A la caída del imperio romano, Europa entró políticamente en una época de caos, durante la cual reyezuelos de las tribus invasoras lucharon entre sí con el objeto de asegurar sus propiedades y extender su dominio. La desintegración administrativa hizo que Europa Occidental sufra unos siglos de retraso.
Las condiciones sociales y económicas empeoraron ante la constante amenaza de invasiones y guerras regionales. Los campesinos indefensos se sometieron a los propietarios de tierras extensas o a las autoridades de las ciudades. Mientras tanto los conquistadores repartieron entre sus guerreros las tierras de los vencidos y formaron así una clase noble. Los métodos de producción agrícola e industrial no se transformaron y, las clases bajas adoptaron los métodos de la época imperial como consecuencia de los siglos de convivencia bajo la égida romana.
La heredera real del imperio romano fue la Iglesia. En las ciudades, como la fe cristiana era la religión oficial del imperio, los clérigos se arrogaron la autoridad abandonada por los funcionarios imperiales. La Iglesia funcionó como guardián de la cultura romana y, gracias a su organización avanzada, pudo conservar lo más valioso de la civilización de Roma. La organización eclesiástica de los siglos IV y V que favorecía la estabilidad política y social fue conservada por los conquistadores.
A la aceptación de la fe cristiana por el emperador Constantino en el año 312 siguió el otorgamiento a la Iglesia del derecho a ser dueña de propiedades. En general, la Iglesia se valió de sus derechos señoriales según la ética cristiana, asistiendo a los pobres, convirtiendo a los paganos y reduciendo la esclavitud. Fue importante su acción en la lucha contra la usura actuando como institución de crédito. La Iglesia, por intermedio del monasterio contribuyó enormemente al desarrollo de Europa Occidental. Con la ayuda de los religiosos, los papas del siglo XI pudieron instituir la reforma del episcopado y resistir a las pretensiones de reyes y grandes propietarios, como resultado se centralizó el poder eclesiástico en Roma, cuando el papado se convirtió en una monarquía más poderosa aún que el poder temporal.
A finales del siglo IX apareció un tercer factor en la sociedad, fueron los comerciantes y los artesanos de las ciudades, quienes debido a la inseguridad se asociaron para su protección mutua, a veces bajo la égida de un obispo. La importancia de esta clase productiva como contribuyente al señorío facilitó la obtención de privilegios y derechos en la forma de cartas de incorporación. Entre tales privilegios, los más importantes fueron las facultades de tener mercados y ferias bajo el control comunal, de tomar medidas para la defensa de las ciudades y de imponer tributos. En el siglo XII, Europa Occidental gozó de un período relativamente pacífico. Con las guerras contra los sarracenos en Tierra Santa se reanudó el contacto con Bizancio y el Cercano Oriente, mientras que por otro lado las mismas guerras estimularon la especulación monetaria. La expansión del comercio y el aumento de prosperidad dieron a las ciudades un nuevo poder que presagió una lucha contra las fuerzas del feudalismo.
Bizancio
La construcción de la nueva capital del emperador Constantino terminó en el año 330. A la caída del imperio de Occidente en 476, Constantinopla (o Bizancio) se convirtió en centro de Oriente. En realidad, la civilización bizantina fue más griega y oriental que romana pero, durante la desintegración del imperio de Occidente, Bizancio siguió una política de conservación de la cultura cristiana y de unidad del mundo mediterráneo. El emperador Justiniano luchó con éxito contra los vándalos en África y contra otros invasores teutónicos en Italia. En su época se construyó la catedral de Santa Sofía en Bizancio y el código civil del emperador jugó un papel muy importante en la vida intelectual de la Edad Media, pues fue la base de los estudios de derecho romano.
En los siglos siguientes el imperio de Oriente resistió a los ataques de los árabes y frustró sus proyectos de difundir la religión de Mahoma en los Balcanes. Sin embargo, con la conquista de África del Norte y de España por los musulmanes, se transformó el mundo mediterráneo. El idioma árabe se estableció como medio cultural donde anteriormente reinaba el latín y la civilización de los árabes superó a la de Occidente. La Europa medieval se halló en deuda con las universidades de España por sus conocimientos de medicina, óptica, alquimia, matemáticas y, sobre todo, por la conservación, gracias a las traducciones, de las ideas de Aristóteles y otros filósofos griegos. De Oriente, los árabes llevaron el álgebra y las cifras que constituyen la base de la computación moderna. Sus ingenieros introdujeron en España, el cultivo del arroz y de la caña de azúcar mediante canales de irrigación, y sus artífices sobresalieron en la producción de artículos de cuero, de vidrio y de marfil.
En próximas entregas se expondrá este fascinante recorrer del hombre sobre la faz del planeta tierra.












Si lo vi, lo escuche o lo pude leer... te lo voy a contar pero que esto quede acá entre nos.
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