jueves, 09 feb 2012

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La Voz de Conneticut

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Honduras y Colombia: los puntos más calientes

Los organismos regionales toman decisiones solamente por consenso, lo que quiere decir que ahí no se respetan los derechos ni siquiera de las mayorías. Hace poco se reunió en Guatemala el Sistema Centroamericano (SICA), uno de esos inventos de dudosa utilidad, pero que ahí están. Allí se aprobó la reintegración de Honduras luego de su expulsión provocada por el golpe militar de junio de 2009. Nicaragua no asistió a esa reunión. Y como no estuvo presente (sus razones tendría) ahora alega que “no se respetó el consenso” al hacer las mencionadas recomendaciones sobre Honduras.

Y como Nicaragua no las reconoce, lo más probable es que habrá que seguir negociando para poder hacer efectiva la reintegración de Honduras al SICA. Lo del reingreso en la OEA prosperará aún menos, puesto que una comisión designada por esa organización para hacer recomendaciones en torno a ese tema, ha sugerido que mientras el ex presidente Zelaya siga siendo víctima de persecución judicial lanzada después que le dieron el golpe y no se aclare el tema de los asesinatos políticos, no procede el reintegro de Honduras al sistema regional.

Independientemente de lo que propongan las comisiones, mientras países como Brasil y Argentina se sigan oponiendo al reintegro de Honduras, habrá que seguir dejando espacio abierto para conversaciones y negociaciones. Nadie sabe, por ejemplo, lo que haría Brasil después de Lula si quien gana las elecciones presidenciales de ese país es la candidata del actual presidente. Más previsible es que si el candidato opositor es quien triunfa, Brasil dirá ¡adiós! A iniciativas de Lula por mantener el cerco a Honduras o la alianza con Turquía en apoyo a Irán en su pleito por tener su propia arma nuclear.

La alternabilidad no significa simple cambio de gobierno; también lo es de políticas. No quiere eso decir que lo de Honduras será automático; allí hay un gobierno electo, pero mientras ese gobierno, que preside Porfirio Lobo, “no aclare sus cuentas” con los hondureños que en su mayoría se opusieron al golpe, y mientras persista la ambigüedad que hace aparecer a los golpistas como teniendo todavía “la sartén por el mango”, ni habrá tregua dentro, ni habrá tregua afuera.

Y a propósito de esos mecanismos regionales que no son operativos si no es por consenso, la UNASUR acaba de confirmarlo durante su reunión en Quito para tratar el tema de la ruptura de relaciones entre Venezuela y Colombia. Lo que pasó allí, donde casi nadie quiso estar presente (ni siquiera su secretario ejecutivo, el ex presidente argentino Nestor Kirchner se molestó en llegar) evidencia una vez más que esos mecanismos solamente funcionan cuando previamente todo el mundo está de acuerdo.

En otras palabras son foros para fotos y para firmar lo que ya se acordó en pasillos. Pero en la actual situación entre Chávez y Uribe, porque por más vueltas que se le de a este asunto, se trata de una cuestión sobre todo personal (Uribe se “quiso tragar” a Lula por decir en voz alta esa verdad) que todo el mundo presiente se comenzará a resolver desde el 7 de agosto, que es el día en que Uribe se va de la presidencia colombiana.

Los primeros en tener clara esa variable son el presidente Chávez y los dirigentes de las FARC. El grupo insurgente, aunque diga que no, “está pasando las de Caín”, no solamente por la acción constante del ejército colombiano y los grupos paramilitares, sino por la efectiva ofensiva diplomática que Colombia mantiene en el mundo entero, lo que naturalmente coloca en dificultades a quienes normalmente les ofrecerían cierta solidaridad a las FARC.

Las FARC hicieron público un reciente video en el que su principal dirigente le plantea negociación abierta a Santos. En realidad, esto no es una novedad; las FARC han propuesto, y sostenido, conversaciones y negociaciones con casi todos los gobiernos colombianos recientes, incluido el de Uribe. Pero en la medida en que la reivindicación esencial del gobierno es que las FARC se desmovilicen y, por su parte, las que hace las FARC (cambian de acuerdo a las circunstancias) no incluyen tal cláusula, un acuerdo final no es posible.

Alfonso Cano, el jefe nominal de las FARC, agrega ahora el tema de las bases militares norteamericanas dentro del paquete a negociar. Se entiende que siendo todo negociable, hasta esas bases, el gobierno de Santos de alguna manera buscará y aceptará algún tipo de diálogo con las FARC, con Chávez y con Correa, el ecuatoriano. Con esos dos gobiernos es que persisten las sospechas y reservas colombianas, aunque miembros de las FARC (y quizás del casi difunto ELN) con toda seguridad los hay también en Perú y Brasil.

Por el momento, es de esperarse que las advertencias que hace Venezuela acerca de un posible ataque militar desde Colombia y la respuesta colombiana de que tal cosa no está prevista, no pasen de ahí. Y en cualquier caso, es dudoso que a venezolanos y colombianos les interese en modo alguno una guerra.


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JUAN DANIEL BRITO

Una colección de textos poéticos y narraciones en la que describe el efecto que tiene en la conciencia del escritor, el ser testigo de un momento en la historia del planeta en que todo parece concluir y cuando las palabras “definitivamente,” e “irreversible,” son rechazadas por las personas a través de múltiples mecanismos de negación; pero siguen presentes cada día a través de los intensos fenómenos sociales, espirituales, y ecológicos que sufre la humanidad.

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