lunes, 06 feb 2012

Última actualización:08:40:26 AM GMT

    

La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

Política de Obama le gana posiciones en el Medio Oriente

La administración Obama está haciendo, con el activismo de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, importantes esfuerzos para ganar buenas voluntades en América Latina y el Caribe. No es fácil en la medida en que en la región no todos hablamos el mismo idioma que los estadounidenses. A eso se agrega que el tono vociferante de algunos mandatarios (no todos gobernantes exitosos) suele impresionar más que el recurso a argumentos.

Claro, para Estados Unidos, aún con un presidente como Obama, es tarea compleja, que lo será por un buen tiempo, debilitar una desconfianza alimentada por más de un siglo de abusos y desconsideraciones. El proceso tomará tiempo y como ya se notó en la última reunión de la OEA, requerirá más hechos que palabras de parte de los Estados Unidos.

Una vez establecida esa premisa, cabe aclarar que para los estadounidenses, el Medio Oriente, con todo su vasto patrimonio de conflictos, tiene una mayor importancia para su política exterior. Es que la sangre y los odios están fresquecitos porque se viven «cambiando a diario». En nuestro caso, se trata sobre todo de amargas memorias porque algunos que ayer sufrían los rigores de torturas y atropellos, son los gobernantes de hoy. Eso no es así en el Medio Oriente y más allá.

Y los cambios tienen que ver con la manera en que la gran potencia interactúa frente a los conflictos. El Pentágono admitió recientemente que el ejército estadounidense se equivocó durante una de sus mortíferas operaciones de bombardeo, que provocó la muerte de decenas de afganos. Esa implícita admisión de culpabilidad implica un cambo sustancial, porque en el pasado reciente, los militares se limitaban a pedir excusas cuando se producían los famosos «daños colaterales».

Ciertamente, aceptar culpas no resuelve mucho, pero sí permite avanzar en algo similar a lo pasó en Irak. Es decir, a que los afganos, con tal de acelerar la retirada de las tropas extranjeras, se encarguen ellos mismos de neutralizar los grupos terroristas, cuyo accionar sirve de justificación a la presencia de soldados extranjeros. Ese es el tipo de evolución prevista, al menos teóricamente.

Ahora bien, en el caso de Afganistán, la existencia de un contrapoder que se llama Talibán, dificulta el objetivo, porque su influencia cubre además a Pakistán. Buenas palabras como las de Obama ayudan (hasta a Bin Laden le preocupan los discursos de Obama), pero se necesita algo más para crear las condiciones que le permitan al presidente traer de vuelta sus tropas, sin perder la cara.

Los estadounidenses, utilizando todos sus recursos diplomáticos y otros menos sutiles, están empeñados en desmotivar» a algunos estados, presumiblemente del Golfo Pérsico, de quienes se sospecha son los principales proveedores de fondos del Talibán. Los servicios de inteligencia en general consideran que la producción de amapola (opio) es una fuente importante de dinero para el Talibán, pero también afirman que sin la ayuda monetaria de algunos de esos estados, el grupo insurgente/terrorista se vería en mayores dificultades que las generadas en el terreno militar.

Ahí, en ese espacio, es que entra la ofensiva estadounidense con relación a esos estados del Golfo, todos autoritarios y todos preocupados por el carácter «subversivo» del discurso de Obama en Egipto. De esa forma, mientras por un lado se les presiona para que «cierren la válvula» con amenazas veladas a congelamiento de haberes en bancos occidentales, al mismo tiempo se les asusta con futuras alocuciones del presidente Obama, más dirigidos al tema de la democracia y su práctica inherente a todos los pueblos.

Se puede llegar más lejos en el análisis del alcance de la retórica de Obama, que tiene la inusual virtud de ser sustancial. El fin de semana pasado, los libaneses, que son los más occidentales en el Medio Oriente (junto a los israelíes) le asestaron una severa advertencia al Grupo Hizbula (supuestamente «integrista») y a sus padrinos, Irán y Siria. Para algunos analistas, ese resultado electoral fue consecuencia inmediata de un «aviso» ofrecido por el vicepresidente norteamericano, Joe Biden, en una reciente visita al «país de los cedros», en el sentido de que Estados Unidos podía «revisar» sus programas de ayuda si fuerzas hostiles salían victoriosas de esas elecciones.

Pero hay quien dice que más que ese «aviso», surtió un efecto electrizante y movilizador, el discurso de Obama. En ese sentido, se puede decir que esas elecciones las ganaron tanto los libaneses opuestos al integrismo como el propio Obama quien, como se sabe, es el político más popular en la mayoría de los países de cualquier región, por encima de los políticos locales. Las dificultades que está afrontando el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad en las elecciones de este viernes, se inscriben en esa misma tendencia. Y puede ser que hasta pierda su intento reeleccionista. Como se ve, la administración Demócrata se sitúa frente a todos los conflictos y utilizando, como en el pasado, las presiones discretas, pero también, con una nueva arma: la oratoria inteligente e inquietante de su primer presidente negro.


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JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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