Dos noticias despertaron gran interés en los últimos días; la primera que el presidente Obama había matado un moscardón que le hacia la vida imposible, provocando una agria protesta de una organización que defiende a los animales, a todos. Como en este país existen derechos, también existe el derecho al ridículo. Pero mejor hablemos de cosas serias, las que conciernen a seres humanos, a gente.
Pasemos pues a la otra noticia, que alentó expectativas favorables: Israel aceptaría la creación de un estado palestino. Lo primero que se ha pensado es que las presiones estadounidenses comenzaron a surtir efecto sobre la dura coraza de los dirigentes israelíes. En realidad en todo esto se trata de cosas a medias.
Es cierto que ha habido inusuales presiones estadounidenses hacia Israel. Sin ser la primera vez que esto ocurre pues hasta Reagan lo hizo, todo el mundo presiente que viniendo de Obama, hay que tomarlas realmente en serio. Eso es un hecho. También lo es que aunque Israel se resistiera completamente, eso no alterará lo esencial de sus relaciones con Estados Unidos. Eso lo reconoce hasta el canal Fox que, como se sabe, no forma parte de los partidarios de Obama.
Lo otro que queda a medias es que la aceptación de Israel sobre la formación de un estado palestino no es nada realmente nuevo. Ya el gobierno anterior, sin ser de derecha como el actual, era partidario de ese principio, sin que por eso «les temblara el pulso» a la hora de «dar candela» a los palestinos de Gaza.
Ahora si algo nuevo hay es que Netanyahu y su gente habían dicho que no aceptarían ni siquiera el principio del estado palestino. Finalmente dicen que si, pero con un manual de condiciones tal, que todo va a seguir por el momento en el mismo punto.
Así, de acuerdo con Israel, un estado palestino debería ser un estado desmilitarizado, sin Jerusalén y sin los territorios palestinos donde se levantaron los asentamientos judíos. Lo más probable es que el espacio aéreo y las fronteras de ese nuevo estado serían controlados por Israel.
En ese sentido, se recuerda que durante el régimen del apartheid en África del Sur, se crearon los llamados bantustanes, que eran una especie de mini estados para uso exclusivo de los negros. Y por supuesto, reunían las mismas condiciones con las que sueñan los dirigentes israelíes para un futuro estado palestino. Naturalmente, ningún país se atrevió a reconocer ese tipo de «estado».
Esa concepción es abusiva, pero tiene su lógica. Así como los cubanos desarrollaron una mentalidad de acorralados por el bloqueo norteameicano, fenómeno que se ha ido modificando gracias al apoyo de la región, los israelíes se sienten (y están) rodeados de enemigos. No creen en nadie, solo en ellos mismos (y un poquito en los estadounidenses) y de ninguna manera aceptarán un estado vecino conformado por gente con la que han estado en guerra en los últimos 60 años. Peor, gente a la que han humillado y a la que han violado todos sus derechos. Siendo así las cosas, tienen toda la razón, de acuerdo a su lógica, en proponer el estado vecino que consideran ideal.
Naturalmente, toda negociación se establece a partir de un principio inmutable: uno de los dos negociadores es más fuerte que el otro. El más débil no ha sido vencido y por eso se negocia, pero el más fuerte, tiene más posibilidades de imponer sus condiciones. Por el momento se conocen las condiciones de ambas partes; las presiones estadounidenses ayudan a afinarlas, lo que es sin duda un paso adelante. Y en ese contexto se inscribe la reciente visita de Jimmy Carter a Gaza.
Ya se sabe que Carter, es un hombre de profundas convicciones religiosas y, además, un humanista militante. En principio no está ni a favor ni en contra de nadie. Sus opciones son las que considera justas. En ese sentido, a lo de Gaza lo llama por su nombre, declarando que «a los palestinos les tratan como animales». Ese tipo de afirmación, naturalmente le descarta como mediador frente a Israel, pero no como abogado de lo que entiende es lo justo frente a la administración Obama. Y en esa dirección, Carter ya ha dicho públicamente que Hamas, el grupo palestino que gobierna en Gaza (por voluntad popular) debe ser sacado de la lista de grupos terroristas en la que le mantiene Estados Unidos y la Unión Europea.
Pero sacar a Hamas de la famosa lista, dependerá en mucho de la actitud que asuma el grupo palestino en lo que al reconocimiento a Israel se refiere. Como se recuerda, en su carta constitutiva, Hamas llama a la destrucción del estado israelí, algo que no se compadece con la realidad y se corresponde más con una formulación de rabia que de sentido común. Pero a Hamas no se le puede pedir que lo entregue todo a cambio de promesas. De hecho, lo más probable es que el grupo palestino, como ya hiciera Al Fatah en su momento (todavía en vida del carismático Yasser Arafat) termine por reconocer lo obvio, pero no sin antes alcanzar conquistas tangibles para los palestinos. Aún no se ha llegado a nada, pero los indicios dejan espacio al optimismo.









Las Malvinas vuelven a la actualidad
Demandan Consejeros al IME por utilizar electoralmente al Instituto para los Comicios del 2012
El plan de acción de la ONU
¿Cuál será el futuro de las líneas de Nasca?
Ayer y hoy
Los que no pueden esconder su racismo “El pez, se pudre por la cabeza” 


