Alberto Fuguet (7 de marzo de 1964) es un periodista, escritor y cineasta chileno. Ha destacado, desde principios de la década de 1990, como punta de lanza de la Nueva Narrativa Chilena. Ha publicado los libros Sobredosis, Mala onda y Tinta roja, entre otros. Hace poco Editorial Alfaguara ha publicado Missing, su más reciente obra.
- ¿Escribes desde pequeño?
No, no se me hubiera ocurrido y no me interesaba.
- ¿Cómo sucedió?
Tiene que ver con Estados Unidos, me crié en Estados Unidos y mi idioma original es el inglés.
- Sin embargo, ¿escribes en castellano?
Sí... viví en California hasta los doce años, que no es una edad tan desechable porque creo que un escritor se forma a cierta temprana edad. Pero a los doce no tenía ningún interés en ser escritor, quería ser sólo un chico californiano...
- ¿Te consideras un intelectual?
No, pero me sentía interesado en la palabra, no tanto por la palabra en sí, sino porque era la herramienta que tenía y la única manera de aprender; en aquella época comencé a leer, a leer y a escuchar.
- ¿Qué rutina sigues para escribir?
Cada libro es un poco distinto; admiro mucho a [Mario] Vargas Llosa pero trato de no obligarme todos los días, porque hay algo de trabajo, y para mí es un trabajo pero también es algo lúdico y no me quiero forzar tanto como para todos los días sufrir. No quiero hablar de musas, para mi se parece mucho al rodaje de una película, cuando tengo toda la preproducción lista y el guión y la plata, y eso lo puedo hacer haciendo otras cosas, la preproducción es mucho más lúdica para mí, o sea no me presiono. En Washington no me resultó, creo que Vargas Llosa hubiera terminado su beca con el libro listo; a mi no me resultó. Pero una vez que me largo, soy súper disciplinado y es como el rodaje de una película: trabajo casi 24 horas, mientras que dure el rodaje del film. Si el libro se demora dos años, estoy muy involucrado.
- ¿Has usado drogas?
¡Wow!, sí...
- ¿Ya no las usas?
No... tampoco soy Nancy Reagan, ya no me funcionan, si me funcionaran las usaría, no es un problema moral, es más bien un problema físico...
- ¿Las usaste mucho tiempo?, te pregunto porque está en lo que escribes.
Es raro porque siento que no tienen nada que ver. Las usaba no tanto para escribir sino porque yo sentía que tenía que usarlas para sobrevivir. Me daban una energía extra, ahora tengo otros highs...
- ¿Cómo dejaste el hábito?
¿Cómo lo dejé? Nunca había hablado de este tema, cambié el vicio. El vicio de ahora es crear, de verdad...
- ¿O sea que la literatura te salvó?
Más que la literatura, verme como un creador; no me siento un escritor, me veo como un creador.
- ¿Bendecido o maldito?
Bendecido.
- ¿Cuál fue el primer libro cuya lectura te marcó?
El primer libro que me marcó en español fue uno muy poco conocido titulado Papelucho, parte de una colección infantil escrito por una señora, sobre un chico que escribe un diario. Un libro muy básico, pero un poco Mala onda está inspirado en eso. Fue el primer libro que leí en español que no era ambientado en el siglo diecinueve y me pareció que el español podía ser user friendly. Después Vargas Llosa me impactó bastante..., sentí que había un pack y que podía pertenecer. Para volver a la literatura como salvación, ahora estoy haciendo cine y no lo divido para nada.
- Para terminar... ¿Crees que la literatura del próximo milenio se concentrará más en lo urbano que en lo rural?
Urbano me refiere un poco a los escritorios, el grupo urbano de mañana puede ser el disco duro del computador o el web. Eso es extremadamente urbano. Aunque no soy muy borgiano, me parece que Borges fue el primer escritor del web; reconozco que en eso se adelantó totalmente a su tiempo.
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*The Barcelona Review








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