jueves, 17 may 2012

Última actualización:04:31:10 PM GMT

    

La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

El triunfo de la ignorancia y una derrota de los valores de éste país

“Siempre algo o alguien parecen entorpecer nuestro camino y nuestro avance. Pero siempre tendremos la opción de salir corriendo y encaminarnos en otra dirección. Por difícil que parezca, siempre podemos empezar de cero y nunca será un completo cero”, me correspondía Patricia, una ilustrada amiga desde el Sur.

"Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho más para ser insignificante”.
Charles Chaplin

Como sabemos: cinco senadores demócratas y 36 republicanos, presentando las evasivas de siempre, mataron las posibilidades de concretar el Dream Act este año para cientos de miles de jóvenes indocumentados. Para lo cual es importante que sepamos un poco los detalles casa adentro: hubieron cinco demócratas que personificaron al bíblico “Judas” y votaron en contra de la Ley. Sus nombres: Max Baucus y Jon Tester, de Montana, Ben Nelson, de Nebraska, Kay Hagan, de Carolina del Norte, y Mark Pryor, de Arkansas.

Lo “inicuo” de todo esto es que uno de los defensores en el pasado, fue el principal detractor de la Ley, el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, quien desde el pleno, escupió veneno en el edredón de los “soñadores”. Hasta algunos de los republicanos que en el pasado defendieron el Dream Act, no se presentaron a votar, como el senador de Utah, Orrin Hatch, quien irónicamente faltó para asistir a la graduación de su nieto. Tanto Hatch, como John McCain y otros republicanos que en algún momento vieron con simpatía la causa de los jóvenes, bajaron el dedo y mostraron sus espaldas. Prohibido olvidar al Senador republicano Scott Brown de Massachusetts, quien días antes dijo que el Dream Act se trataba de una “amnistía encubierta” y advirtió que iba a votar en contra del proyecto.

Estos senadores “atrasa pueblos” que fungen como “conserjes” del destino económico de la nación, “optaron por esconderse detrás de excusas cobardes y el partidismo”, según calificación de Angélica Salas, (CHIRLA). Si bien, estos senadores temerosos que votaron en contra de su propio futuro al bloquear los sueños de los estudiantes, hay que decirles que las batallas civiles que se han librado en el pasado: entre la justicia y la injusticia, la inclusión y la exclusión, el coraje y la cobardía, no han sido una cuestión de decir si, sino una cuestión de decir cuándo.

Poco importó que el país se enriquecerá con el talento de estos jóvenes y que el Dream Act es importante para garantizar la competitividad económica al ofrecer una reducción del déficit en unos $2,200 millones en los próximos 10 años. Definitivamente ganó la inopia, el resentimiento y el miedo. El penetrante cabildeo de la administración Obama, los mensajes de los jefes militares y los estimados del impacto financiero, no pudieron contra los estereotipos, monomanías y mentiras.

Hay que destacar el ejemplar accionar de solo tres republicanos de convicción que no permitieron que la presión de su liderazgo los amilanara, los Senadores Robert Bennett, Richard Lugar y Lisa Murkowski.

La imposibilidad de aprobar el Dream Act, tendrá consecuencias más allá de las personas directamente afectadas por la legislación. Mientras tanto, la vida de 2,1 millones de personas no merece ser puesta indefinidamente en espera. No está bien jugar a la política con 2,1 millones de vidas inocentes. “¿Cuánto tiempo se supone que debemos esperar para vivir nuestras vidas, para iniciar nuestras carreras, para ser normal?” se pregunta la joven Carolina Bortolleto. “Seguir caminando como un zombi o seguir caminando como una persona sin alma, casi muerta, porque teniendo todas esas habilidades de hacer cosas no puedo ejercer.” Según Gaby Pacheco o lo que nos dijo Felipe Matos, “si tomas un cuchillo y te cortas, sangras lo mismo que todos los demás. Todos somos iguales. La única diferencia es un pedazo de papel.”

Vimos lágrimas que anegaron la nación, en los testimonios de miles de jóvenes después de saber su sentencia. Pero no eran lágrimas sólo de dolor, algunas eran lágrimas de alegría. Estos jóvenes líderes han sido una verdadera iluminación para todos. Sus lozanos atrevimientos han inspirado con valentía a otros jóvenes indocumentados del país a luchar no sólo por sus derechos. Ahora mismo, los movimiento pro derechos de inmigrantes y nosotros mismos, somos más fuertes debido a su liderazgo.

Es muy importante que los votantes no olviden éste revés. Cuando un partido venga a hablar a los latinos en los comicios presidenciales del 2012 sobre los valores de la familia, futuro del país y más etcéteras, hay que recordar como actuaron a la hora de ayudar a estos jóvenes, inocentes de su ilegalidad, de cómo les prohibieron la educación y se refirieron a ellos como si fueran delincuentes. En las urnas se cobran estas cuentas. El Dream Act es una causa justa que no desaparecerá.


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