El negocio de la Super Bowl mueve mucho menos millones de dólares que lo que pregonan sus organizadores y con la crisis económica todavía bien presente las cifras de este año se reducirán aún más.
Miami vive ya el ambiente que genera uno de los mayores espectáculos deportivos del planeta con un aperitivo deportivo como es el partido de los mejores jugadores de las dos federaciones del fútbol americano (AFC y NFC) , jugado el domingo 31.
Es el partido de las estrellas que por primera se va a jugar en el mismo estadio que a la semana siguiente albergará la gran final de la temporada entre los equipos Saints de Nueva Orleans y los Colts de Indianápolis.
Dos semanas dominadas por la poderosa NFL (National Football League) que maneja la organización de la Super Bowl y que mueve en torno a los 500 millones de dólares.
Una cantidad que la NFL alardea con orgullo para justificar las inversiones que las ciudades que acogen la Super Bowl necesitan gastar para recibir a miles de espectadores, patrocinadores, jugadores y periodistas.
Pero detrás de las grandes cifras de la NFL muchos expertos estiman que no es tanto como dicen los dirigentes del fútbol americano.
Victor Matheson, coautor junto a Robert A. Baade del estudio titulado «Padding required: Assesing the Economic Impact of the Super bowl», asegura que las cifras reales oscilan «entre los 30 y los 90 millones de dólares».

MIAMI, SEDE POR DÉCIMA VEZ.
Las grandes diferencias entre una y otra versión no hacen sino plantear el porqué del interés de la NFL en hablar de cifras tan elevadas en torno al acontecimiento.
En el trasfondo aparecen los temas comerciales y de imagen de la organización que rige los designios del fútbol americano.
Los efectos menos llamativos recaen sobre las ciudades como Miami, que acogerá este año el evento por décima vez en la historia.
Miami aspira a repetir en el año 2014 la final de la Super Bowl, pero la NFL ya ha advertido de que esto no sucederá si el estadio de los Miami Dolphins no se compromete a construir un techo que cubra la instalación.
Con el aval que dan los 500 millones de dólares que supuestamente aporta la Super Bowl, la NFL pretende «presionar» a las autoridades para que emprendan la obra e inviertan los 250 millones de dólares que esta costaría, algo que llega en muy mal momento puesto que la ciudad afronta la construcción de un nuevo estadio para el equipo de béisbol, los Florida Marlins.
Victor Matheson explicó que hay tres problemas a los que se enfrenta la ciudad que ejerce como anfitriona. En primer lugar, el dinero no beneficia directamente a todos los ciudadanos sino sólo a unos pocos.
Matheson dijo a Efe que «los mayores ganadores son los dueños de los hoteles y los bares que ofrecen eventos deportivos en directo» pero que los ingresos que perciben «no se quedan en la ciudad» ya que los sueldos se mantienen constantes independientemente de las ganancias.
Otro de los inconvenientes es el derivado de la desviación de la economía de la ciudad. Matheson piensa que durante el fin de semana del evento el consumo se centra principalmente en todo lo que tenga que ver con el fútbol y se desvía de otros lugares o de otros productos propios de la ciudad donde se instala.
De esta forma entre los principales damnificados se encuentran «los museos o los parques recreativos», que ven descender el número de visitas durante esos días debido a que el público prefiere orientar su dinero hacia todo lo que tenga que ver con la Super Bowl.
«Los deportes de masas reducen el número de personas en otras actividades de entretenimiento fuera del mismo como los centros comerciales o los museos», apunta.
Por último se plantea también el tema del turismo sustitutivo, que se notará mucho en la presente edición Miami. Si bien en otros lugares la ocupación hotelera crece con la llegada del gran circo del fútbol americano, en esta ciudad el crecimiento no será tal ya que el número de visitantes es ya de por sí elevado por esas fechas todos los años.
Es más, Miami recibirá la llegada de un turismo de corta duración que se establecerá durante pocos días, quitando plazas al habitual, que suele apostar por una estancia más larga.
Junto a estos factores el experto económico Matheson opinó que también tiene que ver los dos equipos que disputen la final.
Para Miami, desde el punto de vista económico, la final soñada eran los equipos de los Vikings de Minnesota contra los Jets de Nueva York.
«Los Vikings tienen un mercado más potente que el de los Saints de Nueva Orleans mientras que los Jets llevan cuarenta años sin alcanzar una final», razona.
Curiosamente ambos equipos perdieron frente a los Saints y los Colts para disgusto de los negocios de Miami que preveían mayores ventas con esos dos equipos.
Las incomodidades que genera en la población en general es otro de los elementos a la hora de matizar el alcance del negocio de la Super Bowl, además de los gastos elevados en los que incurre la ciudad para mantener la seguridad.
Los gastos en publicidad van también a menos y, según un estudio de mercado de la empresa TNS Media Intelligence, este año los ingresos por publicidad caerán con respecto a la pasada edición, lo que supone un duro golpe teniendo en cuenta que sólo una vez se dio una situación semejante, entre 2006 y 2007.
De esta forma los anuncios de 30 segundos, que antes alcanzaban los 3 millones de dólares, pasarán a costar entre 2,5 y 2,8 millones.
La crisis -el año pasado afectó al país cuando los anuncios ya estaban vendidos- y el abandono de empresas clave en la final ha provocado esta situación.
Es el caso de Pepsi, que tras 23 años de apoyo ininterrumpido, ha decidido dejar de anunciar sus bebidas en el mercado que le ofrece la Super Bowl para encaminar sus esfuerzos hacia el marketing en internet.
Si bien estará presente a través de Frito-Lay, una unidad de la compañía matriz, su inversión no arrojará cifras como las del año pasado cuando invirtió 33 millones de dólares en anuncios de sus diferentes productos.






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