Cees Noteboom: “A veces hay que inventarse una memoria”

0
541
Publicidad

El holandés Cees Noteboom es, también, un ser único. Nacido en 1933, ostenta un nombre cuya extensión ya es metáfora de un viaje: Cornelis Johannes Jacobus Maria Noteboom, pero es solo Cees Noteboom para todos los fines de su azarosa existencia de escritor y viajero impenitente. Su bibliografía es igualmente caudalosa y ha cosechado varios galardones. Acaso se trata del escritor holandés más importante en actividad, lo que explicaría, en parte, su frecuente presencia en las ternas del Nobel de Literatura.

¿De las tumbas que ha visitado cuál le gustó más?

Hay diferentes sensaciones, porque no es solamente la tumba sino además lo que hace la gente allí. Por ejemplo, en la tumba de Cortázar, siempre hay una botella de absinta. En la de Vallejo es frecuente encontrar guantes, frascos de perfume y cartas que le envía la gente, pero claro, es difícil saber si Vallejo las lee (risas).

¿Los viajes son una metáfora de algo?

Para mí el viaje más que una metáfora es una práctica. Empecé a viajar a los diecisiete años y como dije una vez en un libro, le dije adiós a mi madre y, de cierta manera, nunca he vuelto.

En sus libros de viaje hay un ánimo temático. Por ejemplo, este libro del que me hablaba, el de las tumbas de poetas…

Es cierto. Y aprovecho para decirle algo más sobre la tumba de Vallejo. Me asombró mucho la primera vez que la vi. Me pareció estar frente a un altar animista. Trataba de imaginar a cientos de peruanos o quizá no solo peruanos, acercándose a esta tumba a dejar un frasco de perfume, cigarrillos, guantes, cartas y poemas. Como si se tratara de una adoración. Fue fantástico.

¿Escribir es también una forma de viajar?

Podría decirse que sí. Para mí estas dos actividades están muy conectadas, tienen una ligazón muy íntima y profunda. Después de cada viaje físico viajo otra vez, escribiendo. Un viaje fáctico y otro de papel, esa es la idea. Durante el viaje tomo notas todo el tiempo. Mi esposa es fotógrafo, de modo que lo que yo registro en palabras ella lo registra en imágenes.

En alguna parte leí que usted no tenía recuerdos de infancia, excepto la foto de su primera comunión y algunas imágenes terribles del bombardeo de la casa de sus padres por los nazis…

Sí… No es imaginación. Realmente no los tengo. De mis primeros seis años no conservo nada en la memoria. Y es una lástima, porque para escritores como Proust o Nabokov los primeros años fueron de altísima importancia. No tengo nada. Miro esa foto de la primera comunión y digo: ese soy yo. Pero no me recuerdo. Una vez, en Holanda, hicieron una exposición sobre mi vida y obra y estuvimos buscando información sobre lugares: casa, escuela; también personas, mis primeros maestros, por ejemplo. No encontramos nada.

Quizá por eso es escritor, para inventarse esa memoria.

Pues a lo mejor sí (risas). A veces hay que inventarse una memoria. Me educaron mis padres. Ellos se divorciaron y mi padre murió en la guerra, en 1945. Luego mi madre se casó con un hombre muy católico que me inscribió en una escuela religiosa, de franciscanos, de la que me expulsaron muy pronto (risas). Luego pasé por los agustinos, pero también me expulsaron. No terminé la escuela, pero allí conocí y leí a los clásicos, algo que a la larga fue una experiencia fundamental para mí. Ovidio, Homero, un tesoro.

¿Le provoca algún tipo de ilusión ser mencionado con frecuencia entre los candidatos al Nobel de Literatura?

No. La verdad no. Me lo dicen cada año. Un día me llama mi editor sueco y me dice: “queremos saber dónde estarás mañana todo el día”. Y Modiano ganó (risas). ¿Sabe qué? Ya estoy demasiado viejo para estas cosas.

¿Le interesa lo que dicen los críticos sobre sus libros?

Hay muchos escritores que mienten sobre esto. Dicen que nos los leen, que no les interesa. Yo no les creo. Y sí, yo leo a mis críticos.

¿Y qué opinión le merecen las cosas que lee?

A veces me enfado. Otras me enamoro.

¿Qué autores de lengua española le interesan más en este momento?

Siempre leo a Borges, todo el tiempo. Recientemente he leído un libro de Javier Cercas, una novela titulada La velocidad de la luz. Un libro extraño, pero muy poderoso. He estado leyendo también a un chileno, Alejandro Zambra. Me gusta Bonsai. Zambra ha ganado hace poco un premio importante en Europa y yo escribí el texto para la premiación. También me interesa Valeria Luiselli, una joven escritora mexicana a quien he prologado para una edición inglesa.

¿Está escribiendo algo en este momento?

Tengo casi terminado un libro sobre Venecia. Espero que aparezca en enero.

Usted ha escrito muchos géneros: novela, ensayo, crónica, poesía. ¿Cómo le gustaría ser recordado, como viajero, como poeta, como novelista?

No deseo ofender a nadie. Usted sabe que yo he escrito novelas, pero nadie habla de ellas. Pero al margen de eso, la poesía es algo muy importante en mi vida. Muy pronto saldrá un libro de poemas míos en Visor, bajo el título Luz en todas partes.  No hace mucho pasó algo que me conmovió. Estaba en España, en una conferencia. En la primera fila había una muchacha que levantó la mano supuestamente para hacer una pregunta y recitó un poema mío. Eso contesta la pregunta, me parece.

_______________

Agradecimiento: Alonso Rabí (https://plumaspalabras.blogspot.pe/)

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí