jueves, 17 may 2012

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

Inmigrante de nacimiento

Por esos remesones fuertes del destino, me llevaron de mi añorada ciudad (Puerto Quito) pedacito de patria, a este país en busca de los arcángeles de la fortuna que siempre me esquivaron, al final he descubierto que los ángeles no existen o yo no los conozco.

“Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya”.
Lucio Anneo Séneca

Con el pasar de los días se hizo la simbiosis. En realidad fue esta ciudad que se metió en mí, yo hice muy poco por entrar en sus calles, parques y costumbres. Tuve que aprender un idioma del que solo conocía pocas frases y un pobre vocabulario que no me sirvieron mucho. Aquí llegué en la presidencia del ominoso presidente George W. Bush y ahora estoy con el halagüeño Barack Obama, y ya veremos lo que decidirá el destino, la suerte o lo que sea que me trajo hasta acá.

En mi paso por estas tierras siempre he estado así, de paso, pensando que ya mismo me voy, con las cajas y las maletas listas literal o mentalmente, así hayan pasado 6 años desde que llegué, según yo “por un tiempito”.

Hay ocasiones en las que creo estar en casa, adaptado, “agringado”, cuando mis pensamientos se mezclan con las manifestaciones de personas admirables, sobresalientes regalando siempre gentileza. Hasta me resulta familiar investigar sobre las varias tribus originarias en Connecticut incluyendo a los Mohegan, Pequot, Niantic, Nipmuc, Mattabesic, Schaghticoke y Paugussett. Son casi 6 años de vivir en esta ciudad junto al mar, viendo que se ancla el sol, sube la luna, se van los años, llega el otoño, etc. Sin lograr que muchos me acepten, hay días que hasta siento que he nacido en esta tierra.

Y no es que sea desagradecido. Es todo lo contrario. Aquí he tenido trabajo, amor, desamor, alegría, dolor, amistad. Le he dado gracias a Dios por haber vivido en plena democracia, por participar del sistema, por toparme con gente admirable y por todas las experiencias y las oportunidades que he tenido. Este es un país de leyes, con la seguridad de criticar responsablemente sin temor a que lo encarcelen, y principalmente, de protección a la libertad de expresión como uno de sus valores principales. Una nación que muchos hemos aprendido a querer, como se quiere a un amigo, con todas sus injusticias y aciertos. Reconozco las primeras, y soy el primero en admirar lo segundo.

Ahora puedo entender que sin perder tu identidad medular, ni serle traidor a tu patria; sin sacarte el traje de extranjero, para renegar del suelo que nos vió nacer, es posible y puedes querer a tu hogar adoptivo. Que a pesar de tu lenguaje, de tu acento y de tu apariencia, día a día ofreces lo mejor de tí, trabajas duro y damos muestras de ser quijotes y valientes… de día y de noche, para hacer de Estados Unidos un país de clásica nota “AAA”.

Sin embargo no se aparta de la mente la idea de que un día vamos a coger nuestros bártulos (cachivaches) para retornar, mientras los días pasan y la atmosfera de odio desde las esferas etéreas del poder de aquellos que pierden el sentido humano y observan con la nuca la razón y la moral, disparan inseguridad y restricciones a la libertad. “Tal vez, para nosotros, el único vuelo en itinerario sea aquel que nunca quisiéramos abordar”, Ricardo Vasconcellos.


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