lunes, 06 feb 2012

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La Voz de Conneticut

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Diplomacia norcoreana a base de cohetes

El régimen de Corea del Norte (en realidad no se sabe bien quien está gobernando) se ha lanzado a una carrera de provocaciones contra todo el mundo, comenzando por sus vecinos asiáticos. Ese afán armamentista norcoreano es susceptible de provocar reacciones negativas en cada uno de los países más afectados. Corea del Sur es el que más directamente se siente amenazado, no solamente por la cercanía, sino por la historia reciente (la guerra de 1950-1953).

Corea del Sur ha intentado, particularmente desde que comenzó a democratizarse, encontrar vías de colaboración con Corea del Norte en virtud de que en principio es un solo país, dividido por los efectos de las ocupaciones extranjeras (especialmente por Japón), con familias divididas por la frontera resultado del armisticio de 1953.

Corea del Sur se ha negado reiteradamente a integrar mecanismos multinacionales de defensa (particularmente con Estados Unidos) que puedan poner en peligro su política de distensión con Corea del Norte, país al que prestan una importante ayuda económica en donaciones e inversiones. Pero el tono amenazante norcoreano, agudiza las tensiones y llevará a Corea del Sur a incrementar sus inversiones militares. Que es algo parecido a lo que ocurrirá con Japón.

En efecto, en Japón, que es el único país víctima de un ataque nuclear, hay una fuerte ideología contraria a la existencia misma de armas nucleares y naturalmente, una gran resistencia natural a que el país se pueda dotar de tales armamentos. Eso pese a que según los expertos, el dominio tecnológico japonés es tan sofisticado, que de proponérselo los nipones podrían disponer de armas nucleares en unos seis meses. La ideología prevaleciente puede cambiar si el japonés medio comienza a sentirse amenazado por Corea del Norte. Una perspectiva como esa trae naturalmente a la memoria de los asiáticos, la época nefasta del Imperio del Sol Naciente y sus brutales ocupaciones, particularmente en China y Corea.

El otro actor importante en la región es China, que tradicionalmente ha tenido muy buenas relaciones con Corea del Norte (medio millón de sus soldados murieron durante la guerra de Corea, luchando del lado del Norte) y que incluso ha ayudado a su imprevisible vecino a formar cuadros capaces de construir armas nucleares, pero tiene grandes preocupaciones por lo que pueda ocurrir en Corea del Norte.

Por un lado, la caída de la monarquía «socialista» norcoreana podría implicar la reunificación de la península, lo que en otras palabras implicaría que tropas norteamericanas quedarían apostadas en la frontera misma con China. Por el otro lado, esa misma caída del actual gobierno produciría un éxodo considerable hacía Corea del Sur, pero también hacía China y ya los chinos tienen sus propios problemas de suministros básicos a su población como para tener que cargar con millones de refugiados hambrientos (los norcoreanos son unos 23 millones).

Como se ve, el cuadro es muy negativo. Ahora bien, por suerte prácticamente nadie cree, los Estados Unidos incluidos, que Corea del Norte está haciendo todas sus musarañas nucleares con la intención de atacar a sus vecinos. Ni tan locos pueden ser como para no saber que si lo hacen, en cuestión de horas ese país quedaría borrado. Corea del Norte probablemente tiene un doble objetivo: 1) que le reconozcan, con todas las de la ley, como potencia nuclear, merecedora de respeto y consideración, no de que la tengan metida en una lista de asociados del diablo.

En ese sentido, para los norcoreanos el reconocimiento total de parte de Estados Unidos sería un gran paso, ya que además de respetabilidad, le abriría las puertas a créditos y fondos a los que ahora de ninguna manera tiene acceso; 2) galvaniza la opinión popular, puesto que sus constantes lanzamientos de cohetes concitan nerviosismo y movimientos militares que sirven de pretexto para justificar internamente la necesidad de seguir teniendo un gobierno «capaz de defender la patria».

Para los especialistas chinos, en la medida en que para Corea del Norte lo más importante ahora es que los norteamericanos les presten atención, se reduce su capacidad para ejercer presión sobre el díscolo vecino. Ya ellos han dado a los norcoreanos todo lo que podían y entienden que de todas maneras, siendo la responsabilidad compartida (especialmente con Rusia, Japón y Estados Unidos), le debe tocar a los otros poner de su parte.

Quedaría otro objetivo que es finalmente el que más preocupa y es que Corea del Norte, con sus constantes pruebas, esté haciendo propaganda comercial de sus productos nucleares, en dirección no solamente de otros estados (Irán, Siria, por ejemplo), sino también de clientes que no son gobiernos, entiéndase como tal a grupos terroristas. Pero la conjetura no está avalada por elementos concretos porque no se conoce que el régimen norcoreano haya tenido relaciones con grupos de ese tipo. En fin de cuentas, la tesis de los chinos puede que sea la apropiada y que si los norteamericanos se deciden por la extrema flexibilidad, estos incidentes no pasen de ser una nueva tormenta dentro de un vaso de agua.


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JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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