Guatemala se prepara para escoger entre un general acusado de violaciones a los derechos humanos y un empresario al que se vincula con redes criminales. ¿Cómo es posible haber llegado a ese punto? Obviamente que no debe extrañar que tal cosa ocurra en un país donde una pareja presidencial hasta se divorcia para facilitar una candidatura.
Ese tipo de situaciones puede ser expresión de una de dos cosas: la democracia se ha fortalecido tanto que antiguos personeros o representantes de lo peor, se han reciclado y han devenido en opciones aceptables para sus antiguas víctimas. El punto débil de esa interpretación es que muestra una desesperanzadora incapacidad nacional para producir liderazgos nuevos.
La otra interpretación, que puede quedar avalada por una muy baja participación electoral, es que ya los guatemaltecos perdieron la confianza en el estado y en sus instituciones, incluidos en primer lugar los partidos políticos. Ese tipo de pensamiento conduce al “medalomismo”, total, todos son iguales. Ese es el primer paso que facilita que se cuelen los dos que actualmente aspiran a la presidencia de ese país.
Lo otro es que aparezca un “coronel que se case con la gloria”, como Chávez en Venezuela, en sus dos etapas, la golpista y la institucional, y en la práctica socave el presente modelo. Una vez que los partidos sean incapaces de sacar provecho de las ventajas de la democracia política, no es raro que les ocurra lo que pasó en Venezuela.
La misma Venezuela cuyo gobierno es acusado por la oposición, de haber “repartido”, 1,500 millones de dólares entre los socios del conglomerado promovido por el presidente Chávez, el ALBA. La acusación preocupa porque indica la tendencia posible de cualquier gobierno venezolano que surja si Chávez deja de ser presidente. Se comienza por el ALBA pero luego se sigue por cualquiera de los proyectos solidarios regionales impulsados por Chávez, como PetroCaribe.
Quizás no es adecuado que Venezuela se endeude por otro lado para ayudar a terceros a superar situaciones económicas difíciles. Después de todo, no todo el mundo tiene petróleo en la región. Esos programas solidarios venezolanos realmente no tienen mucho parangón (la ayuda de la URSS a Cuba es un ejemplo anterior), especialmente porque hasta donde se sabe, no siempre traen condicionantes. Pero si la ayuda venezolana asciende a unos 2 mil millones de dólares y el endeudamiento de ese país se calcula en unos 125 mil millones de dólares, no está clara la relación causa/efecto como afirma la oposición a Chávez.
La realidad es que, gracias a esas ayudas, varios países de la región,( no solamente los miembros del ALBA) han podido enfrentar carencias o resolver problemas. Lo que resulta ser de gran utilidad, por no decir de importancia mayor, a la hora en que según la FAO, el costo de los alimentos en nuestra región ha sufrido un alza de hasta 40% en los últimos cuatro años. Según esa organización esto ocurre en momentos en que el 9% de la población de nuestra región sufre hambre. En el mundo son 925 millones de personas en esa situación.
El presidente Chávez no ha sido el creador de un precedente de solidaridad regional; Bolívar lo hizo antes aunque en circunstancias diferentes, en una época en que esa solidaridad se expresaba respaldando los movimientos independentistas que dieron en el siglo XIX forma republicana a nuestro continente. Las ayudas ofrecidas a través del ALBA o de PetroCaribe, son expresión de continuidad de la acción de Bolívar y en esa medida no hay usurpación de nombre ni de ideas.
El hecho de que Venezuela practique esa política, honra a ese país a los ojos de millones de latinoamericanos y caribeños, pero también de mucha gente en otras partes del mundo donde hay petróleo, pero no gestos como los que expresa la actual política venezolana de solidaridad. Ya quisieran muchos en el mundo árabe que, en lugar de gastar sumas fabulosas en armamento, por ejemplo, algunos de los países que se dedican a esos gastos, los hicieran mejor llegar a los pobres de la región, que con todo y petróleo son muchísimos.
Siempre se ha dicho que existe el peligro (para quienes se benefician de esa política) de que un cambio de gobierno en Venezuela la puede poner en peligro. Y la oposición a Chávez no hace mucho esfuerzo por desmentir esa impresión de que si conquistan el poder, la abandonarían. Eso no solamente debe preocupar a los países del ALBA, principales beneficiarios, sino a los que igualmente son parte de un proyecto que necesariamente no implica compromisos políticos, como PetroCaribe y sí es efectivamente un mecanismo de ayuda.
En cualquier caso, ya se sabe lo que son las campañas electorales, y así como los Republicanos norteamericanos para escoger su candidato presidencial obligan a los aspirantes a bailar la música más desagradable, aunque estos después “cambien el disco”, es bien probable que en Venezuela, quienes desde la oposición aspiran a ocupar el lugar de Chávez, deben también satisfacer a los grupos más recalcitrantes en su oposición al presidente venezolano, incluyendo su solidaria generosidad, aunque después, para adecuarse a la “realpolitik” no se atrevan a ir tan lejos como sugieren sus eslogan de campaña.








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