Mahmoud Ahmadinejad, el controversial presidente iraní, supuestamente logró su reelección de manera apabullante. El principal candidato opositor, Mousavi, a quien se ha calificado de reformista solamente porque se opone a Ahmadinejad, pero quien es en realidad un político conservador, logró realizar gigantescas manifestaciones populares, con un fuerte colorido verde, acompañado de su muy popular esposa, creando la impresión de que la victoria no solo era posible, sino casi segura.
Por eso, si se confirma la espectacular victoria de Ahmadinejad, eso demostraría una verdad que no es absoluta pero sí es constante, que a veces las grandes manifestaciones políticas tienen poco que ver con lo que va a ocurrir. Sin duda que el impulso generado por la candidatura de Mousavi entre estudiantes, intelectuales y sectores medios y progresistas, parecería que despertó una reacción popular muy fuerte entre los campesinos y sectores pobres de las ciudades, para quienes el gobierno de Ahmadinejad ha significado niveles relativos de mejoría material. Para esos sectores populares, la ecuación es simple: si no hay Ahmadinejad, se pierden las conquistas (salarios mejorados, congelamiento de las tasas bancarias, gasolina barata), entonces hay que mantenerle a toda costa en el poder, no vaya a ser que estos intelectuales «lo echen todo a perder».
Si hay algo que interesaba poco a los electores en general, es lo que más preocupaba y seguirá preocupando a Occidente y a Israel, a saber: 1) el programa nuclear iraní, fuente de orgullo nacional de conservadores o reformistas; 2) el apoyo a grupos como el Hizbula libanés o el Hamas palestino, con lo que en general están todos los iraníes de acuerdo, discrepando solamente en cuanto a la importancia monetaria de ese apoyo. Quedaría un tercer punto y es el relativo a Israel. Todos los candidatos estaban de acuerdo de que el estado judío es el generador de la violencia en el Medio Oriente, aunque Ahmadinejad va más lejos y niega su derecho a existir, que es la misma posición asumida por los grupos más radicales de la resistencia palestina.
En ese orden, siendo las diferencias menores entre los diferentes candidatos, quedaba solo el tema del estilo y obviamente que el de Ahmadinejad es el más agresivo pero, como se ha dicho antes, para el iraní promedio, preocupado por «sus frijoles», el hecho de que Ahmadinejad se las pase insultando en todas direcciones no es algo que les preocupe mucho.
La parte menos visible de este proceso es que, de los cuatro candidatos, el preferido de Ali Khamenei, el líder espiritual y «poder detrás del trono» es el mismo Ahmadinejad. Es tal la fuerza de ese apoyo que, aún antes de que se declarara a Ahmadinejad vencedor, ya el ayatola estaba declarando su eventual victoria como «una bendición». En otras palabras, Kamenei «se pasó de la raya» entre otras cosas, porque no esperaba que «la calle» se iba a vestir de verde (color de Mousavi) y con tanta fuerza.
Es dudoso, sin embargo, que el resultado final sea modificado por manifestaciones, que de todas maneras tienen como principal enemigo el cansancio y la desesperanza. Nada más hay que recordar lo que pasó con las manifestaciones diarias en el Zócalo de México en protesta por la victoria de Calderón y la derrota de López Obrador. Al final, Calderón sigue en lo suyo. López también, pero desde la oposición. A eso apuesta Ahmadinejad.
Mousavi algo se imagina pues aunque persiste en exigir la celebración de nuevas elecciones y quizás ganarlas (como ocurrió en Ucrania), también habla de ejercer la presión popular para lograr algunas de las transformaciones que se proponía implementar si ganaba. Por el momento, sin embargo, esa presión se manifiesta en decididamente contra del gobierno.
En el aspecto exterior, desde que Ahmadinejad se lanzara a competir con Hugo Chávez a ver quien era más ácido cuando hablaba de Estados Unidos, se han producido cambios. Ahmadinejad, como tampoco Chávez pueden ignorar los cambios ocurridos en Estados Unidos desde que Obama gobierna. Claro, ya se sabe que para alguna gente, no ha habido tales cambios, porque parece que esperaban una revolución en Estados Unidos cuando lo que se han producido son unas elecciones ganadas por un negro, lo que ya es enorme.
Ahmadinejad, con todo y su retórica explosiva (en estos días casi solo reservada para Israel), si pese a todo se mantiene en el poder no va a ignorar los gestos norteamericanos. En ese sentido, su actitud va a ser bastante parecida a la de Mousavi o Mehdi Karroubi, (que era el candidato realmente reformista), es decir, dará una respuesta positiva al acercamiento norteamericano, aunque en el punto nuclear, (como iba a hacer cualquiera de los otros tres candidatos), no cederá. De esa misma manera, al igual que sus competidores, mientras no se logre un arreglo en el tema del Medio Oriente, Ahmadinejad seguirá dando respaldo material y político a los grupos contrarios a Israel. Esto permitirá a Irán fortalecer su imagen en el mundo musulmán y ratificar su condición de potencia principal en el área.
Claro, en la victoria electoral de Ahmadinejad persisten y seguramente persistirán puntos oscuros. Por ejemplo, se puede aceptar que le ganara a Mousavi en el conjunto del país, ¿pero también en Tabriz, la ciudad natal de Mousavi? ¿Y con un 57% de los votos? Además, la diferencia de la votación no se corresponde con ninguna de las encuestas conocidas, ni siquiera las que favorecían a Ahmadinejad. Pero en esos asuntos, generalmente «el palo dado no lo quita ni Dios». Y así, frente al gran jefe, es decir, el ayatola Ali Khamenei, quedan pocas opciones para la oposición, por no decir, ninguna. A no ser que se decidan a enfrentar al jefe espiritual y esas, son palabras mayores. Aunque la irritación popular es tan grande que ni el ayatola se salva.









Las Malvinas vuelven a la actualidad
Demandan Consejeros al IME por utilizar electoralmente al Instituto para los Comicios del 2012
El plan de acción de la ONU
¿Cuál será el futuro de las líneas de Nasca?
Ayer y hoy
Los que no pueden esconder su racismo “El pez, se pudre por la cabeza” 


