A veces las encuestas pueden ser engañosas cuando se trata de elecciones presidenciales. Así, un candidato puede gozar del aprecio de la mayoría, sin embargo, esas personas que dicen que les gusta más el mismo, también afirman que en fin de cuentas quien ganará es otro, aunque no sea el preferido.
Más o menos eso ha estado ocurriendo con la candidatura de Antanas Mockus, el candidato verde colombiano quien “apareció de la nada” y ha estado afectando un esquema que daba como un hecho que el candidato de Uribe, Juan Manuel Santos, su antiguo ministro de Defensa (y miembro de la familia propietaria del diario El Tiempo), echaría el pleito con la conservadora Noemí Sanín.
En momentos en que el Congreso ha estado debatiendo una ley para limitar los estragos que causa la publicación indiscriminada de encuestas, en Colombia se publican por docenas, muchas de ellas “piratas”. Dentro de la gran cantidad, sin embargo, los expertos seleccionaron las “válidas” (entre las cuales Gallup) y todas, sin excepción, están dando como ganador a Mockus.
Habrá, por supuesto, una segunda vuelta. Lo curioso del caso es que aunque Mockus resulta ser el favorito de la mayoría, esa misma mayoría cree que de todas maneras Juan Manuel Santos será el ganador. La aparente contradicción puede deberse a que todavía mucha gente no ha tomado debidamente en serio la candidatura de Mockus. No por él, sino por el hecho de que su nombre apareciera como tan de repente.
Mockus fue dos veces alcalde de Bogotá, ha sido rector universitario y es matemático. Lleva como vice a otro antiguo alcalde y también matemático llamado Sergio Fajardo. La candidatura es por el partido Verde (el mismo que llevó a Ingrid Betancourt como candidata frente a Uribe), aunque ninguno de los dos se ha destacado particularmente en defensa de la ecología. El discurso de Mockus se orienta más bien hacia la educación como base del desarrollo, la honestidad y el esfuerzo para reducir la corrupción y la criminalidad.
A Mockus ni siquiera se le identifica ideológicamente con izquierda o derecha, pues sus posiciones suelen ser lo suficientemente vagas como para facilitar que se le sitúe en algunos de los extremos. Uribe, que intenta a toda costa ayudar a su pupilo, Santos, acusa a Mockus de ser “blando cuando se trata de las FARC”, lo que tiene cierta lógica. Para la “ideología” de Uribe/Santos, lo que paga es la constante ofensiva contra las FARC (y en mucho menor medida contra las bandas paramilitares).
No es que el candidato Verde vaya a contemporizar con las FARC o grupos similares, pues ha afirmado que no se va a poder negociar seriamente con las FARC mientras ese grupo siga utilizando los secuestros como su arma principal, pero su estilo menos beligerante puede favorecer vías de acercamiento que permitan a ese grupo “salvar la cara” sin que necesariamente medie alguna “victoria militar”.
Guste a algunos o no, Uribe se ha ganado una alta valoración en Colombia (cerca del 80% de simpatía) entre otras cosas porque logró arrinconar y limitar el campo de acción de las FARC, obligando a sus adversarios dentro y fuera de Colombia a asumir una posición crítica frente a ese grupo insurgente, al tiempo que restauró niveles de seguridad individual en las ciudades. De ahí se deriva su popularidad.
Ahora bien, así como Michelle Bachelet no logró traspasarle a Frei sus niveles de aceptación en Chile, tampoco puede ser automático el traspaso de la popularidad de Uribe a Juan Manuel Santos, independientemente de los méritos que este haya acumulado personalmente.
En el caso colombiano, Uribe, ha resultado ser un dirigente “fuerte y combativo” (como Chávez) pero de él no se esperaba que ese tipo de característica fuera tan pronunciada. Santos es una figura muy asociada naturalmente a los hechos que han dado notoriedad al actual presidente colombiano, pero él no es Uribe.
A Mockus, en cambio, se le piensa como una cara no totalmente nueva, pero si al margen de las posiciones que han definido los gobiernos de Uribe. La mayoría de los colombianos ha manifestado en todos los terrenos posibles que la opción FARC o similar no les interesa, pero también aspiran a que haya un gobierno que busque otro tipo de solución a ese problema que no sea la confrontación armada, por la sencilla razón de que esta agotó sus posibilidades en ese camino; bajo Uribe se logró aislar a las FARC y limitar su campo de acción así como reducir considerablemente su espacio político, pero no se le pudo derrotar militarmente.
A la luz de esa realidad, Mockus puede ser una mejor alternativa, que despoje a la política colombiana de su fuerte ingrediente militarista. Y en ese sentido el alto significado de una de sus principales consignas: lograr que la gente no mate. Un poco idealista sin duda, pero si algún éxito logra esa iniciativa, servirá de mucho a los demás países de la región donde la violencia física está tan presente.
jueves, 09 feb 2012
Última actualización:07:08:28 AM GMT









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