Acusan a Centro Comunitario para Inmigrantes (B1C) de hostigar a jornaleros

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Carlos Amaya, un ex trabajador de Building One Community (B1C), denunció el 26 de abril en los estudios de La Voz Hispana Radio TV de New Haven, el supuesto maltrato hacia los jornaleros, que Lupita Figueroa, gerente del Centro; pero pidió tiempo para hacer público unos audios en donde los trabajadores presuntamente se quejaron de ser hostigados. Videos que hoy reposan en el escritorio del Editor General de La Voz Hispana.

STAMFORD. Building One Community (B1C), organización que ayuda a los inmigrantes de la ciudad, ha sido acusada de presuntamente maltratar a los jornaleros que asisten al Centro, según una denuncia presentada ante la Comisión de Derechos Humanos y Oportunidades (Commission on Human Rights and Opportunities) por parte de Carlos Amaya, un ex trabajador de la institución, ex boxeador y miembro de la organización comunitaria LAMIAC.

Carlos Amaya, que laboró del 3 de enero al 6 de marzo del 2018, era un trabajador temporal que coordinaba eventos, contestaba llamadas telefónicas y alistaba los inmuebles antes de los eventos, contó que desde que ingresó a trabajar en el B1C el ambiente era hostil para los trabajadores por parte de Lupita Figueroa y enseguida mostró a la periodista Maricarmen Godoy los audios y videos con testimonios de los trabajadores que acusaron frontalmente a la gerente de B1C. Versión que fue corroborada por algunos ex trabajadores que ahora laboran en otras organizaciones sociales y que pidieron permanecer en el anonimato. 

La fuente reveló que el B1C dejó de ser un lugar para jornaleros y miembros de la comunidad y se convirtió en un Centro de “intereses laborales para altos ejecutivos. “Ahí hay que hacer una limpieza total empezando por los voluntarios que también han sido maltratados”, dijo la fuente, quien admitió que si la Justicia le pide declarar lo hará en su debido momento, pero que por ahora desea mantenerse al margen de las desavenencias y corroboró que en los pocos años del Centro hay un despido de al menos 17 trabajadores. Aseveración que fue desmentida por Catalina Sámper Horak, directora ejecutiva del Centro, quien sostuvo que solamente ha habido 2 despidos laborales.

 Carlos Amaya denunció la presunta hostilidad de Figueroa a inicios de abril en los estudios de la Voz Hispana Radio en New Haven, después del noticiero de En Vivo con Maricarmen Godoy, ante la mencionada periodista y el Editor General, Abelardo King, pero en ese momento, indicó que iba a hacerlo público cuando tenga en su poder el audio de unas quejas de los jornaleros.

 Amaya, coincide con algunos ex trabajadores que muchos jornaleros y trabajadores actuales “le tienen miedo a Lupita” y cuestionó que siendo una organización sin fines de lucro cobran hasta por una taza de café y los servicios de un abogado van desde 40 a 300 dólares”, repuso.

Ratificó que habló sobre estos maltratos, en su momento con Horak, con la directora de servicios legales de inmigración Adriana Podesta, la directora de finanzas y recursos humanos Alison Quinn y el director de servicios familiares y escolares Lorely Peche, pero sus preocupaciones fueron desatendidas y poco después fue despedido por supuestamente llevarse el cuaderno del manager de su oficina, según la denuncia. Aunque Amaya afirma que fue un pretexto porque estaba desestabilizando el lugar para evitar más humillaciones a sus compañeros.

Por su parte, Catalina Sámper-Horak, en una conversación con este semanario,habló sobre la conducta de varios jornaleros a quienes ha debido apoyarlos por encontrarlos con evidencias de drogas, alcohol y en un profundo estado de vulnerabilidad. Aceptó que los jornaleros luego de los reportes aparecidos en algunos medios de comunicación anglosajones, se encuentran redactando un código de conducta para evitar que haya suspicacias sobre los supuestos favoritismos o atropellos contra ellos.

Horak dijo sentirse sorprendida que Carlos Amaya, quien apenas trabajó tres meses en el Centro, haya podido hacer declaraciones por otras personas y sobre sus percepciones acerca del supuesto  trato hostil con sus propias conclusiones.

Sostuvo que si realizó una exhaustiva investigación sobre las quejas de Amaya y que sus abogados no encontraron evidencias para seguir con el caso. “Sabemos por los medios de comunicación que ha hecho una denuncia al Departamento de Derechos Humanos, pero a nosotros no nos ha llegado ningún documento que pruebe esto”, repuso Horak y horas más tarde afirmó que el Departamento de Derechos Humanos de Hartford aun no recibía ninguna queja formal por parte de Amaya, quien puso la querella en la oficina regional de Bridgeport.

