jueves, 09 feb 2012

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

De hispanos puede depender destino de políticos

Desde Europa se suele criticar duramente a Estados Unidos por su política migratoria. Generalmente, para hacerlo, se recurre a las viejas imágenes de blancos en el Sur, prohibiendo a negros o a cualquiera que no fuera blanco, hasta sentarse en los autobuses, para no mencionar los linchamientos y otras barbaridades. De escucharse a alguna gente, hay hasta quienes dicen que para los inmigrantes, vivir en Estados Unidos es una pesadilla. En realidad, ni Estados Unidos ni ningún otro país significan en principio el paraíso para ningún emigrante. Todo depende del grado de desarrollo donde se emigra y de la capacidad del emigrante para ajustarse a una sociedad cuya cultura, idioma o religión no son las suyas.
Los africanos lo pasan terrible donde quiera que llegan en esas condiciones, antes que nada, por ser negros; ese es el primer “repelente”, pero no es permanente, se supera con relativa facilidad, una vez que el anfitrión se da cuenta de “lo chulo que es este tipo aunque es negro”. Los emigrantes no van a un cuento de hadas cuando se van de su país. A menudo tienen suerte, cuando llegan donde existe una fuerte comunidad local, que les ofrece al menos protección, pero no siempre es el caso. No todas las comunidades de inmigrantes tienen fuerza para proteger.

Si tomamos el caso, por ejemplo, de Italia, recordamos que en enero pasado, en Rosarno, una pequeña ciudad del sur de ese país, la comunidad autóctona local, es decir, la italiana, se enfrentó durante tres días con sus “invitados” africanos, que vienen a recoger sus frutos y a hacer todo tipo de trabajo, el que sea, con tal de sobrevivir, que los italianos prefieren no hacer (algo parecido a la lógica del siglo XVI y la decisión europea de llevar esclavos de África a América).

Probablemente ocurre lo mismo en otros lugares, pero el hecho es que los incidentes de Rosarno sacaron a relucir uno de esos viejos dramas, que casi todo el mundo conoce, pero que nadie menciona: el papel de sindicatos criminales que manejan determinados negocios. Algo así, como lo que hacía la mafia neoyorquina hace un cuarto de siglo con el lucrativo negocio de la recogida de basura en las calles. Y eso mismo es lo que pasa en Rosarno, y en cualquier ciudad italiana, con los inmigrantes africanos, legales o no, la mafia local es la que se ocupa de darles o quitarles trabajo.

Pero lo que se dice sobre las mafias italianas, se puede decir de las mafias de cualquier lugar, porque lo primero es que para un emigrante poder llegar ilegalmente a cualquier lugar, que es más o menos la norma, tiene que utilizar los “servicios” de algún tipo de mafia. A partir de ahí, en unos casos más que en otros, grupos organizados “protegen” a los emigrantes. O sea, el fenómeno puede ocurrir en cualquier sociedad receptora de inmigrantes, pero parece que en Italia tiene connotaciones particulares.

Naturalmente, las condiciones salvajes de explotación a que son sometidos los inmigrantes, les llevan a veces a rebelarse y como la política de la mafia es de “no hacer prisioneros”, ya se sabe lo que le pasa a quienes, africanos o no, se oponen a esos manejos. La rebelión de los africanos de Rosarno fue un movimiento de protesta contra la mafia y la participación “popular” contra los africanos fue promovida y organizada por la propia mafia, aprovechando un fuerte sentimiento anti inmigrante prevaleciente especialmente en el actual gobierno italiano.

Esto es lo que ha llevado a un respetado investigador italiano a afirmar que “los inmigrantes africanos están haciendo lo que los italianos no nos hemos decidido a hacer: enfrentar a la mafia. Ellos están peleando por nosotros”. Es un caso ilustrativo de todo lo que puede hacer una comunidad compuesta casi totalmente por trabajadores provenientes de países muy pobres, que llegan al mundo desarrollado “a buscársela”.

Volviendo a Estados Unidos, como sociedad multiétnica que es, en el país esas comunidades extranjeras disponen de mayores facilidades, sino de integración, sí de mejores posibilidades de influenciar políticamente. Así, en estos días se han estado haciendo estudios acerca del poder electoral de los hispanos, al punto tal que hay congresistas norteamericanos, blancos y famosos (el senador Republicano John McCain y el presidente Demócrata del Senado, Harry Reid), cuya reelección puede depender del voto de los hispanos de sus comunidades.

Y no se está hablando de Nueva York o La Florida, sino de Arizona y Nevada, poco identificados a simple vista como “Estados hispanos”, pero donde el peso de nuestra comunidad, sobre todo la de origen mexicano, tiende a devenir decisivo. Esto indica que en cada lugar, de acuerdo a sus características, los inmigrantes tienden a jugar un papel progresivo, ya sea como en Italia, enfrentando a la mafia o en Estados Unidos ayudando a reelegir a congresistas cuya conducta política y humana les hace merecedores de serlo. Como se ve, es notable la diferencia cualitativa entre un inmigrante en un país determinado de Europa y Estados Unidos.

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JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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