jueves, 17 may 2012

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La Voz de Conneticut

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Obama tiene problemas dentro y los puede tener fuera

Este martes un feudo Demócrata en Nueva York desde hace más de un siglo pasó a manos Republicanas. Según los observadores, el partido Republicano logró explotar a fondo algunas de las debilidades del presidente norteamericano, de manera pues que  los puntos de Obama están a su nivel más bajo desde que asumió la dirección de su país. Esto es sobre todo a nivel interno.

En el plano internacional, sus “numeritos” son más desiguales. Los egipcios, y los tunecinos le aprecian por haber sido más asertivo que los franceses y europeos en general, a la hora en que sus revueltas populares le cambiaban en algo la faz a esa parte del mundo. Los libios deben guardarle mayor admiración y agradecimiento.

Pero tanto Obama como el francés Sarkozy y el inglés Cameron deben saber que ese sentimiento no es muy durable y que a la hora en que al rostro amistoso de Obama y sus aliados de la OTAN comience a ser reemplazado por el de las corporaciones que lleguen “a buscar lo suyo”, la percepción también cambiará.

Además porque cuando los meses pasen y la situación material de los libios no mejore tanto como ellos esperan, culpable será esa misma OTAN a la que hoy saludan con afecto. Esos sentimientos de relativa corta duración, tienen que ser aprovechados a fondo por Obama, antes que las aguas se agiten de nuevo, en torno a la solicitud que en principio se piensa que hará la Liga Árabe, demandando a la ONU el reconocimiento de Palestina como estado y su aceptación como miembro pleno de la organización.

Estados Unidos, que ejerce fuertes presiones sobre los palestinos en este momento para que no se presenten este otoño a la Asamblea General con su aspiración, si esta llega al Consejo de Seguridad (para su aceptación como miembro, el Consejo es el órgano que evalúa y aprueba…o no), la vetarán, independientemente de si Obama piensa que es justa, que seguramente lo piensa.

El simple hecho de que los palestinos traigan el tema, implicará reacciones populares que pueden incluso tomar tintes violentos. Porque, por más vueltas que se dé, a Palestina se le estará diciendo que no, igualito que como se le dice a Taiwán, al tiempo que se proclama  “a los cuatro vientos”, que los palestinos tienen derecho a su propio estado y que, según los organismos especializados, reúne las condiciones para serlo.

Ya se ha explicado que el proceso viene en dos partes y que un rechazo (por veto americano) en el Consejo, para darle un asiento de miembro pleno, no obsta para que Palestina sea reconocida como estado y pase a la condición de “estado observador” (en lugar de su estatuto actual de “organización observadora”. Pero, ¿será el matiz fácilmente perceptible para quienes aspiran al paquete completo? Por supuesto que no y es en una potencial cadena de eventos populares de protesta donde a Obama se le puede agotar el prestigio recién ganado.

Hay otras áreas del mundo donde el presidente Obama goza de simpatía personal, pero de menor aprecio político como en nuestra región. Así se dijo en un reciente panel organizado por Diálogo Interamericano, un centro de estudios de Washington. Según algunos de los ponentes  “se pasó de la esperanza al desencanto” desde que Obama pronunciara su famoso discurso de Trinidad y Tobago, poco después de asumir la presidencia y donde anunció un futuro construido en común.

Al presidente Obama le pasó bastante igual que a Bush, que también aspiraba a un acercamiento con el continente vecino, aún las prioridades ni la actitud fueran la misma. El presidente quizás pensaba que su agenda hacia los puntos más conflictivos se desarrollaría de otra manera y podría, efectivamente, prestar mayor atención a nuestra región. Eso no ocurrió, ni por supuesto ocurrirá en su primer mandato. Nadie sabe ahora si un segundo gobierno de Obama significará un mayor acercamiento hacia sus vecinos del Sur.

Por el momento, sin embargo, el presidente norteamericano está obligado a centrar sus esfuerzos en el área doméstica, por razones tácticas y estratégicas. Las razones tácticas se derivan de su interés en ser reelecto el año próximo. Hay soluciones que los electores no pueden seguir esperando; ni siquiera es válido esgrimir la impresionante lista de logros alcanzados por Obama en sus primeros tres años de gobierno; la economía está mal y eso afecta la vida diaria de la gente. Se impone pues encontrar y aplicar remedios rápidos y de efectos visibles.

El presidente Obama necesita del Congreso para hacer y aplicar propuestas tangibles y de alcance estratégico y en esa línea se inscribe su impresionante último discurso ante el Congreso, al presentar su paquete para combatir el desempleo. Los Republicanos, que hacen todo lo posible por impedirle gobernar a plenitud quedaron algo anonadados por la brillantez de la exposición pero sobre todo por el emplazamiento que les hizo.

Esa es la parte estratégica que le interesa a Obama pues aun si los Republicanos consiguen frenar su programa de propuestas, quedarán con la responsabilidad frente a los electores. Obama no tendrá la puntuación más alta en la opinión pública, pero con todo y eso, es mayor que la alcanza por el Congreso al que muchos norteamericanos ven como responsable principal de la inactividad gubernamental.

 


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