Philip Berns, abogado de Inmigración, en un comunicado escrito, dijo NO representar legalmente a Carlos Amaya, aunque éste le dio una copia del documento con la autorización de compartirlo públicamente: “He escuchado rumores a lo largo de los años sobre un entorno que ha que muchos jornaleros no se sientan bienvenidos al Building One Community. El centro comunitario se concibió originalmente como un centro comunitario que incluiría un animado mercado de jornaleros pero a lo largo de los años, más jornaleros continúan yendo a la ubicación tradicional en la esquina de las calles South State y Grove en lugar del centro, diciendo, además de no sentirse bienvenidos y que el centro no atrae a suficientes empleadores para que valga la pena ir”.

Eva Padilla, líder comunitaria, que ha estado de cerca con el B1C desde su fundación como voluntaria, señaló su preocupación sobre las declaraciones de su “amigo Carlos Amaya”, y precisó que nunca ha presenciado un trato hostil ni a los jornaleros ni a los trabajadores por parte del personal, aunque si corroboró que en alguna ocasión un cliente se le acercó en estado inapropiado y ella debió ponerle un freno a su comportamiento. “Imagino que llegan muchas personas en estado no apropiado (alcohólicos o desolados) y su conducta es incorrecta por lo que muchos de los trabajadores deberán ser firmes y eso a lo mejor es lo que incomodó a Amaya, pero ¿cómo logras controlar el orden?”, expresó.

 

EN DEFENSA DEL BUILDING ONE COMMUNITY

Anne Downey, Presidenta de la Junta Directiva, dijo sentirse desilusionada con las declaraciones hechas por Amaya, sin entender por qué lo hizo cuando el Centro es un lugar seguro que está a favor de los trabajadores quienes se sienten familia entre sí y que basa su misión y filosofía en apoyo de los inmigrantes. “Stamford es una buena ciudad donde prevalece la unidad y la tolerancia y el trabajo del B1C es reflejo de una comunidad inclusiva.

Geovanny Lojano, nativo de Cuenca llegó hace nueve años a los Estados Unidos, de esos, tres vive en Stamford y desde el inicio de su instancia conoció el B1C gracias a sus amigos que esperaban trabajo en El Palomar (puente de los jornaleros). Desde siempre estudia ahí inglés por las noches y en invierno pasa en las computadoras. Hace tres meses tuvo un accidente en su bicicleta y Francisco, uno de los trabajadores del Centro, fue al hospital a visitarlo y ayudarlo; para su etapa de recuperación pasó dentro del B1C porque necesitaba ayuda para comer, beber y hablar. Afirmó que nunca ha visto nada inapropiado y siempre que puede ayuda como voluntario para mantener limpio el lugar.

 Carlos Nájera, de Jalapa, Guatemala, vive en Stamford desde hace 9 años. Llegó al B1C desde casi su fundación y aquí aprendió inglés, computación y destrezas laborales. Catalina Horak constantemente le remite clientes que buscan sus servicios. Nunca ha visto maltratos ni de los trabajadores ni de los clientes entre sí y sabe que NO puede venir bajo los efectos del alcohol porque no puede dar mal ejemplo a los niños que asisten al Centro.

René Martínez, también es de Guatemala,  lleva 14 años en Stamford y ahora tiene su propia compañía de jardinería, gracias a que aprendió inglés y destrezas laborales en el Centro. Es miembro del B1C desde hace casi siete años y llegó al lugar después de que Catalina y Déborah Sánchez fueron a promocionarlo en El Palomar. Dice que hay códigos tácitos para evitar problemas ante posibles clientes bajo efectos del alcohol. Nunca le han obligado a trabajar como voluntario y lo hace como parte de su manera de lograr que el Centro no desaparezca.

 A veces entran borrachos ellos se mantienen tranquilos y se retiran y Catalina les recuerda que hay letreros con leyendas que dice: no se puede beber ni hablar alto. Afirma que el B1C ha ayudado a personas que incluso han muerto y que constantemente van al hospital acompañándolos.

Este domingo a las 12:30PM en las instalaciones de Building One Community, varios jornaleros, voluntarios y allegados al Centro se reunirán para, a manera de conversatorio, los periodistas podamos tener la versión de la otra cara de la moneda, es decir, la defensa al personal y ejecutivos del B1C.

 

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