muchas precauciones. Lo que no me gustó fue el hecho de que cuando estaban revisando mi pasaporte me dijeron despectivamente: ¡No! Usted no es una verdadera ciudadana americana porque no nació aquí. ¡Usted simplemente se naturalizó, que no es lo mismo!”

“En este caso, uno se pone a pensar que hay un tema muy delicado en la frontera porque los guardias fronterizos están procediendo a hacer esa distinción. Es decir ¿quién nació en los Estados Unidos versus quien se convirtió en ciudadano?  Y eso puede afectar a la gente que se ha naturalizado.”

La joven indicó que en el lado de la frontera mexicana los guardias interrogan y vigilan mucho a las personas que están constantemente cruzando de un lado a otro. Ellos en su gran mayoría son turistas o gente de raza blanca que voluntariamente acuden para ayudar a los inmigrantes. “En este caso, las autoridades de ese país quieren evitar que las personas procedentes de Estados Unidos que se mueven constantemente por el lugar estén haciendo dinero aprovechándose de la situación, y más teniendo en cuenta que no tienen permiso para trabajar allí.”

Con relación a estos voluntarios Vanesa subrayó que en su gran mayoría eran gente blanca, y también había muchos que a pesar de tener raíces latinas eran ciudadanos estadounidenses.

Dijo nuestra entrevistada que en esa zona de “Chaparral”, es donde la gente que se mueve por Tijuana acude para solicitar un número y poder acceder a una cita con las autoridades de Inmigración. “En los otros estados de la frontera como son Texas y otros más, también existen lugares como este a donde la gente va a involucrarse en ese sistema de números con el cual están llamando a la gente diariamente. Y si te dan el número, hay que estar atento para cuando llamen, porque si uno se descuida, hay que volver a hacer turno de nuevo,” explicaba la activista.

Vanesa expresó que los componentes de la caravana de centroamericanos que llegó a la frontera, fueron separados de otros inmigrantes que buscan asilo y albergados en otros lugares. “Los sitios donde los colocaron las autoridades mexicanas, no son verdaderamente albergues. Son bodegas que han sido abandonadas y que carecen de baños para el aseo personal. Allí estas gentes duermen en el piso con una sola cobija, y bajo temperaturas demasiado frías. No hay calefacción.”

Precisamente, a Vanesa Emely Suarez le tocó dormir una noche en la calle, en momentos en que la policía hizo acto de presencia para desalojar a algunos de los refugiados de los albergues. En esos momentos pudo experimentar en carne propia los sufrimientos y sacrificios por los que tienen que pasar los inmigrantes para tratar de obtener la entrada a esta nación.

UNA COSA ES CON LA PRENSA AL LADO Y OTRA COSA ES SI NO HAY PERIODISTAS PRESENTES

La representante de ULA reveló que ella estuvo tomando fotos en los centros para refugiados en los alrededores de “Chaparral” y que todo cambiaba completamente cuando no estaban presentes los medios de prensa. “Yo pude tomar fotos y videos cuando fotógrafos y reporteros estaban allí. Sin embargo, la dinámica del momento y las relaciones cambiaban mucho cuando no se veían por ningún lado los que hacían las noticias. A mí misma me tocó experimentar como se comportaban los policías con nosotros cuando no estaba la prensa. Cuando observaban que merodeábamos por las afueras de esos albergues, nos corrían de sus alrededores. Y otra cosa: A los albergues no nos permitían entrar, porque según ellos eran propiedad privada. Y cuando se ausentaban los medios de prensa, para ellos toda la calle era propiedad privada, y por eso nos echaban. En medio de todo ese ir y venir, a mí personalmente me avisaron que me iban a arrestar si seguía presente allí, no porque tuviera tomando fotos, sino porque era un testigo más de lo que estaba pasando. En esa oportunidad, los policías mexicanos habían expulsado a un grupo de 20 personas de los albergues, y estos tenían que dormir en la calle. Y como los amenazaban que iban a ser multados para luego ser arrestados por estar en propiedad privada, tuvimos que conseguirles otro lugar que les sirviera de albergue temporal para evitar que fueran judicializados. De ninguna manera la policía no nos quería ver allí como testigos. Ni siquiera era porque tuviéramos filmando, simplemente era porque veíamos lo que estaba pasando. Es que el plan de ellos era desalojarlos y alegaban que nosotros interferíamos con eso. Eso fue lo que dijeron como explicación.”

Nos dijo Vanesa Suarez, que allí en la frontera entre San Diego y Tijuana no solo son los miembros de la caravana de refugiados centroamericanos, los que están buscando asilo. También allí convergen personas de otras partes del mundo que han llegado con el mismo propósito. “Vi a muchos haitianos y africanos que ya se encontraban allí antes de que llegara la caravana. Todos ellos se han concentrado allí esperando encontrar una forma legal de poder ingresar, ya que en muchos de los casos también vienen huyendo de la violencia, la persecución y los abusos que existen en esos países. Yo inclusive conocí a varios de esos inmigrantes que llevan allí uno, dos y hasta tres años esperando una oportunidad para poder entrar. ”

Vanesa Emely Suarez, nos habló de muchas otras cosas relacionadas a esta visita suya a la caravana de migrantes centroamericanos que se encuentran esparcidos en varios albergues de la zona de Chaparral, en Tijuana, algo que verdaderamente se ha convertido en una verdadera crisis migratoria que nadie sabe cómo terminará.

El lado más oscuro de todo esto es la separación familiar, ya que muchos menores de edad van a parar a otros centros de detención, lo que es visto con crueldad por las organizaciones de protección a la niñez, los padres de familia, y un crecido número de ciudadanos de este país.

Según un dato emitido recientemente por el diario “The New York Times” unos 700 niños han sido separados de sus padres desde Octubre del 2017 hasta la fecha, y 100 de ellos eran menores de cuatro anos. Y de acuerdo a un funcionario de Salud citado por “The Washington Post”, los establecimientos destinados a los niños están completos en el 91 % de su capacidad. Las medidas de combate a la migración clandestina que se plantea el gobierno republicano, harán que estos centros se vean desbordados. Mientras tanto no se ven soluciones positivas al respecto, mientras Demócratas y Republicanos se acusan unos a otros. No se dan cuenta que estamos ante una verdadera y gigantesca crisis migratoria, como lo pudo palpar en parte Vanesa Emely Suarez, la activista local de Unidad Latina en Acción. Ahora. Mientras todo esto está sucediendo, más caravanas se siguen formando…

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí