El Yo y los mecanismos de defensa (Parte 1)

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Vivimos en tiempos en que el afán, la ansiedad y el stress están acabando con nosotros. Dios en Su sabiduría nos ha dotado de formas de “escape” de los efectos añinos de la tensión nerviosa. A esa cobertura de protección le hemos puesto el nombre de Mecanismos de Defensa. Los mecanismos de defensa son aquellos mecanismos, principalmente inconscientes, que los individuos emplean para defenderse de emociones o pensamientos que producirían ansiedad, sentimientos depresivos o una herida en la autoestima si llegasen a la consciencia.

Se les suele clasificar como primarios o secundarios en función del momento de su aparición en el desarrollo del ser humano. Cuanto más primaria es una defensa, más pertenece a las primeras épocas de la vida y más tiende a negar la realidad. Cuanto más secundaria es una defensa, más pertenece a épocas tardías del desarrollo y más suele preservar el criterio de realidad. 

Los mecanismos de defensa son una parte íntegra del funcionamiento psíquico de todo individuo y sólo se les considera patológicos cuando se abusa de ellos o cuando son demasiado rígidos.

Retraimiento

El retraimiento consiste en el relegamiento sobre uno mismo y un alejamiento de la realidad para refugiarse dentro del mundo de las fantasías o del sueño. Un ejemplo fácilmente observable es el de un bebé angustiado o sobre estimulado que se protege durmiéndose. Esta defensa le permite al individuo escaparse de la realidad dolorosa sin distorsionarla y, a diferencia de otros mecanismos de defensa primarios, no suele generar malentendidos en la interpretación de la realidad. Sin embargo, su uso excesivo limita considerablemente la posibilidad de hacerse cargo de la realidad.

Negación

La negación consiste en el rechazo de aceptar que algo ocurre y se basa en la convicción prelógica de “Si yo no lo reconozco, eso no sucede”. Sus raíces están en los primeros estados ego-céntricos del desarrollo donde todo lo que es, y no es, está en función de uno mismo. Esta defensa puede ser adaptativa en situaciones de crisis o emergencia, donde el pleno reconocimiento de lo que sucede sería paralizante en ese momento.

Control Omnipotente

El control omnipotente consiste en la fantasía de que la fuente de todo lo que sucede es los deseos de uno mismo; se basa en el no reconocimiento de la existencia separada de los demás con una voluntad diferente de la propia. En sus manifestaciones más benignas puede aparecer como la convicción de si uno quiere algo, lo que sea, lo puede conseguir con tal de ponerse a ello; cosa evidentemente irreal, pero motivadora. Hacer uso de esta defensa demasiado frecuentemente impedirá que el individuo pueda establecer relaciones de causalidad realistas que le orientarían para alcanzar sus objetivos.

Idealización y Desvalorización

La idealización consiste en la necesidad de otorgar un valor o poder especial a una persona de la que se depende emocionalmente y así poder asociarse con alguien omnisciente y omnipotente que resolverá las dificultades de manera definitiva. La desvalorización es la cara opuesta de la misma moneda y expresa la frustración sentida cuando la realidad desmiente la idealización. Todo amor tiene una semilla de idealización.

Proyección, Introyección e Identificación Proyectiva

La proyección es el proceso por medio del cual lo que está dentro se malinterpreta como procedente de fuera y, en sus formas más acusadas, tiende a producir distorsiones serias en la percepción que el individuo tiene de los demás. En sus formas más maduras es la base de la empatía.

La introyección es el proceso por medio del cual lo que está fuera se malinterpreta como procedente de dentro. En sus formas más problemáticas puede resultar en la identificación con el agresor, mecanismo por el cual el individuo intentará sobreponerse a su dolor siendo como su agresor. En sus formas más benignas es la base de toda identificación con figuras importantes en la vida del individuo.

La identificación proyectiva consiste no sólo en la proyección de aspectos negativos de uno mismo (con la distorsión concomitante) sino también en la presión ejercida sobre el otro para que se comporte de manera congruente a aquello que se proyecta. Por ejemplo, se proyecta un aspecto crítico de uno mismo y luego uno se comporta de tal manera que se provocará la crítica en el otro.

Escisión

La escisión consiste en la tendencia de separar el mundo y las personas en buenos y malos; es una manera eficaz de resolver la complejidad de situaciones confusas y amenazantes, pero siempre implica una distorsión de la realidad. Un individuo que escinde no se sorprenderá que considera malísima la persona que consideraba buenísima la semana pasada y tendrá dificultades de tener sentimientos ambivalentes hacia la misma persona.

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