lunes, 06 feb 2012

Última actualización:08:40:26 AM GMT

    

La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

En lo de Honduras, lo que cuenta es Chávez

Lo que menos pensaba Roberto Micheletti en aquella madrugada de octubre de 1963, cuando dormía en la casa que alojaba a la Guardia Honor (así se llama la Guardia Presidencial) del presidente Ramón Villeda Morales. Villeda era presidente designado, había promulgado una reforma agraria y leyes aumentando el salario de los trabajadores, despertando el encono de los grandes empresarios y de los militares (no, no estamos hablando de Zelaya, sino de Villeda). El 3 de octubre faltaban diez días para unas elecciones y había un problema: que el partido de Villeda las iba a ganar. Como los militares hondureños y los sectores civiles que les acompañan en sus aventuras no tienen mucha paciencia, no era cuestión de ponerse a esperar 10 días más, si de todas maneras el golpe lo iban a dar.

Pues bien, Micheletti estaba allí en la casa al lado del presidente Villeda, cuando de repente llegaron centenares de soldados, armados hasta los dientes, vociferando y, sobre todo, repartiendo pescozadas, y culatazos cuando era necesario. A Micheletti, que en ese momento se preguntó si no estaba él en lugar equivocado, le dieron varias pescozadas lo tiraron al piso y se lo llevaron amarrado. Por su parte, a Villeda lo metieron en un avión y lo dejaron en el aeropuerto de San José de Costa Rica (insisto, hablamos de Villeda, no de Zelaya).

Durante el trayecto desde la casa presidencial hasta la cárcel donde le dejaron unos días, hasta que las «cosas se aclararon», Micheletti pensó intensamente en lo que le pasaba, en lo que haría después y en su futuro. Y tomó una decisión que le marcó para toda la vida: ¡la próxima vez que haya pescozadas, las daré yo! Y eso fue lo que hizo el amigo Micheletti el pasado 28 de junio. En realidad él mismo no dio las pescozadas, pero se puso del «lado bueno», el de quienes dieron las pescozadas.

Michelleti, como se sabe, sufre de «escasez de carisma» y queriendo ser algún día presidente de la República, por las buenas no logró llegar ni a candidato (Zelaya le apoyó para que lo fuera y ni así). Gracias al golpe militar, ya lo es; pudo entrar por la puerta de atrás y de noche, pero entró y defiende lo que le dieron aunque, humillado porque Insulza, el de la OEA, no quiso hablarle cuando fue a Tegucigalpa, pataleó y vociferó en un mitin «soy el presidente de todos los hondureños». Ese es el «turpén» con quien tiene que lidiar la OEA y todo el que esté en el medio tratando de encontrar una solución al espinoso lío creado por un golpe militar. A estas horas, en San José, Zelaya y Micheletti (que llegó al aeropuerto tico por las buenas) están negociando a través de Oscar Arias.

Ahora bien, detrás de todo este «tejemaneje» lo que está realmente es Chávez. Me explico, no es que el presidente venezolano haya promovido este lío, todo lo contrario, el reperpero lo han armado para advertirle a Chávez que sus andanzas bolivarianas tiene que frenarlas. En una especie de chantaje en el sentido de «si insistes en ampliar el ALBA (con PetroCaribe no hay tanto problemas) entonces nadie podrá detener el golpismo y la región volverá a los días aquellos en que los militares decidían cuando llovía y cuando escampaba.

Oscar Arias decía hace unos días que «si Estados Unidos lo quieren, pueden resolver esto de una vez». Arias, quien negoció acuerdos de paz en el área en los años 80, alega que sabe de qué habla, agregando que si hay un ejército estrechamente ligado a los norteamericanos es el de Honduras. No es que tampoco le vayan a hacer caso a pie juntillas al presidente costarricense, con todo y la autoridad moral que le da su Premio Nobel. Quizás por decir esas cosas es que Hillary Clinton le tiró encima la «papa caliente» de mediar.

En realidad, varios países de la región, además de Estados Unidos (México, Colombia, El Salvador, República Dominicana) han estado diligenciando la negociación, pero seguramente también pensando que la última palabra la deberán tener los norteamericanos. Cabe señalar que para muchos observadores, en la administración norteamericana hay dos líneas: una personificada por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que no tiene la menor simpatía por Chávez ni por quienes aparecen como sus aliados, incluido Zelaya.

La otra línea está representada por los asesores del presidente Obama para la región, más jóvenes y con tendencia a demonizar menos a los adversarios de Estados Unidos, por muy vociferantes como Chávez que sean. Para esos asesores, nada de lo que se dice o se piensa sobre Estados Unidos en la región es gratis y, en definitiva, bastante barato le sale a los norteamericanos ese resentimiento. De acuerdo con esa percepción, mucho se puede ganar actuando sin ambigüedades en lo de Honduras, comenzando por cierta neutralización del efecto Chávez. Entienden, en fin de cuentas, que lo peor sigue estando por otro lado y que lo menos conveniente para Estados Unidos es que se desaten los fantasmas de los golpes militares y el potencial surgimiento de movimientos insurrec¬cionales como respuesta.


blog comments powered by Disqus
Banner

Tu Supermercado Mexicano por el Internet

 
The Battle for America 2008

Invocación a los Regresos

JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

blog comments powered by Disqus